Joan Hernández Pijoan confiesa que «no soy un pintor intelectual»


El artista celebra sus 70 años con dos exposiciones simultáneas

MARIE-CLAIRE UBERQUOI

BARCELONA.- Joan Hernández Pijuan, que acaba de cumplir 70 años, confiesa que «sigo pasándolo muy bien pintando». Con motivo de su aniversario, presenta sus obras más recientes en dos exposiones simultáneas: las pinturas, en la galería Joan Prats; y los dibujos, en Artgràfic.

En estos últimos trabajos, Hernández Pijuan se mantiene fiel a su lenguaje casi abstracto. Son obras realizadas durante el año 2001, con tonos ocre, blanco, negro y amarillo, que el autor suele considerar «paisajes». «No se puede hablar de paisaje en el sentido literal, sino de un cierto sentimiento del paisaje», matiza.

Desde los orígenes de su carrera, el paisaje ha desempeñado un papel fundamental en el nacimiento de su inspiración artística.«Empecé a pintar porque quedé absolutamente fascinado por un pintor de mi barrio que hacía paisajes. Y aunque mi primer cuadro era un bodegón, en mis inicios, me dediqué a hacer paisajes, pintados de manera muy torpe», recuerda.

Factura abstracta

Poco a poco su pintura fue evolucionando hacia una factura abstracta, más o menos radical según las épocas, pero en el horizonte siempre asomaba el tema del paisaje. « Desde niño me ha interesado el paisaje trabajado por el hombre que contemplé en la infancia cuando vivía en casa de mis abuelos en la Segarra y que sigo observando ahora desde mi estudio en La Noguera», explica.

En sus cuadros actuales las referencias a la realidad son mínimas, como en sus obras anteriores. El artista suele acumular diferentes pinceladas que configuran una suerte de texturas, en las que aparecen de en vez en cuando unos surcos ondulados o la silueta muy esquemática de un ciprés.

«En lo que pinto no hay nada premeditado. Me gusta mucho el aspecto artesano de la pintura. Trabajo con intuición y en este sentido yo no soy un pintor intelectual, a pesar de lo que dicen muchos críticos», señala.

Joan Hernández Pijuan, que durante muchos años compartió la docencia en la Facultad de Bellas Artes de Barcelona con la práctica de la pintura, reconoce que ha aprendido más enseñando que cuando estudió en la Llotja. «Trabajar con la gente joven no sólo te ayuda a no envejecer demasiado deprisa, sino que, sobre todo, te obliga a tener un gran rigor».

Desde el pasado septiembre el artista barcelonés se ha jubilado de la universidad para dedicarse en exclusiva a su creación.Tiene muchos proyectos a la vista, entre ellos, una retrospectiva de su obra en el Museu d'Art Contemporani de Barcelona, prevista para 2002, que viajará después a varias ciudades europeas. «La verdad es que no puedo parar. Para mí la pintura es casi una enfermedad; es una necesidad que me persigue siempre, aunque que a veces puedo tener la sensación de quedarme vacío», comenta.

Algo que le pasó recientemente, cuando se enteró de los atentados contra Estados Unidos. «Volvía del campo cuando vi en la televisión aquellas imágenes tan terribles, y me quedé muy tocado. Estuve yendo al estudio durante varios días sin poder hacer nada».

Sin embargo como era de esperar «la enfermedad» de la pintura volvió a aparecer para proseguir su evolución. «No puedo decir que los acontecimientos de la realidad, estos o otros, tengan una influencia directa en mi pintura», matiza. «Me pueden afectar personalmente, pero para mí la pintura no es una necesidad de comunicar algo a los otros sino una necesidad de aprender de mí mismo». Un objetivo que, según cuenta el artista, le mantiene continuamente en vilo, porque cada vez que entra en el estudio está en una especie de crisis. «Es siempre un momento de duda», concluye.

Sobrevivir a la «muerte de la pintura»

A lo largo de casi 50 años de carrera, Joan Hernández Pijuan dice que «ha sobrevivido al menos cuatro o cinco veces a la supuesta muerte de la pintura».

En las últimas décadas, la sucesión de nuevas tendencias hicieron tambalear más de una vez la vigencia de esta práctica. «En la década de los años 60 llegó el minimal art, y luego el conceptual, y entonces ya parecía que la pintura era cosa del pasado», recuerda el artista.

Pero, en los años 80, se volvió a experimentar un resurgir de la obra pictórica, mientras que al llegar a los 90, de nuevo, el hecho de pintar cuadros se puso en entredicho, frente al auge del vídeo y las instalaciones multimedia. «Creo que la pintura es un lenguaje que se mantiene vivo, y seguirá coexistiendo con otras prácticas que no son excluyentes, sino que enriquecen las posibilidades de expresarse», asegura Hernández Pijoan.

Fuente: www.elmundo.es

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Entrevista a JOAN MIRO


Por Manuel Quinto y Jean Michel Fossey

Su pintura, por el hecho de retornar a las fuentes, ¿puede decirse que cierra toda una etapa de la Historia del Arte?

Mi pintura intenta ser un encuentro con la pureza. Se dirá lo que se quiera de mi obra, pero mi obra es un acto de pureza. Creo que a partir de aquí las formas artísticas tiene que replantearse de nuevo. Pretendo crear un estado de crisis constante.

En un momento de su vida usted hablo de asesinar la pintura2. ¿Su escultura, su cerámica, su obra grafica, el cultivo de todas las posibilidades técnicas, son parte de una voluntad de levar a las artes plásticas hasta sus ultimas consecuencia, de enfrentarlos con la idea platónica de las cosas, del mismo modo que el cubismo las enfrento con la geometría?

La búsqueda de la pureza entraña llegar al mundo de los conceptos y huir de las apariencias. Mi dialogo con las cosas se remonta a partir del choque que con ellas se me produce, y este choque el que precisamente quiero transmitir a quien contempla una de mis obras.

Se ha hablado mucho acerca de los símbolos que se incluyen en su pintura.¿Se trata de una simbología inconciente?

Yo no medito cuando estoy pintando. Si lo hiciera, sería otra cosa, un pensador, un filósofo y no un pintor. Me limito a dejar salir en completa libertad todo lo que mi vida, la vida que de mi alrededor he querido o he podido asumir y el peso de los siglos de civilización e historia han ido acumulando dentro de mí. Hay un magnetismo en las cosas que me atraen. Me siento llamados por ellas. Noto sus gritos muchas veces. Los símbolos que dicen los estudiosos que se hallan en mi pintura son hallazgos suyos. Pueden que estén, al fin y al cabo, pero mi pintura sería artificiosa si estos signos fueran el resultado de una elaboración premeditada y llegaran a constituirse en un código.

Según su opinión, ¿la interpretación es superior al signo?

Esto es relativo. Para el creador lo importante es el acto de fuerza de la creación; para el estudioso puede ser un signo que se conecta con un sentido cultural determinado; para el espectador, la interpretación puede nos ser necesaria. De hecho creo que lo más autentico frente a una obra que pretende ser pura es la pureza del entusiasmo o del rechazo.

El color es un impacto tan fuerte en su pintura que anula toda posibilidad de reflexión, cosa en la que usted no cree después del surrealismo….

El espíritu analítico es una auténtica fiebre. Mi obra se ha analizado, claro, porque puede contemplarse desde muy distintos supuestos y todo el mundo puede adoptar ante ella la actitud que elija, incluso la fría analística. Pero yo pretendo que sea un choque físico.
HOMBRE de Mundo, año 3, No6, 1978.

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ENTREVISTA A GÜNTER GRASS: “Los que quieran juzgarme, que lo hagan”


El escritor alemán, autoproclamado voz moral de Alemania y ganador del Premio Nobel, confesó a medidados de agosto –al mismo tiempo que su autobiografía Pelando la cebolla llegaba a las librerías– que en su juventud había formado parte de las Waffen-SS. ¿Por qué esperó más de sesenta años para revelar que había servido en las tropas de elite nazis entre 1944 y 1945? Desde entonces muchos se preguntan si sus confesiones no son parte de una maniobra publicitaria. Entrevista exclusiva.

Nos encontramos en un hotel de Dinamarca, el país donde Günter Grass escribió el primer borrador de su autobiografía. El autor ha recibido, desde mediados de agosto, una serie de críticas furibundas por haber revelado por primera vez, en su último libro (Pelando la cebolla), su participación en la división Frundsberg de las Waffen-SS –cuerpo de elite nazi responsable de los crímenes más atroces– a fines de la Segunda Guerra Mundial.

ULRICH WICKERT: ¿Por qué ahora y no antes?
GÜNTER GRASS: Lo había reprimido. En realidad, no puedo explicarle cuáles fueron las razones exactas. Nunca dejó de preocuparme, y creí que lo que estaba haciendo como escritor y ciudadano de este país –actividades que significaban precisamente lo contrario de aquellas ideas que me formaron en mis años de juventud, durante el período nazi– era suficiente. Y no me sentía culpable. Me asignaron a las Waffen-SS pero nunca me involucré en ningún crimen. Además, siempre sentí la necesidad de escribir algún día sobre mis experiencias en un contexto más amplio. Esto ha sido posible sólo en los últimos tiempos, después de superar mi aversión interior a escribir una autobiografía.

W: La presidenta del Consejo Central Judío, Charlotte Knobloch, ha declarado que su confesión invalida todos sus discursos anteriores. Y, por supuesto, también está el asunto del discurso que usted dio en Bitburg, en el que criticó con severidad al entonces canciller Helmut Kohl y al presidente de los Estados Unidos de la época, Ronald Reagan, por haber visitado el cementerio donde también están enterrados miembros de las Waffen-SS.
G: Lo que me indignó de la visita fue la idea de aprovecharse de lo muertos. Parecía propaganda, y eso fue lo que provocó mi crítica. La señora Knobloch tiene todo el derecho de hacer los comentarios que desee. Pero también tengo derecho a explicar las circunstancias que me llevaron a hacer lo que hice. A propósito, espero que la señora Knobloch llegue a leer mi libro, porque, aun cuando esto desempeñó un papel importante durante el período que describo –mis años de juventud–, abordo temas mucho más graves en un contexto totalmente distinto. Uno es el hecho de que, en mi ceguera como miembro de la Jungvolk (Juventud Alemana) y de la Juventud Hitleriana, no les hice las preguntas a los que me rodeaban, a mi familia, por ejemplo… Tenía un tío que era funcionario de la Oficina de Correos polaca en Gdansk. Fue uno de los defensores del servicio postal polaco y fue fusilado por los alemanes bajo las disposiciones de la ley marcial. De pronto dejó de ser miembro de la familia y se nos prohibió jugar con sus hijos. Y yo no hice preguntas. Estos son los temas que de veras me interesaron, mucho más que las cosas en las que me vi inmerso –involuntariamente, por otra parte–. El problema real que esto plantea, y esto es lo que traté de hacer en mi libro, es la idea de recuperar los recuerdos de ese niño cuyo comportamiento se ha vuelto ajeno a mí en muchos sentidos…

W: En el “Discurso del Acostumbramiento” que pronunció en Israel en 1967, usted afirma que nunca ocultó el hecho de que fue miembro de la Juventud Hitleriana cuando tenía catorce años, que se enroló a los dieciséis y que a los diecisiete ya era prisionero de guerra. ¿No podría haber mencionado en ese entonces que fue soldado de las Waffen-SS?
G: Sí. Pero es fácil decirlo ahora. Hablo de ello en mi libro, incluso de mi silencio al respecto. El libro está en circulación, de modo que mis lectores pueden formarse sus propias opiniones. Sólo puedo recomendarles a mis lectores que se remitan a mi libro.

W: Usted afirma que nada podría aliviar la carga de sus recuerdos. Tal vez habría podido aliviarla si los hubiera confesado antes.
G: Sí, y eso es lo que he hecho al escribir este libro. Algunos dirán que es demasiado tarde. No he podido hacerlo hasta ahora. Los que quieran juzgarme que me juzguen. Pero lo que estoy experimentando en estos momentos me convierte, al parecer, en una persona inexistente y pone en tela de juicio todo lo vivido a posteriori, todo lo que ha hecho de mi vida subsiguiente lo que es, una vida también caracterizada por el sentimiento de vergüenza y por un esfuerzo continuo que persiste hasta hoy.

W: Cuando el filósofo Karl Jaspers analizó el tema de la culpa en 1946, llegó a la conclusión de que no existía la culpa colectiva alemana, sino más bien la individual de los responsables. ¿Usted se siente culpable?
G: Si estamos hablando de crímenes comprobables, no ocurrió nada de esa naturaleza. Pero prefiero no considerar esto como un logro. Si hubiera tenido dos o tres años más y me hubiera visto involucrado en crímenes como el fusilamiento de prisioneros, nadie habría podido garantizar nada. En todo caso, no habría podido hacerlo…

W: Usted defendió hace años a la novelista Christa Wolf cuando la acusaron de haber colaborado con la STASI (la policía secreta de Alemania Oriental). Usted defendió al escritor Walter Jens por su participación activa en el partido nazi en el pasado. ¿Pensaba en su propia juventud?
G: Tengo un problema con ese tipo de generalizaciones. Todos nacemos en una época determinada. No me gustaría ver a nadie enfrentado a las circunstancias que predominaban en esos tiempos, cuando había pocas o ninguna alternativa.

W: Usted tuvo una experiencia terrible en 1967, durante la lectura de “Anestesia local”. Un hombre subió al escenario, dijo que quería ser provocador, saludó a sus compañeros de las SS, se tragó una cápsula de cianuro y murió. ¿Qué pensó en ese momento? G: Fue un incidente espantoso. Cuando visité a la familia Scheub unas semanas después y hablé con su viuda y sus hijos, supe más cosas sobre este hombre. Por un lado, todavía estaba atrapado en las ideas nazis que lo formaron. Pero al mismo tiempo, se consideraba un pacifista como resultado de sus experiencias durante la guerra, y ayudó a sus dos hijos mayores, que querían ser objetores de conciencia, a redactar sus declaraciones. Un hombre extraño. Una de las hijas de Scheub acaba de publicar un libro en el que cita los pasajes que escribí sobre el incidente en Diario de un caracol, porque el episodio me afectó profundamente.

W: ¿No habría sido un alivio para usted escribir sobre sus propias experiencias?
G: Es difícil saberlo en retrospectiva. No lo hice, y tendré que aceptarlo… y sin duda voy a seguir escuchando esas acusaciones durante mucho tiempo más. Lo único que puedo decir es que forma parte de este libro. Pasé tres años puliéndolo y he escrito todo lo que tengo que decir sobre el tema.

W: Las palabras “culpa”, “carga” y “miedo” aparecen repetidas veces en su libro, y usted se cuestiona a sí mismo cuando escribe, por ejemplo: “Apenas evoco al niño de trece años que fui entonces, lo reprendo y me siento tentado a juzgarlo, se me escapa. No quiere ser criticado o juzgado. Corre a refugiarse en el regazo de su madre y dice: ‘Yo sólo era un niño, sólo un niño’”. ¿Revela esto la razón de ser de Oskar (en la novela El tambor de hojalata), que dice: “No soy responsable de las cosas que hice cuando era niño”?
G: Sin duda, es parte de ello, pero también es cierto que debo moderarme y ponerme algunos límites. Me veo a mí mismo juzgando al niño de trece años que fui, que por supuesto insiste con toda razón en que sólo es un niño. Y en cuanto a mi ingreso en las Waffen-SS, bueno, me reclutaron y no fui exactamente un voluntario, lo que era igual de estúpido. Quería estar en los submarinos y terminé en las Waffen-SS.

W: ¿Por qué se ofreció como voluntario? ¿Quería ser un héroe?
G: Es posible, pero también tuvo que ver con la falta de espacio en el departamento de mis padres. Lo mismo les pasó a muchos que se criaron en viviendas parecidas en ese tiempo, y así, ir al frente y convertirse en soldado era una suerte de liberación.

Günter Grass confesó que en su juventud perteneció a las SS Nazis, en el momento que salió su biograf�a. Se lo acusó también de oportunista.

Fuente: luchadores.wordpress.com

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Entrevista a H. G. Gadamer en torno a Heidegger


por Franco Volpi1- Universidad de Padua, Italia

El filosofo Hans Georg Gadamer, quizá el último de los discípulos formados con Heidegger, recuerda las clases de su maestro, Martin Heidegger, y examina su decisión de apoyar al nazismo. Gadamer evoca las influencias que marcaron a Heidegger y su novelesca pasión con la joven filósofa judía Hannah Arendt.

El 26 de mayo se cumplen veinticinco años de la muerte de Martin Heidegger, el controvertido filósofo del siglo XX. Nadie mejor para evocarlo que Hans Georg Gadamer, uno de los más grandes filósofos vivos. En una nota del 22 de enero del 39, recogida en sus obras completas, Heidegger escribe que Gadamer es, junto con Walter Bröcker, "el único que domina en verdad la filosofía antigua, que constituye el alfa y el omega de la educación filosófica".

- ¿Cómo conoció a Heidegger?

- En la universidad de Friburgo. Algunos de mis amigos iban a escucharlo y volvían fascinados por la magia de sus claves. Contaban que era una manera completamente nueva de hacer hablar a los textos tradicionales. Así, en el verano de 1923 también yo fui a Friburgo y quedé muy impresionado. Oírlo interpretar a los griegos, a Platón, a Aristóteles, y luego a Pablo, a Agustín, al joven Lutero; verlo trabajar en sus primeras tentativas de hallar un vocabulario filosófico nuevo para expresar el sentido de la existencia humana, fue una experiencia indescriptible. Reinaba la sensación de que estaba naciendo un nuevo astro en la filosofía alemana.

- ¿Tuvo algún contacto con él?

- Al principio, cuando asistí por primera vez a sus seminarios, mantuve con él una relación académica, de alumno y maestro. Cuando vino a Marburgo, en cambio, mantuvimos una relación mucho más intensa, confidencial, casi familiar. Entre otras cosas, fue el padrino de bautismo de mi hija.

- Si examinamos la lista de participantes de los seminarios de Friburgo, se ven nombres que dejaron una fuerte impronta en la filosofía contemporánea alemana.

- Es verdad. En Friburgo estuvieron Marcuse, Horkheimer, Joachim Ritter, Hans Jonas. En una ocasión también estuvo Leo Strauss, pero sólo de paso, cuando Heidegger comentó el primer libro de la Metafísica de Aristóteles. También para él, que estudiaba en la mítica Heidelberg de Max Weber, fue una experiencia inolvidable. Tan es así, que me lo recordó cuando volvimos a vernos en París en el año 1933. En comparación con Heidegger, Weber le parecía un "pobre huerfanito". Heidegger, en resumen, era sencillamente formidable. Nunca vi un talento filosófico igual.

- Sin embargo, Weber tuvo gran influencia en Heidegger.

- Heidegger había seguído su pensamiento con atención y lo respetaba mucho, aunque veía en él al hombre público. En ese sentido, desde su punto de visto filosófico, lo criticaba. Sin embargo, lo consideraba más interesante que Heinrich Rickert, del cual, por otra parte, Weber tomaba buena parte de sus categorías filosóficas.

- En aquellos años el verdadero descubrimiento de Heidegger fue Nietzsche.

- Nietzsche estaba presente en la cultura alemana desde principios de siglo, a través de las vanguardias artísticas y literarias. También el joven Heidegger respiró esa atmósfera pero más tarde, hacia la mitad de los años treinta, empezó a enfrentarse seriamente con los textos nietzscheanos. Ya existía el libro sobre Nietzsche de Jaspers, de quien Heidegger era amigo, y también el Alfred Baeumler, otro amigo de Heidegger. A todos les resultaba evidente la importancia que tenía Nietzsche en el pensamiento alemán, y también Heidegger quiso dominarlo. La verdad es que no sé si lo logró. Su hijo Hermann me contó que Nietzsche lo hacía entrar en crisis y que en su casa siempre decía: "¡Nietzsche me destruyó!"

- No sabía que Heidegger fuera amigo de Baeumler.

- Hasta cierto punto. Baeumler, por otra parte, no era ningún tonto. Escribió un libro nada malo sobre la Crítica de la razón pura , de Kant. Después, sin embargo, Heidegger criticó su interpretación de Nietzsche. Baeumler, que junto con Ernst Krieck y Alfred Rosenberg, se había convertido en uno de los inspiradores de la política cultural del partido nacional socialista, reaccionó con hostilidad. También se convirtió en acérrimo enemigo mío y trató por todos los medios de obstaculizar mi carrera.

- Háblamos de Nietzsche...

- En aquellos años, en el mundo alemán era prácticamente obligatorio abordarlo. No había filósofo, literato o artista que no hubiera pasado en algún momento de su vida por una etapa nietzscheana. Yo soy uno de los pocos que escaparon a esa fascinación por Nietzsche.

- Ernst Jünger era uno de los grandes intérpretes de Nietzsche. ¿Lo conoció?

- Conocí tanto a Ernst como a Friedrich Georg, su hermano. Eran personas completamente distintas. Ernst era más genial, pero tenía un carácter más difícil. Friedrich Georg, el poeta, en cambio, era un romántico. Nos frecuentamos durante un tiempo. Aprecio sobre todo lo que escribió en el libro La perfección de la técnica . También conocí personalmente a Ernst. Me daba la impresión de un típico hombre de formación militar. Tenía una postura rígida y una voz casi metálica, átona.

- ¿Cuáles fueron, en su opinión, los motivos por los que Heidegger ingresó al partido nacional socialista en 1933 y se hizo designar rector de Friburgo?

- Cuando llegó a Marburgo la noticia de que Heidegger había tomado partido en favor del nazismo, no podíamos creerlo. ¿Heidegger, nazi? "¡Imposible!", fue nuestra primera reacción. Era absurdo, un sinsentido. Su esperanza de impulsar una renovación de la universidad por medio del movimiento nacional socialista fue de una ingenuidad increíble, sobre todo en el caso de alguien como él, que no tenía idea sobre el funcionamiento de un aparato burocrático. Recuerdo que, tras asumir el cargo, en pocas semanas toda la administración universitaria quedó paralizada. Escrupuloso como era, pretendía ver y controlar personalmente todo aquello que firmaba. Y nunca firmaba algo sin leerlo antes.

- Karl Löwith, que fue discípulo de Heidegger, escribe cosas terribles sobre su conducta después de 1933.

- En realidad, Heidegger hizo todo lo que pudo por ayudar a Löwith, pero no era un valiente y, de todos modos, no habría obtenido nada de los nazis. El destino de Löwith estaba sellado desde el principio. Lo que terminó con la amistad fue que, en esas circunstancias, cuando Heidegger viaja a Roma en 1936 y, al día siguiente de su conferencia, va a buscar a Löwith, no tuvo la delicadeza de quitarse el distintivo del partido. Para Löwith fue una provocación, y eso precipitó la ruptura.

- Se dijo que Heidegger fue antisemita.

- No cabe duda de que Heidegger era temeroso, pero decir que fue antisemita es una necedad. Cuando se hablaba del tema, Paul Friedländer, un colaborador de origen judío que había trabajado con él en Marburgo, decía que para Heidegger el único criterio de selección era la inteligencia, no los orígenes judíos o arios. Por lo demás, sus numerosos discípulos judíos —Löwith, Jonas, Hannah Arendt, Günther Anders, Marcuse—, así como el hecho de que a principios de la década del 30 incluso su asistente, Werner Brock, era judío, constituyen la mejor refutación.

- Sin embargo, la poesía que escribió Celan tras su visita a la cabaña de Todtnauberg, donde vivía el filósofo, alude a que su posición a ese respecto era elusiva.

- No, no creo que la poesía de Celan quiera decir eso. Me parece que interpretar su relación en esos términos es reduccionista, como si no hubieran tenido otro tema de discusión que el nacional socialismo y el holocausto. Seguramente hablaron de otras cosas. Heidegger admiraba mucho la poesía de Celan. La consideraba arte con mayúsculas, la forma del pensamiento poético que él impulsaba. A Celan, por su parte, le interesaban los temas filosóficos que abordaba Heidegger. Ambos compartían un mismo sentimiento respecto de la importancia de la poesía en una época de crisis.

- ¿También rechaza las acusaciones de antisemitismo?

- Sí, y la prueba más convincente es su extraordinaria historia de amor con Hannah Arendt.

- ¿La relación entre ambos había trascendido?

- No, en absoluto. Para nosotros fue una sorpresa, pero eso arroja una luz más humana sobre su personalidad. También la figura de la mujer de Heidegger se revalorizó. Se la suele considerar una nazi fanática pero las cosas no son así. El hecho de que Heidegger decidiera quedarse a su lado significa que, a pesar de todo, Elfride era la mujer indicada para él, y que su organización doméstica le permitía a él ser lo que era. Heidegger tenía una gran fantasía pero al mismo tiempo poseía una disciplina de hierro en lo que respecta al trabajo. Si bien estuvo expuesto a muchas tentaciones, sobre todo en lo que hace al sexo opuesto, consiguió elaborar una obra filosófica de extraordinaria envergadura.

- ¿A qué se refiere cuando alude a las relaciones de Heidegger con el sexo opuesto?

- A que Hannah Arendt fue sólo el comienzo. Es evidente que ella lo hizo feliz, y esa historia es única e irrepetible para Heidegger. Sin embargo, su personalidad carismática tenía para las mujeres una fascinación especial. Después de la historia con Arendt, es probable que haya dejado de reprimirse. Circulan muchas historias al respecto, algunas fundadas.

- ¿Cómo vivió Heidegger la posguerra?

- Había perdido todo. En todo sentido, tanto en lo material como en lo espiritual. Se hundía en una profunda crisis. El drama fue que, en realidad, hacía tiempo que se había distanciado de su entusiasmo inicial por el nazismo que, por otra parte, criticaba en sus clases. Sin embargo, como era una persona muy temerosa, no tuvo la valentía de manifestar abiertamente sus disensos. Una vez terminada la guerra, se lo quería hacer pasar por nazi a pesar de que no lo era.

- ¿Su mujer influyó o no tuvo influencia en su adhesión inicial al nazismo?

- No, es un mito muy extendido pero sin fundamento. Su mujer no era nazi sino simpatizante del partido güelfo, que tenía representación en el parlamento prusiano y cuyo programa político se caracterizaba por su oposición al cesarismo.

- Pero se dice que era una mujer muy rígida, que fue ella quien evitó que su marido asistiera al entierro de Husserl.

- Ese es otro episodio que revela la debilidad de Heidegger. Fue una falta de valentía imperdonable. Estábamos en 1938 y probablemente Heidegger temió que su asistencia pudiera comprometer su posición ante el nazismo. Es verdad que él ya no tenía chance de participar activamente en las decisiones sobre la política cultural del nacional socialismo, como tal vez esperaba cuando aceptó el cargo de rector.

- Usted muestra el costado humano de Heidegger pero, ¿hubo una toma de distancia en el terreno filosófico?

- Percibí con claridad lo peligrosa que era su elección. Mi reacción fue evitar todo contacto con él. No lo vi durante cinco años, pero no por razones morales o porque quisiera manifestarle así mi desacuerdo, sino porque no quería quedar involucrado. Tal vez su único verdadero acto de valentía fue renunciar al rectorado. Fue una verdadera provocación a la jerarquía nacional socialista. La opinión pública no comprendió el significado de ese gesto. Para él fue el principio de las dificultades. En sus clases, quienes lo escuchaban advertían que había una clara toma de distancia respecto del nacional socialismo.


Entrevista realizada por Franco Volpi


1 Profesor de Historia de la Filosofía en la Universidad de Padua, Profesor Visitante en la Universidad Laval de Québec, Poiters y Nissa, además de brindar conferenciuas y seminarios en otras universidades europeas y de América Latina. Es miembro de la consultoría científica de las Revistas Philosophischer Literaturanzeiger, Brentano Studien, Husserl Studien, Les Etudes Philosophiques, Internationale Zeitschrift für Philosophie, Iride, Filosofia politica, Informazione filosofica, como asimismo de la consultoría filosófica de la editorial Adelphi sobre el pensamiento italiano contemporáneo. En 1989 recibió el Premio Montecchio por traducción literaria. Colabora en el diario La Repubblica. Ha publicado entre otras obras: Heidegger e Brentano: L'aristotelismo e il problema dell'univocità' dell'essere nella formazione filosofica del giovane Martin Heidegger; La rinascita della filosofia pratica in Germania; Heidegger e Aristotele; La memoria e l'intelligenza; Sulla fortuna del concetto di Decadence nella cultura tedesca: Nietzsche e le sue fonti francesi; Il nichilismo. Ha traducido y dirigido obras de Gadamer, Heidegger, Schopenauer, Carl Schmitt y Rosa Luxemburg.

Fuente: www.observacionesfilosoficas.net

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Entrevista a Clarice Lispector


Clarice Lispector: La mujer a la que no le gustaba hablar
María Esther Gillio

En diciembre de 1977 moría en Río de Janeiro esta mujer que prácticamente introdujo la introspección en la literatura brasilera, una ucraniana criada en Recife que dejó una marca profunda y horizontal en el imaginario de la capital cultural de Brasil. Como homenaje, y a 25 años de su muerte, uno de sus últimos, lacónicos e irritantes reportajes.

Las escolas de samba de Salgueiro y Portela, con toda la voz que tienen, más la que les suman los amplificadores, rivalizan desde dos disquerías separadas por veinte metros de asfalto cubiertos totalmente de Volkswagens.

Un heladero grita “Kibon” batucando sobre la madera del carrito. “Kibon que é, foi e será bon, y los termómetros marcan 36 pero, ¿a quién le importa? Es domingo y el mar está allí nomás, verde y fresco. Bandadas de muchachas sin zapatos y casi ninguna otra cosa saltan entre los autos, en camino hacia el agua. Mientras espera la luz verde, una pareja se besa como si estuviera en el preludio de lo que las leyes púdicamente llaman la conjunción carnal. Con el verde que se enciende se apaga el beso. Toda la pasión se concentra en el acelerador y el auto arranca chillando.

El aire está lleno de gritos de niños, romper de olas, ruido de motores, voces de pájaros, bocinas y ritmos de zambas. Con el carnaval que viene llegando las músicas recién nacidas invaden las calles de Río. “Vou morar no infinito, vou virar constelaçao”, repite una y otra vez entre dientes el taximetrero que me lleva. “Está realmente con ganas de volverse constelación”, le digo. Me mira riendo con su cara canela y brillante. “Me gustaría, allá nadie trabaja”, dice y se vuelve tamborileando con los dedos sobre el volante. “¿Usted busca el 300? Es aquí.”

Un edificio de color ceniciento, impersonal y antiguo. No era la casa colonial, rodeada de palmeras y cubierta de enredaderas que había –no sé por qué– imaginado. Atravesé corredores silenciosos y brillantes de cera, iluminados por una luz artificial, amarillenta y escasa. De la vitalidad agresiva de afuera no llegaba hasta allí más que una masa indiscernible de sonidos apagados.

Clarice misma me abrió la puerta y me hizo pasar. La melancolía de los corredores se prolongaba adentro a pesar de la ventana grande, pero cerrada sobre la calle ruidosa. Todo hacía pensar en un pasado brillante y amado que no se deseaba olvidar. Los viejos sillones de estilo, las mesas y mesitas de madera labrada, los dibujos, las esculturas, los cofres y cajas de bronce o porcelana. Y ese color que da a las cosas el mucho tiempo y el cariño. Si no hubiera sido por los chillidos de los pájaros y la gran mancha de luz filtrándose a través de persianas y cortinas habría pensado en el living de una casa del norte de Europa, incolora y melancólica. Me senté en un sillón, preparé mis cosas y esperé que ella se sentara a su vez. Pero ella daba vueltas tras un perro viejo y consentido al que hablaba con tono pausado, monocorde y un poco ausente. Pensé que parecía muy cansada y desde hacía mucho tiempo. Finalmente se sentó y me miró con unos ojos grandes y fijos. Los mismos que reproducían varios retratos suyos colgados entre paisajes y naturalezas muertas. Las técnicas y la edad de las modelos variaban, pero los ojos enormes y fijos eran siempre los mismos. Tenían ya, hasta en sus días más lejanos, ese aire desdichado que hoy se mezclaba con el del tedio.
Desde antes de empezar sabía que no hablaría fácilmente. Y así fue. Durante una larga media hora hilvanamos frases divagantes sobre Río, el calor, el carnaval, el perro, los perros. Buenos Aires, el frío y otra vez el perro; un fox-terrier muy astuto que se complacía en manejarla. Una y otra vez volvía a mi memoria la historia de Eloy Martínez sobre los periodistas que luego de pasar dos horas con ella llegaban a su mesa con una cinta donde sólo se escuchaba el sonido de sus propias voces.

La primera pregunta, entonces, debía ser construida de manera tal que si ella no daba con la respuesta adecuada quedara entrampada, en mis manos.

– Su fama en Buenos Aires parece no coincidir con usted misma.
– Por qué? -dijo fijando en mí sus ojos castaños.
– Bueno, se dice que usted es evasiva, difícil, que no habla. A mí no me parece así -dije y esperé un bendito “No soy así, no, por supuesto, no soy así”.
– Evidentemente tenían razón.
– ¿Entonces?
– ¿Usted conoce mis libros? Todo está allí.
– Sus libros me han dejado llena de interrogantes.
– Seguramente yo no podré aclarárselos.
– Bueno, habrá algunos que sí podrá, cuándo empezó a escribir, por ejemplo. Me miró sonriendo.
– Esa pregunta no puede haberle surgido de la lectura de mis libros.
– No, en realidad, era una manera de entrar en materia.
– Encontraría la respuesta en cualquier biografía mía. Empecé a escribir a los 7 años.
– Me pregunto sobre qué escribía una niña de esa edad. ¿Hadas, brujas, piratas?
– No, no. Eran cuentos sin hadas, sin piratas. Y por eso ninguna revista quería publicarlos. Yo los enviaba, pero no los publicaban. Porque no se referían a hechos sino a sentimientos. Ellos no querían eso, querían historias donde ocurrieran cosas.
– ¿Sentimientos? Pensando en la edad que tenía me cuesta imaginarlo. Deme un ejemplo.
– No, no puedo, no me acuerdo. A los nueve años escribí una pieza de teatro, pero sentí un gran pudor y la escondí.
– ¿Cuál era el tema?
– El amor... Tuve vergüenza.
– Usted es rusa.
– Nací en Ucrania, llegué a Brasil cuando tenía dos meses.
– Estaba pensando en su acento, en las erres. Son muy extrañas. ¿Le viene del ruso? Aunque parecen francesas.
– Simplemente tengo frenillo. Podría solucionarlo con una operación bastante simple, pero tengo miedo. Por otra parte mis erres no me molestan; vivo con ellas desde que nací.
– Sus erres me parece que dan origen a algunas de las leyendas que la gente teje en torno suyo.
– Sí, muchos lectores me escriben preguntando si soy rusa o brasileña. Soy brasileña, claro, sólo que no nací en Brasil. Mi infancia transcurrió en Recife.
– Es muy brasileña, entonces, es nordestina.
– Sí, eso es. Es muy importante para mí haberme criado en Recife.
– ¿En qué sentido?
– El nordeste es más profundamente brasileño que el sur: Río o San Pablo. Está más ajeno a influencias extranjeras -dijo, y volvió a fijar sus ojos en mí, aunque no como las otras veces, sino mirándome realmente.
– Le gusta pensar en Recife.
– Sí, de allí son mis canciones predilectas, las canciones que más amo.
– En una entrevista que le hicieron aquí, en Brasil...
– ¿Una entrevista? Son tan escasas, casi no existen.
– Se trata de una especie de entrevista que prologa una selección de textos suyos.
– Sí, ya sé a qué se refiere -dijo y se levantó.

A los pocos minutos me alcanzaba un libro. Allí, en un trabajo que Renato Carneiro Gómez denominaba Texto-Montaje, Clarice respondía a varias preguntas, al correr de la máquina. “Aquí tiene -dijo señalándome un párrafo-, mi actitud frente a las entrevistas”. El párrafo era casi un acápite del trabajo. Decía: “No me gusta dar entrevistas: las respuestas me constriñen, me cuesta responder, y todavía sé que el entrevistador va a deformar fatalmente mis palabras”.

– Sí, eso ya lo sé ahora por experiencia. Las entrevistas no le gustan..., pero yo querría hablarle de esta pregunta que le hace Carneiro aquí: “La gente nace para alguna cosa de la cual vamos tomando conciencia a medida que transcurre nuestra existencia. ¿Para qué naciste, Clarice?” Usted responde largamente. Sintetizando, dice que nació para tres cosas: amar a los otros, escribir y criar a sus hijos. Recordaba esta respuesta suya y lo que quería preguntarle ahora es si considera que se relaciona bien con los demás.
– Más o menos. ¿Por qué?
– Pensaba cómo se conciliaría esa vocación suya de amar y “recibir algunas veces un poco de amor en cambio” y su reticencia en los contactos personales, por lo menos conmigo ahora y con otros periodistas otras veces.
– Soy tímida, muy reservada.
– Y muy ajena al mundo que la rodea, ¿o no? Usted me mira fijamente cada vez que le hablo pero yo siempre pienso que no me ve, que más bien está asomada sobre sí misma.
– Puede ser. Pero no estoy ajena al mundo que me rodea. Llévese este libro, en él va a encontrar esa respuesta y otras.

Tomo el trabajo de Carneiro en el libro: “Soy una persona muy ocupada: cuido del mundo. Lúcidamente apenas hablo de las miles de cosas y personas de quienes cuido. Pero no se trata de un empleo, pues dinero no gano con eso. Quedo apenas sabiendo cómo es el mundo”. Y luego: “Es que yo nací así, incumbida. Y soy responsable por todo lo que existe, incluso por las guerras y por los crímenes de leso cuerpo y de lesa alma. Incluso soy responsable por el Dios que está en constante cósmica evolución para mejor”.

– Al leerla me he preguntado, muchas veces, si cuando escribía pensaba en sus lectores posibles.
– Cuando escribo no atiendo ni a los lectores ni a mí.
– No pretende, en definitiva, comunicarse con alguien concreto.
– No, sólo atiendo a lo que escribo.
– Y cuando la obra está terminada?
– Cuando está terminada y publicada entonces sí pienso en el lector.
– Piensa en su relación con el lector.
– Aunque la obra ya no me parece mía. Aunque la siento separada, ajena.
– Tal vez por eso justamente puede pensar en esa relación. ¿Y cuál es en general su conclusión, considera que se comunicó con el lector?
– Creo que hay comunión, que me comuniqué.
– Sin embargo, una parte de su obra es bastante impenetrable, zonas de su obra. No los cuentos, en los cuentos usted es muy clara y tiene un gran poder de comunicación. Las zonas oscuras pertenecen fundamentalmente a las novelas. Por lo menos yo lo siento así.
– Sé que algunas veces exijo mucha cooperación del lector, sé que soy hermética. No querría, pero no tengo otra manera.

Del trabajo de Carneiro: “Muchas veces tomo un aire involuntariamente hermético que me parece bien idiota en los otros. ¿Después que la obra está escrita podría fríamente tornarla menos hermética, más explicativa? Pero es que respeto cierto tono peculiar al misterio de la creación no sustituible (ese misterio) por claridad alguna”.

– Vuelvo, entonces, a su necesidad o vocación de dar amor... Su lejanía, su natural misterio dificultan seguramente esa posibilidad. La mayor parte de lo que escribe es para élites, ¿no cree?
– Ya no. Durante mucho tiempo escribí para pocas personas. Últimamente soy cada vez más popular. Creo que estoy de moda. Hay gente que me imita.
– ¿Mujeres?
– ¿Por qué mujeres?
– Su literatura es esencialmente femenina. Pensaba que sobre todo las mujeres se sentirían inclinadas a imitarla.
– Usted cree que mis libros no podría haberlos escrito un hombre.
– Como los de Emily Bronte o Carson Mc Cullers o Katherine Mansfield.
– Yo también creo eso, pero no me imitan solamente las mujeres, sino escritores jóvenes en general -dijo, y quedó un momento callada acariciando al perro. Y finalmente: “Ellos toman todos mis defectos”.
– ¿Cuáles son sus defectos?
– Manierismos que me limitan y los limitan sin necesidad para ellos.
– ¿Cuáles por ejemplo?
– Nooo.
– ¿Por pereza?
– Soy muy perezosa -dijo sonriendo apenas.
– Al leer sus novelas a veces siento que usted vive a través de ellas fantasías que le son muy entrañables. Experimento cierto pudor por la impresión de estarla espiando por una cerradura. Sin mirarme asintió con la cabeza. Insistí. -¿Está de acuerdo? Fijó los ojos en mí y volvió a asentir con la cabeza. Subrayé. -¿Está de acuerdo?
– En la primera parte de lo que dijo estoy de acuerdo. En cuanto a la segunda...
– Hay cosas en sus libros de las que me gustaría hablar con usted. Cosas que usted dice de algún personaje femenino. Mire aquí en “Manzana en lo oscuro”. Escúcheme, página 119: “Lo que no quería decir que no fuera dueña de sí. Pero, como si ignorase imparcialmente la importancia del acontecimiento, tenía tiempo para tomar varias actitudes que parecían quitar esa importancia: arreglaba sus cabellos, como si su peinado fuera indispensable, hacía una boca pequeña y unos ojos grandes como en el dibujo de una mujer inocente y amada, recreando con mucha emoción amores célebres. Mientras tanto, por dentro, desfallecí perpleja. Es que sabía que estaba arriesgando mucho más de lo que superficialmente parecía: estaba jugando con lo que sería más tarde un pasado para siempre”. Dígame algo más de esto que dice aquí.
– “Yo no hablo”, dijo, con un aire tan desvalido, que me vinieron ganas de reírme.
– Dios mío, qué mezcla de cosas. Ahora parece una niña. Está bien.

– No sé criticar mis cosas. No soy autocrítica. No sé explicar.
– ¿Se resiste?
– No me interesa. Un libro, después de hecho, no me interesa. Estoy cansada de él.
– Como si no lo quisiera, como si no le importara perderlo.
– Una vez hecho ya no es más mío. No puedo perder lo que no me pertenece. Guardo en la memoria recuerdos: algunos recuerdos de mis sentimientos mientras lo escribía -dijo, y llamó al perro que giraba en torno a mi sillón y me olfateaba. Pero el perro era sordo a sus llamados y se escurría cuando ella extendía una mano para arrastrarlo a su lado. Esperé que llegaran a un acuerdo. Éste se produjo finalmente cuando el perro se desinteresó de mí y, eludiendo la mano que intentaba apresarlo, volvió con ella voluntariamente.
– Me gustaría verla escribir. Me miró sorprendida, pero no dijo nada. -Quiero decir que me gustaría ver cómo va hilvanando tantas y tantas cosas. Se tiene la impresión de que las ideas no tuvieran ningún proceso de elaboración, de que le llegaran a la cabeza como un río.
– Cuando estoy trabajando escribo de mañana; de tarde tomo notas.
– Notas de qué?
– De las ideas que se me van ocurriendo. Me viene una idea y la apunto. Al otro día la traspongo al libro. Pero, por supuesto, la mayoría a medida que escribo. Escribir, para mí es una manera de entender. Escribiendo comprendo. A veces tengo la sensación de que escribo por simple curiosidad intensa. Es que, al escribir yo me doy las más inesperadas sorpresas. Es en la hora de escribir que muchas veces me vuelvo consciente de cosas que no sabía que sabía.
– Daniel Moyano me dijo en una entrevista una cosa parecida: “Empecé a escribir para entender esa ciudad monstruosa que era para mí Córdoba”. Y esperé su respuesta complaciente: “¡Ah sí, a mí me ocurre lo mismo!”. Pero ella no dijo nada. Ni siquiera sé si me oyó. Se puso de pie y dijo
– Tal vez vaya a Buenos Aires este invierno. No olvide llevar el libro que le di. Allí encontrará el material para su nota. Muy alta, con el pelo y los ojos castaños, en mi recuerdo llevaba un vestido largo de seda marrón. Pero tal vez me equivoco. Cuando salíamos me detuve junto a un retrato al óleo de su rostro.
– De Chirico -dijo antes que le preguntara. Y luego, junto al ascensor: “Discúlpeme. No me gusta hablar”.

Fuente: Rima

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Entrevista a Brigitte Bardot


«Las actrices de ahora ya no hacen soñar»


Brigitte Bardot habla sobre el cine, la moda, la música y la literatura. El pasado 27 de junio logró en Italia el Premio Chianciano por su autobiografía «Me llaman B.B.» y dice estar enfrascada ya en su segundo libro. «Las actrices de ahora ya no hacen soñar. Las vemos en el baño, con el delantal puesto...», confiesa.

GIANCARLO PADOVAN

Corriere della Sera/EL MUNDO

Pregunta.- ¿Es verdad que ahora también le gusta cantar?

Respuesta.- Sí, es verdad.

P.- ¿Música de hoy?

R.- De hoy no me gusta nada.

P.- Recientemente ha dicho que no va al cine. ¿Cree que está en decadencia?

R.- Exactamente: en decadencia. Hace 20 o 30 años, el cine italiano era el mejor. Se lo digo de verdad. Y también el francés, naturalmente. Un cine fantástico. ¿Y dónde están ahora? Ahora sólo existe el cine americano.

P.- ¿Y no le gusta el cine americano de hoy?

R.- Antes estaba Pan, amor y fantasía. Y todas las películas de Fellini que adoro. Aquél era un cine lleno de imaginación. Se veían cosas que hacían soñar. Ahora ya no se puede soñar. Ahora sólo se ve violencia. Violencia y violaciones. A veces, veo alguna película en la tele, para distraerme o para cambiar de chip, tras alguna jornada muy atareada en la defensa de los animales. Aunque la televisión tampoco me gusta nada.

P.- En cambio, le sigue gustando cantar.

R.- Dos veces al año, cojo la guitara y canto.

P.- ¿Algo en especial?

R.- Canciones del folclor suramericano. Lo aprendí cuando rodé Viva María en México. Canciones que todavía me hacen soñar.

P.-¿Es verdad que terminó por dedicarse a los animales porque durante años se sintió perseguida y acosada por fotógrafos, periodistas y público?

R.- Es cierto.

P.- También hoy la siguen persiguiendo.

R.- Pero hoy lo hago porque me gusta. Y, además, no es algo que suceda todos los días, como me pasaba antes.

P.- ¿Por qué ya no existe la actriz-diva? ¿Porque ha cambiado el mundo o porque han cambiado las personas?

R.- Porque ahora las actrices son iguales a la gente. Ya no hacen soñar como antes. Ahora las vemos en el baño, lavándose los dientes, en la cocina y con el delantal puesto.

P.- ¿Hay, pues, demasiado exhibicionismo?

R.- Sí, hay una exhibición constante. Y por eso, es natural que ya no sean diosas.

P.- En cierto sentido, las nuevas diosas son las top-model. Por ejemplo, a Claudia Schiffer se la compara con su modelo de belleza. ¿Qué cree usted?

R.- Claudia Schiffer es C.S. y yo soy B.B.

P.- Usted suele declararse una «campesina» y no se cansa de repetir que sólo los animales no la traicionaron nunca. ¿Es feliz con lo que hace?

R.- No es nada fácil ayudar a los animales, porque la gente no lo entiende. Cree que hay otras muchas cosas muy importantes. Todos los días estoy viendo imágenes terribles sobre los animales.

P.- ¿Algo en particular?

R.- Todo, todo: la muerte, el sufrimiento y la desesperación.

P.- ¿Y usted cómo se siente?

R.- Me siento muy desgraciada. Me hace mucho daño ver lo que los hombres hacen a los seres que son diferentes a ellos.

P.- ¿Qué le parece el Palio de Siena?

R.- Me gustaría que el que tenga el poder para hacerlo cerrase esa manifestación. Espero que haya alguien que tenga el corazón suficiente para intervenir.

P.- ¿Siente más pasión por los animales que por los hombres?

R.- Si en Siena corriesen los animales, iría encantada a verles.

P.- ¿Los animales le han proporcionado grandes satisfacciones?

R.- Sí, pero también muchas responsabilidades.

P.- ¿Su futuro se ceñirá a esta vida de campesina y de abogada de los animales?

R.- Sí, hasta el final.

P.- ¿Le tiene miedo a la muerte?

R.- Aunque le tuviese miedo, ¿qué podría hacer? Nada y, por lo tanto, es mejor acostumbrarse a la idea.

P.- Si volviese atrás...

R.- Nunca miro hacia atrás. Sólo me interesa el futuro.

P.- Tardó 21 años en publicar su primer libro. ¿Para cuándo el próximo?

R.- Ya lo estoy escribiendo. Lo terminaré dentro de dos años.

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Entrevista a Toni Negri


Negri, en el centro de la tormenta global

El autor de Imperio dice que la Argentina es un nuevo "laboratorio" de lucha
anti-globalización. Habla de Multitud, segunda parte de la saga escrita con
Michael Hardt, recién publicada en EE.UU. y ya polémica. Las nuevas guerras imperiales. Las nuevas formas de resistencia. Además, el sociólogo James

Petras cuestiona las tesis de Negri.

HECTOR PAVON.

Toni Negri es creyente. De eso no hay dudas. Y no sólo por sus orígenes
católicos. Negri cree en cada pieza del andamio argumental que compone
Imperio, el libro que escribiera junto a Michael Hardt, y también del
flamante Multitude, war and democracy in the age of empire (Multitud, guerra y democracia en la era del imperio) que acaba de aparecer en el mismísimo, aunque discutible para los autores, corazón imperial: Estados Unidos. Si Imperio fue el diagnóstico de situación mundial, Multitude… tiene algo de catecismo revolucionario posmoderno: aquello que debe construir y ejecutar un contraimperio. La fe de Negri en la multitud es, a sus 71 años, la columna vertebral de la síntesis de su filosofía política y de su, esperado por muchos, nuevo ideario.

Imperio se publicó en 2000 y fue un libro provocador que sacudió al arrasado campo marxista que juntaba sus pedacitos esparcidos por la explosión del campo socialista a fines de los ochenta. Las tesis de Imperio sostenían y proponían: el fin del imperialismo; la crisis de la soberanía del Estado nación; la aparición globalizada del trabajo inmaterial; el ocaso de la dialéctica; el surgimiento de un imperio sin territorio y sin centro pero que estaba en todas partes; la aparición del biopoder ejercido sobre la vida social y el nacimiento de la multitud como el sujeto que enfrentaría al
imperio. Éxito en ventas, recibió elogios y fue tomado bíblicamente pero también criticado palabra por palabra. El filósofo francés Etienne Balibar dijo: "Es una asombrosa proeza, escrito con un entusiasmo contagioso, basado en amplios conocimientos históricos". "Es una reescritura del Manifiesto Comunista", dijo admirado el filósofo esloveno Slavoj Zizek.

Pero otros hicieron fila en la otra vereda para señalar errores, no siempre con tono diplomático. "Tal como indica el argumento de Imperio, resulta difícil evitar la sospecha de que el poder de la multitud es nada más que una abstracción filosófica y que este poder no está en ningún lugar antes que en todos lados", dijo Ellen Meikins, politóloga canadiense. Y el sociólogo norteamericano James Petras quiso firmar el epitafio: "Imperio es una síntesis generalizada de las banalidades intelectuales sobre la globalización, el posmodernismo, el posmarxismo. La tesis del postimperialismo de Imperio no es novedosa, no es una gran teoría y explica poco del mundo real. Más bien es un ejercicio verboso vacío de inteligencia crítica".

En la primera semana de agosto se distribuyó en EE.UU. Multitude… y en la Argentina lo publicará Editorial Sudamericana en noviembre. El libro está estructurado en tres ejes: guerra, multitud y democracia. En la primera parte, los autores indican como condición sine qua non para la supervivencia del imperio el "estado de guerra permanente". Y encuentran en los atentados del 11 de setiembre una similitud con un hecho acaecido en 1618, cuando dos regentes romanos fueron arrojados por una ventana del Castillo de Hradcany en Praga. Se encendió así la guerra de los treinta años en el Sacro Imperio Romano Germánico. La caída de las Torres Gemelas inició una era de guerra infinita.



En el capítulo sobre "Multitud" ofrecen instrucciones para activar la organización contraimperial. Allí destacan el in crescendo de la lucha de los grupos de resistencia global contra los grupos que manejan las finanzas del mundo. "Lo que comparten las fuerzas movilizadas en este nuevo ciclo mundial no es sólo un enemigo común —llámese neoliberalismo, hegemonía estadounidense o imperio global— sino también prácticas, lenguajes, conducta, hábitos, formas de vida y deseos comunes para un futuro mejor", escriben Negri y Hardt. La Argentina aparece en la descripción de las radicalidades surgidas a partir de 2001, en particular la de los piqueteros. Y aunque algunos se sorprendan, los autores dedican un espacio al amor: "La gente hoy parece incapacitada para entender el amor como un concepto político, pero un concepto de amor es justo lo que necesitamos para sujeta el poder constituyente de la multitud."

En el final hipotetizan un mundo cruzado por la democracia global. "Nunca la democracia fue tan necesaria como ahora", sostienen y aseguran que será la multitud quien cree nuevos circuitos de cooperación y colaboración que estreche naciones y continentes y permita ilimitados encuentros. "La multitud puede concebirse como una red abierta y expansiva donde todos las diferencias puedan ser expresadas libre y equitativamente".

Este es un libro filosófico que problematiza, cuestiona, pregunta, puede proponer, pero no responde. Y algunas de las respuestas que brinda las da a través de metáforas como la de los personajes de Viaje a las estrellas o

Drácula o del Golem. Imágenes que "explican" ciertas cuestiones poco claras sobre la multitud a lo largo de 427 páginas.

¿Quiénes eran Hardt y Negri antes de constituirse en exegetas del Capital?

Michael Hardt es un joven profesor de la universidad de Duke (EE.UU.). Lo de Negri es más complejo. Ha recorrido una larga carrera académica, política y militante para llegar a la síntesis de su polémico pensamiento. Estudió filosofía en Italia, Alemania y Francia y tuvo una militancia muy activa

trabajando con obreros fabriles y también ocupando cargos. "Autonomía obrera" fue la agrupación que fundó y donde sentó las bases teóricas y filosóficas de algunos conceptos que aparecerían en Imperio. Negri vivió el 68 con toda la efervescencia de la época al tiempo que el Estado italiano comenzaba a achicar los espacios de la libre expresión: las manifestaciones fueron reprimidas y hubo persecución sobre líderes y militantes. "Autonomía" mantenía relaciones estrechas con la agrupación guerrillera "Brigadas Rojas". Hacia 1977 la situación política se enrarece y Negri se exilia en
Francia donde trabajó junto a Louis Althusser. En 1978 las Brigadas Rojas secuestraron y mataron al Primer Ministro Aldo Moro. Un año después, en plena caza de brujas, Negri es arrestado en Milán, junto a 67 militantes de "Autonomía" y acusado de ser su líder y también de las Brigadas Rojas. Fue condenado y recorrió varias cárceles italianas donde desarrolla un intenso trabajo teórico hasta que en 1983 fue elegido diputado y, gracias a la inmunidad parlamentaria, pudo salir de la cárcel. Ante la inminente revocación de su inmunidad se exilió nuevamente en Francia. En 1997, Negri volvió a Italia, fue encarcelado y poco después pudo hacer salidas sociales hasta que le fue concedido el arresto domiciliario y, en 2003, la libertad.

Desde su casa del Trastevere romano, donde escribió con su discípulo Hardt las dos obras, habló sobre su nuevo libro.

- —En "Multitude..." hay una idea aterradora y es que ésta es la "era de la guerra permanente". ¿Se puede salir de esta instancia tan pesimista?

- —Esta es una tesis que puede parecer pesimista, dura, severa.
Efectivamente la crisis del sistema político del capitalismo global es
profundísima. Nosotros planteamos una forma de gobierno democrática para todo el planeta. Y no nos parece, en absoluto, que la clase política capitalista y de las grandes naciones hegemónicas, tengan una sensibilidad o posibilidad de plantearse el problema de una gestión democrática del mundo.

La guerra es la solución natural que deriva del hecho de no tener idea de cómo gobernar el mundo. Esta clase dirigente mundial es incapaz de imaginar una reforma de las relaciones entre las multitudes, poblaciones, clases, continentes. No creemos que haya respuestas a la exigencia que plantea la constitución del orden mundial. ¿Me entiende? Pero la aristocracia, y algunos estratos de la burguesía multinacional y del empresariado mundial, están profundamente desilusionados con la gestión norteamericana del
imperio. Y no ven en la política norteamericana, ni en la de Bush, pero tampoco en la de Kerry, una solución a su problema. Nosotros anticipamos la crisis del discurso de Kerry.

- —¿A qué se refiere?

- —Tengo la impresión de que la clase dirigente norteamericana no llega a imaginar una forma de gestión global. Aquí no se trata de decir: la dirigencia norteamericana estará de acuerdo con la dirigencia francesa, con la australiana y con la argentina para dirigir el mundo. Se trata de reconocer un nuevo modo de desarrollo que nos involucra a todos. Estamos en un mundo en el cual la interdependencia pasó a ser absoluta. La clase dirigente norteamericana sigue siendo todavía una clase dirigente nacional.

En el libro citamos al Marqués de Sade: "Franceses, un esfuerzo más para ser republicanos" que transformamos en: "Norteamericanos, un esfuerzo más para ser imperiales".

- —Anteriormente ustedes señalaban que este imperio no tenía centro. Ahora parece evidente que ese centro es Washington.

- —Creo que siempre lo fue. Washington en lo político; Nueva York en lo financiero o Hollywood en lo referido al mundo de la comunicación. No hablamos de un centro norteamericano del imperio, decimos un "centro del imperio". Roma no era la capital de Italia, era la capital de Italia,

Grecia, Egipto. Debemos estar muy atentos a no dejarnos engañar por las palabras. El interés capitalista es un interés del mercado mundial. Y ustedes los argentinos lo saben mejor que nadie. ¿Por qué la clase dirigente argentina no consigue administrar su país?, porque no es suficientemente mundial.

- —¿Es decir que los argentinos no piensan globalmente?

- —Yo creo que el gran problema argentino es que las clases dirigentes no piensan globalmente. Pero esto no tiene que ver sólo con la Argentina sino con todas las clases dirigentes de América latina, excepto probablemente Lula y Kirchner, que han empezado a pensar globalmente y en efecto han tenido grandes éxitos.

- —¿En Irak los ejércitos privados no son el símbolo de la mezcla de
negocios, política y guerra?

- —Nosotros lo consideramos sólo como un ejemplo respecto de lo que es una tendencia general que nos parece más dramática, el hecho de que haya bandas de canallas y delincuentes que hacen la guerra como profesión. Nos preocupa lo que es la tendencia hacia cualquier patriotismo, lo que es el triunfo de esa ideología mercenaria para hacer la guerra. Nos preocupa el hecho de que,
como sucedió en la Antigua Roma, los mercenarios puedan tomar el poder sobre el imperio. ¿Comprende? Cuando escribíamos el libro, Iyad Allawi era el representante de los intereses de la libertad en Irak. Hoy ya vimos lo que es Allawi. Y mientras escribíamos esto, Hamid Karzai todavía era el gran representante de la democracia en Afganistán y hoy vemos que se está aliando con los grandes War Lords. Pero si hay algo que es contrario a mi estilo y al de Hardt es el escándalo por el escándalo mismo, decir que los norteamericanos van a Irak por el petróleo, por ejemplo. Nosotros tratamos de comprender las lógicas internas al sistema del poder mundial en los
términos más sofisticados posibles.

- —Kissinger no se presenta ante la justicia internacional; los marines de EE.UU. fuera de su país no pueden ser juzgados por los crímenes que puedan cometer. ¿No hay justicia para quienes pertenecen al Imperio?

- —Los norteamericanos siempre se negaron a tener un tribunal internacional penal. ¿Qué quiere?: los tribunales internacionales se han convertido en mercados. Mire cómo se resolvió la cuestión con Libia, a través de pagos. Por otra parte, ¿qué más quiere?: el tribunal para Milosevic es una de las cosas más indignas que se han producido. El tribunal internacional para Saddam estaba dirigido por Allawi, un asesino. ¿Entiende?

- —¿No es una utopía pensar la multitud como ese lugar donde conviven armoniosamente todas las diferencias?

- —No es una utopía, es una hipótesis. Cuando Marx hablaba de la clase no hablaba de algo políticamente constituido. Cuando decimos "multitud" decimos "hacer multitud", es decir, construir un momento, ese dispositivo, ese proyecto que comprende todos los aspectos, minorías del mundo y singularidades. Para nosotros, el proyecto de la multitud es justamente el de construir lo común. Cuando hablamos de lo común, nos referimos al lenguaje, a las condiciones que determinan la vida de los individuos juntos. La lengua, el lenguaje, el hecho de que yo pueda hablar con usted, es el intercambio, la cooperación. Y estamos convencidos de que esto
representa el 95, 96% de la vida de la humanidad. Y después está ese 2 o 3% que es el poder, la violencia, el egoísmo, lo privado.

- —Ante el protagonismo de la multitud se podría deducir que para ustedes la clase obrera ha dejado de tener el papel principal en las luchas sociales...

- —Nosotros nunca dijimos que la clase obrera haya dejado de ser la protagonista de las luchas. La clase obrera continúa luchando dentro y junto a nuevos estratos de la población. Pero al lado de la clase obrera tal como se la interpretaba antes, o sea los obreros con los mamelucos del trabajo taylorizado, fordista se suman otros estratos del trabajo. Son los trabajadores precarios, intelectuales, trabajadores de servicios, mujeres, inmigrantes. El frente de las luchas del trabajo se amplió infinitamente.

Los campesinos se convierten en uno de los elementos fundamentales en la relación entre masa y singularidad.

- —Slavoj Zizek ha dicho que los trabajadores de hoy además de poner su cuerpo deben "ofrecer en el mercado hasta las propias emociones". ¿Así fue posible imponer trabajo en células y el just in time japonés?

- —Sí, pero hace treinta años que estudiamos estas cosas. ¿Las descubrió Zizek? Desde el 68 los afectos y los sentimientos se organizaron para el trabajo productivo. Hoy estamos mucho más adelantados. El problema no es ése. Es cómo comprender que un campesino chino o uno brasileño pueden luchar juntos y a su vez encontrarse unidos con una trabajadora del Silicon Valley. ¿Comprende? Esos son los problemas de hoy, de afectos resueltos en el trabajo. Ya no se habla más del trabajo, hay una ignorancia sobre los problemas del trabajo que asusta. Mientras que en cambio hay que empezar hablar de ellos porque la gente vive, sufre y produce y además es feliz o infeliz en torno a ellos.

- —Después de su visita a la Argentina en diciembre pasado, ¿piensa que esa suma de sujetos que desde diciembre de 2001 empezó a salir a la calle a pedir cambios en la política argentina era "la multitud"?

- —A mí no me gusta expresar juicios en base a viajes turísticos, ¿entiende?

Esa pregunta tiene que hacérsela a sus compañeros argentinos, tanto a los que luchan como piqueteros, los que están en las fábricas ocupadas o a los que están en el gobierno, y que son de izquierda y que entienden esos problemas. Pienso que la Argentina es uno de los grandes laboratorios de la modernización posmoderna. Pienso que es donde esas grandes fuerzas activas están experimentando su posibilidad de sobrevivir, luchar, construir y producir.

- —Hay quienes dicen que el movimiento de resistencia global debería preocuparse por lo que ocurre en cada uno de los países de donde surge...

Mire, si se trata de una nueva línea bolchevique en referencia al poder nacional, al derrocamiento de los gobiernos nacionales para tomar el poder, yo digo: eso es una gran estupidez. Pienso que hoy la posibilidad de tener alguna influencia en el mundo es pasando de las luchas nacionales hasta llegar a los compromisos globales. En Italia, por ejemplo, ya no luchamos simplemente a nivel nacional. Berlusconi es un bufón pero es un bufón mundial, no sólo nacional. No se puede luchar por la libertad, por el salario, si no se hace eso. El capitalismo aprendió ampliamente a superar las fronteras nacionales. Solamente estúpidos pueden todavía, o los viejos bolcheviques, pensarlo así. Ustedes, por ejemplo, tienen a un señor Atilio Borón, que sostiene que sólo a través de la lucha nacional se puede luchar a nivel mundial. Eso es una gran estupidez, un discurso profundamente reaccionario. ¿Entiende? Toda nuestra experiencia lleva exactamente a lo contrario. Nosotros logramos generar luchas a nivel europeo siempre generalizadas. Eso no significa que si al lado de mi casa despiden a una mujer blanca o de color, yo no deba luchar inmediatamente para resolver su problema. ¿Entiende? Pero eso forma parte de la ética. Lo que es
absolutamente ilusorio es el hecho de poder hacer la revolución o incluso reformas en un solo país. Esa fue la ilusión de los soviéticos hace muchísimos años.

- —¿A esta democracia de la multitud ustedes la denominan post socialismo?

- —Hablamos de post-socialismo porque siempre consideramos que el socialismo tenía en su armario el esqueleto del capitalismo. Y que el socialismo no era otra cosa que una idea de administrar a través del Estado el capitalismo. El socialismo nunca pudo desarrollar una idea de libertad. Ahora nosotros pensamos que el comunismo está maduro. Y cuando decimos comunismo, nos
referimos a la administración de lo común que está contra lo privado y lo estatal. Mire que esto no significa nada de anárquico. El postsocialismo es para nosotros ir más allá de lo que fue el ideal socialista que se agotó en el reformismo.

- —¿Es posible exportar la democracia como quiere EE.UU. a Afganistán e Irak?

- —Estamos frente al escándalo, ante una provocación colonial de Bush y su banda de canallas. Espero al menos que sean borrados de la Historia. Hoy están masacrando poblaciones, Najaf se ha convertido en un Guernica.

Lograron destruir incluso el olor de la libertad. Estamos realmente frente a la vergüenza. No hay ninguna diferencia entre los aviones norteamericanos y los aviones nazis. ¿Entiende? Estamos fuera de la dignidad del hombre.

- —¿Hay democracia que pueda resistir el ataque del terrorismo?

- —Primero hay que entender qué es el terrorismo. Si el terrorismo es matar personas, es todo lo que se parece a la política norteamericana incluso cuando es hecho por personas que quieren liberarse de algo, es horrible.

Pero no hay ninguna diferencia entre el señor Bin Laden y el señor Bush. Bin Laden es un mercenario de Bush y de su familia, exactamente como lo fue Saddam. Lo que hoy se denomina terrorismo mundial es una revuelta de mercenarios norteamericanos. Uno, Bin Laden, liberó Afganistán de los soviéticos y el otro, Saddam, bloqueó la expansión chiita hacia el mundo árabe.

- —Ustedes mencionan en el libro a las Madres de Plaza de Mayo como un ejemplo de lucha por la Justicia y los derechos humanos ¿Cómo surgió el interés?

- —No es que me interese particularmente. Conozco a algunas de ellas pero lo que me interesa es comprender cómo un pueblo tan civilizado como el argentino pudo haber llegado a una locura homicida como la que se verificó en la dictadura. Es algo que nunca entendí. Mi comprensión del mundo tiene límites que en lo que se refiere a la Argentina, no logro resolver cómo pudieron los militares, en un pueblo tan civilizado, llevar la idea de defender la nación a ese nivel de locura.

- —¿Cómo se resolverá, en el futuro, la crisis del movimiento de resistencia global?

- —Mire, creo que el movimiento está muy en crisis y que el relanzamiento del movimiento global sólo puede producirse a través de estos grandes movimientos continentales que están organizándose: América latina, Europa, India, China, EE.UU.. El gran problema es terminar con la guerra totalmente.

Segundo, lograr construir organizaciones mundiales que rompan la división entre Norte-Sur o el Este-Oeste. Ese es el gran problema en torno del cual debemos trabajar, pero creo que ya estamos muy avanzados. Debería producirse un compromiso definitivo y el lanzamiento de un New Deal global. Avanzamos mucho y la situación dista de ser mala. Para decirlo con una frase de Mao Tse Tung: "Es grande el desorden bajo el cielo, la situación es excelente".

Diario Clarín - Revista Ñ, 28/08/04

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La ultima entrevista a John Lennon


Esta es parte de la entrevista que concedió John Lennon a la cadena radial RKO en la mañana del mismo día de su muerte. Fue transmitida en la mañana del día siguiente cuando el mundo ya sabía de la tragedia.

- ¿Le preocupa a Ud. la actual situación del mundo?
J.L. O vamos a morir o vamos a vivir. Si vamos a morir nos tendremos que hacer la idea y si vamos a vivir, tendremos que enfrentarnos con el hecho de estar vivos. Así que preocuparse por si se va a derrumbar la bolsa o si el Apocalipisis va a caer sobre nosotros bajo la forma de una gran bestia, no nos va a hacer mucho bien en la vida cotidiana.

- ¿Entonces que propone Ud.?
J.L. Mire, yo hablo a la gente que ha pasado por lo mismo que hemos pasado nosotros, los grupos de los sesenta que hemos sobrevivido... que hemos sobrevivido a la guerra, a las drogas, a la política, a la violencia en las calles. A ellos yo hablo; a las mujeres, pues mi canción a Yoko (Woman) es para todas las mujeres. Lo que nos mostraron los sesenta fueron las posibilidades que había y la responsabilidad que teníamos todos. Aquello no era la respuesta. Posiblemente en los ochenta todos diremos: bueno, vamos a volver a proyectar el lado positivo de la vida.

- ¿Cómo?
J.L. Lo único que pedimos es que se le dé una oportunidad a la paz. Esto es lo que me salió espontáneamente cuando un periodista me volvió a preguntar, como lo habían hecho en millones de ocasiones: ¿Qué es lo que Ud. está haciendo? Bueno, pues yo lo que le repito es que le demos una posibilidad a la paz. Y no es que yo tenga una respuesta o proponga una nueva organización para la sociedad, porque eso no es cierto, no creo que nadie la tenga. Y, si hay alguien, que me muestre el plan, como se dice en la canción "Revolution".

- Lo noto un poco nervioso, ¿por qué asume una posición tan defensiva?
J.L. Uno no puede ser tal como es cuando está ante el público, precisamente porque está frente a él. Uno tiene que mostrarse un tanto defensivo, o como se le quiera llamar a esta actitud.

- ¿Cómo es que en los últimos años se ha convertido Ud. en una especie de "amo de casa"?
J.L. Ahora soy mucho más feminista de lo que era cuando cantaba "Woman is the nigger of the world" (La mujer es lo negro de este mundo). Antes era feminista de un modo intelectual, pero ahora creo que estoy actuando del modo en que antes sólo pensaba. O sea, que estoy viviendo tal como predicaba.

- ¿No será todo un esto un simple truco publicitario?
J.L. No quiero volver a vender mi alma, como antes, para tener un disco que sea un éxito. He descubierto que puedo vivir sin eso y que esto me hace más feliz. Así que no voy a tratar de crear una persona que no sea yo.

- ¿Por qué no grabó discos en los últimos cinco años?
J.L. Tras quince, casi veinte años de estar bajo contrato y tener que producir dos álbumes cada año y un simple cada tres meses, sin importar cómo era tu vida familiar, o como te iba en la vida; pues todo eso no contaba... uno tenía que producir esas canciones, fuera como fuera. Y eso así no podía seguir...

- Hablemos de su nuevo disco.
J.L. Espero que les guste a los jóvenes, pero con quien realmente estoy hablando es con gente que creció conmigo... a esos les estoy diciendo que yo ahora estoy aquí. ¿Cómo estas tú? ¿Cómo van tus relaciones? ¿Lograste superar todo aquello? ¿Verdad que los sesenta fueron una mierda? Así que aquí estamos, vamos a intentar superar también los ochenta.

- ¿Cómo es que Ud. y Yoko han sido siempre tan cortantes?
J.L. Siendo artistas, cuando nos dirigimos a un sitio, no parábamos hasta llegar allí. Y a donde queríamos llegar era justamente aquí, a primera línea. Eso es lo que siempre le hemos dicho a todo el mundo y ahora que estamos aquí, queremos seguir hasta el final.

- ¿Es cierto que su filosofía de todos estos años se podría resumir con la palabra "amor"?
J.L. Nuestra lucha ha sido una lucha por el amor y para ser amados y por expresar esto. Hay algo en el amor que es realmente fantástico y aunque no soy siempre una persona que ama, quiero serlo tanto como sea posible.

- ¿Es cierto que ha basado su vida en una actitud mental positiva?
J.L. Todos nosotros hemos sobrevivido a Vietnam y al Watergate y a las tremendas convulsiones de este mundo que ha cambiado. Nosotros éramos los "progres" de los sesenta, pero el mundo ya no es como el sesenta. Todo ha cambiado y nos estamos dirigiendo hacia un mundo desconocido. Pero como estamos vivos hay que pensar que... mientras haya vida hay esperanza.

- ¿Considera que el album "Double Fantasy" es un nuevo inicio para Yoko y Ud.?
J.L. Sí, creemos que es un nuevo inicio, se trata de nuestro primer LP. Ya sé que hemos trabajado antes juntos... pero creemos, yo en especial, que éste es nuestro primer trabajo discográfico. Que nunca antes habíamos hecho una cosa así. En efecto, es el inicio.

- ¿Qué dijo la gente cuando usted se relacionó con Yoko y con el tipo de arte que ella creaba?
J.L. La gente decía: "¿qué es lo que están haciendo?". "Esa bruja japonesa lo ha hechizado y lo está volviendo loco". Pero lo único que hizo fue sacar de mi interior esa fantasía, ese vigor de mi alma que hasta entonces yo había tenido inhibido.

- ¿Cómo se inició su colaboración con Yoko?
J.L. Antes de conocerla estaba metida contra la guerra, protestaba, gritaba en un saco negro en Trafalgar Square. Y cuando nos conocimos hablamos de lo que queríamos hacer juntos. Y lo que queríamos era seguir con mi manera de ser y mi amor-amor-amor y con su manera de ser y su paz-paz-paz.

- ¿Necesitaba usted a Yoko?
J.L. La necesitaba mucho, muchísimo. Quería estar con ella y realmente no podía sobrevivir sin ella. No podía seguir funcionando como ser humano. Cuando nos separamos me hice pedazos.

- ¿Cómo es usted como padre?
J.L. No trato de ser una figura todopoderosa... por el contrario siempre estoy sonriendo y trato de ser un padre maravilloso. No trato de hacer ver que lo sé todo, pues nadie sabe nada sobre los niños. Uno lee los libros sobre el tema y ve que no hay expertos en esto. Todo el mundo tiene una opinión distinta y uno aprende por la experiencia. Ya he cometido muchos errores... ¿cómo uno puede evitarlos?

- ¿Esto lo deprime?
J.L. Sí me deprime, mi hijo acaba de captarlo y también él se deprime. Así que ya no se pueden sentir depresiones "artísticas". Así que ahora, si ahora veo que me estoy metiendo en una depresión, ni siquiera puedo disfrutar de ella porque hay veces que uno disfruta cuando está deprimido.

- Entonces, ¿no está deprimido ahora?
J.L. No. Me siento como un chiquillo al pensar que me quedan tantos años por delante con Yoko y nuestro hijo (Lennon hace una pausa). O al menos, eso es lo que espero.

- ¿Piensa en la muerte?
J.L. Espero morir antes que Yoko porque si ella muriese yo no sabría como sobrevivir. No podría seguir adelante.

(Horas después John Lennon fue asesinado)

Fuente: www.geocities.com

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Entrevista con Gabriel Albiac


Gabriel Albiac, de 58 años, es catedrático de Filosofía de la Universidad Complutense. Fue uno de los fundadores del diario «El Mundo». Hoy es una de las firmas de opinión de «La Razón», Libertad Digital y la COPE. En 1988 obtuvo el Premio Nacional de Ensayo. Ayer abrió en Gijón la XIII Edición de los Encuentros de Filosofía de la Fundación Gustavo Bueno.

—¿Cómo ve la política lingüística en País Vasco y Cataluña?

—Si uno parte de la existencia de un destino nacional y una providencia nacional, es decir, de una superposición de los viejos modelos salvíficos de la religión a ese otro ámbito, todos los disparates y delirios quedan justificados. Lo que caracteriza a los países con lenguas de espacio limitado es favorecer el bilingüismo. En Amsterdam hasta el último basurero habla inglés. Es una cuestión de funcionalidad. Privar del dominio de la lengua española a una comunidad es una barbaridad porque condena laboralmente a los hijos de quienes no pueden pagar una educación privada para aprenderla.

—¿A qué atribuye que partidos estatales asuman esas políticas?

—Clientelas. Los políticos en España son una casta cerrada que se autorreproduce y formada por individuos que en su mayor parte no tienen ni profesión, ni conocimiento, ni actividad laboral que les permitiese, de lejos, vivir como viven como políticos y en muchos casos ni siquiera vivir.

—¿Explica eso los altos niveles de abstención en las elecciones?

—Serán más altos a partir de ahora. En las últimas había el espejismo de que el PP tenía un proyecto diferenciado del infantilista y ridículo de Zapatero. Lo que ha pasado en estos meses (en el PP) es especialmente trágico para el país.

—PSOE y PP coinciden en el choque con medios que apoyaron a Rajoy en las elecciones.

—Es normal si se tiene en cuenta que se ha producido un pacto de Estado entre los grandes partidos para repartirse el poder. No la alternancia. Pero hay mucho dinero y poder que repartir en la política española, donde las administraciones están duplicadas o triplicadas. Si las direcciones de PP y PSOE han llegado a ese pacto, cualquier disidencia sobra y el objetivo es laminarnos a todos los que pudiéramos representar un obstáculo.

—¿Considera que existe democracia interna en los partidos?

—No hay más que la jerarquía que impone el salario.

—¿Vincula eso al giro del PP?

—Sólo hay que analizar cuántos de los cuadros que han asumido la línea de la dirección podrían vivir sin el sueldo del partido.

—¿Considera trasladable su análisis a otros partidos?

—A cualquiera. En general, en los jóvenes que pasan a la política cada vez hay más que o no han acabado la carrera o no la han ejercido. Entre los viejos el caso del PSOE es excepcional; son gentes que en toda su vida no han vivido más que del partido y con titulaciones abochornantes. Los políticos de la Francia del siglo XX han provenido en las dos terceras partes de las altas escuelas. Cualquiera de ellos ganaría como mínimo el triple en la actividad privada. ¿De qué se ganarían el sueldo el señor Blanco o el presidente del Senado, el señor Rojo? Quienes no pueden vivir más que de eso, son siervos.

—¿Consecuencia?

—Estamos en el desmoronamiento del sistema político español. Los políticos se aferran a su puesto, sus privilegios y su sueldo. Han decidido morir atornillados a la silla y que al que venga después allá lo que le toque. Estamos dentro de un edificio que se cae a pedazos.

—Ya que habla de Francia, en el país vecino las situaciones de crisis acabaron con reconstituciones de la República.

—En España se cometió un error en la de 1978, que fue un blindaje excesivo. Eso es lo que lo envicia todo. No es ningún drama reformar la Constitución, pero en España es muy complicado, por lo que se elude. Se la deja tal cual, trazando alrededor en enredadera leyes inconstitucionales pero que no son declaradas así porque la estructura del Tribunal Constitucional depende de los partidos políticos. En España la Constitución sigue en vigor, pero, de hecho, no está vigente en Cataluña ni en el País Vasco, ni parcialmente en Galicia, Valencia ni Baleares. Una situación así no puede eternizarse y cuanto más se prolongue más se pudre. Yo no tendría nada en contra de que se modificase de tal modo que se diese la posibilidad a determinados territorios de que se hagan independientes, siempre que se haga por la vía legal: mayoría de dos tercios en las dos cámaras, disolución de éstas, elección de asamblea constituyente y referéndum.

—Ibarretxe plantea un referéndum sólo en el País Vasco.

—Es de nuevo el procedimiento de la doble legalidad.

—EE UU estuvo a punto de expulsar de la presidencia a Bill Clinton por mentir sobre un lío de faldas. Aquí pueden mentir en campaña y no pasa nada.

—Eso es producto de la diferencia entre la tradición calvinista y la católica. Aquí todo lo público se concibe como un gran espacio teatral en el que lo que se castiga no es mentir, sino mentir mal. En cambio, la mentira en la tradición calvinista es el mas imperdonable de los pecados. Una consecuencia es que en Estados Unidos se condena a los acusados de un delito si mienten ante un tribunal y en Europa se les reconoce el derecho a mentir.

—¿Como ve IU?

—Es un residuo arqueológico que debería haber desaparecido hace tiempo. Me da pena hablar de ello. Yo fui militante del PCE en los años del franquismo.

—¿Piensa que todo pueblo tiene el Gobierno que se merece?

—En las sociedades modernas los gobiernos tienen la capacidad de fabricar el pueblo a la medida. Stalin y Hitler fueron los que descubrieron la función de los grandes medios de comunicación de masas para configurar un Estado de conciencia. El modelo clásico que se erige en la Revolución francesa es la representación de los ciudadanos en el poder. En las sociedades contemporáneas es a la inversa por las máquinas de producir imagen.

—¿Pero no puede el ciudadano escoger qué periódico compra o que televisión o radio sintoniza?

—Los precios del papel están intervenidos. Añade a eso la publicidad institucional y se tiene que todos los periódicos tienen que jugar en un equilibrio delicadísimo. En el caso de las televisiones, tal vez con el apagón analógico se entre en otra situación, pero hasta hoy son concesiones de Estado. Y las radios, ¿quién decide el número de postes que se otorga?

—¿Internet?

—Es un medio aún no intervenido y eso es lo novedoso del mismo.

—¿Qué opina del sistema de enseñanza en España?

—Lo que el Gobierno de Zapatero trata de poner son estructuras de adoctrinamiento, sustituyendo el conocimiento por sistemas de catequesis laica, que van desde utilizaciones estúpidas del lenguaje hasta la repetición de tópicos idiotas, como imponer como asignatura en las academias militares eso que llaman Alianza de las Civilizaciones.

—¿Por que dice eso?

—Porque es una expresión vacía que hace referencia al Islam, que es una religión, no una civilización. Cualquier musulmán serio consideraría un insulto en el límite del sacrilegio el definir su sistema de creencias como civilización.

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Entrevista a Vanessa Redgrave


“El buen teatro cuida la salud social”

El 23 de junio comienza el 29 Festival de Teatro Clásico de Almagro, que en esta edición ha otorgado el VI Premio Corral de Comedias a Vanessa Redgrave. En contra de lo previsto, mañana no podrá celebrarse el acto de entrega del premio que inaugura el certamen y que tiene lugar en el histórico Corral de Comedias; por razones de trabajo la actriz no puede estar presente, pero se ha comprometido a viajar a Almagro durante el Festival para recoger el galardón. Matriarca reinante de la más famosa dinastía de la escena británica, veterana de las tablas y de la pantalla y una troskista radical, siempre ha manifestado que su primer amor es la política revolucionaria. En esta entrevista que el Cultural publica con la intérprete muestra su universo más personal.

He tratado de entrevistar a Vanessa Redgrave durante años, pero ella es una criatura elusiva. Solía exigir una copia para su aprobación (algo que yo nunca le daba) e insistía en que las entrevistas debían versar bien sobre su actitud política o bien sobre su papel como actriz, pero nunca sobre ambas cosas, y, por supuesto, su vida privada estaba fuera de los límites. Pero ahora, en lo que imagino que es el crepúsculo de su carrera, está dispuesta a conceder una entrevista sin condiciones previas, ni siquiera la necesidad de publicitar una película, La condesa rusa, en la que tiene un pequeño papel.

Los periodistas generalmente describen el apartamento de Vanesa Redgrave en Chiswick, al oeste de Londres, como "modesto", lo que hizo imaginarme una triste caja de zapatos. Pero es un apartamento bastante amplio y decorado con antigöedades y, cuando yo fui, docenas de ramos de flores enviados por su 69 cumpleaños. Tiene una cocina grande, casi de campo, al fondo de la vivienda, obviamente equipada para cocina seria. Todo el apartamento es más alegre de lo que imaginaba. Pero sí es modesto en términos de precios de la propiedad londinense, y por lo tanto una prueba, si es que hacía falta, de que pone el dinero donde pone sus palabras, esto es, en las causas políticas.

En este artículo voy a tener que referirme a ella como Vanesa, aunque suene horriblemente amistoso, justo porque hay muchos Redgraves. ¿Tengo que recordarlos todos? Probablemente no, pero sólo por si acaso: Michael Redgrave, famoso caballero del teatro y un ídolo sexual en su juventud, tras cuya muerte se reveló que era bisexual y aficionado a lo cambios drásticos, se casó con la famosa actriz Rachel Kempson y tuvieron tres hijos, Vanesa, Corin y Lynn (en este orden), todos ellos también actores. Vanessa, a cambio, también produjo otro par de actores -Joel y Natasha Richardson, de su matrimonio con Tony Richardson, director de cine, también bisexual, que murió de Sida-, así como un director de teatro, Carlo Nero, fruto de su fugaz relación con el actor italiano Franco Nero. Natasha Ricardson está casada con otro actor famoso, Liam Neeson, así que no hay dudas de que más actores dramáticos están por llegar. Corin también tiene un hija actriz, Jemma. El único que no aparentemente no ha hecho ningún esfuerzo por prolongar la dinastía es Lynn Redgrave, cuyos hijos son una profesora, un fotógrafo y un piloto. Pero claramente llegará el día en que todos los actores tendrán que ser necesariamente descendientes de Michael Redgrave.

Vanessa es la matriarca reinante, pues su madre murió hace tres años, y siento la tentación de hacer una reverencia cuando nos conocemos. Es una presencia tan enorme, tan intimidante -no está gorda, sólo que es grande, más de 1,80 de altura y hombros anchos, con ese rostro largo y famoso, y su voz ronca. John Osborne (que la admira) solía llamarla Big Van. Se mueve con una cojera apenas perceptible porque está esperando una segunda prótesis de cadera, y pasamos algún tiempo figurando dónde vamos a sentarnos y encendiendo nuestros cigarrillos (fuma casi tanto como yo).

El filme sobre el que teóricamente debemos hablar, La condesa rusa, es la última producción Merchant-Ivory. Su productor, Ismail Merchant, murió antes de que estuviera terminado. (Los ojos de Vanessa se llenan de lágrimas cuando le menciona). La historia se sitúa en el Shanghai pre-bélico y está protagonizada por Natasha Richardson y Ralph Fiennes, con Vanessa y su hermana Lynn en pequeños roles. Por suerte, puedo decir con cierta sinceridad que Natasha Richardson está brillante en su papel, y Vanessa se muestra agradecida: "Es agradable que pienses eso porque entonces puedo decir lo que realmente siento. Me siento algo cohibida por decir lo maravillosa que creo que está en la película, y es que realmente pienso que su interpretación es extraordinaria". Esto me ahorra el mal trago de tener que decirle lo que pienso de su actuación (encorsetada) pero, en todo caso, sólo tiene un par de escenas.

Aceptó el pequeño papel en la película porque significaba trabajar con su hija y su hermana, y además le ofrecía la oportunidad de viajar a China por primera vez: "Como resultado de un intercambio cultural, me invitaron en 1967, pero cambié de idea en Moscú. Pensé que podría salvar mi matrimonio si volvía a Italia, donde estaba mi marido. Así que me perdí China y no salvé mi matrimonio. Pero estuvo bien, porque nos amamos el uno al otro hasta el final". Esto es un relato muy pobre de lo que, según se desprende de su autobiografía, debió ser el momento más desdichado de su vida. Tony Richardson se había enamorado de Jeanne Moreau y no estaba muy entusiasmado con el regreso de Vanessa.

"En todo caso", dice, "ha sido maravilloso trabajar con Natasha y con Lynn. Tuvieron algunos altercados en el pasado, pero eso está ya lejos. Además, las familias tienen derecho a tener sus rencillas. Nos amamos inmensamente".

Debe resultar terriblemente desalentador para otras personas, en todo caso, entrar a formar parte de este gran clan.

"Bueno, nunca se sabe, ¿no? Quiero decir, desde mi punto de vista siempre pienso lo agradable que debe ser conocernos". Al ver cómo mis cejas se levantan, continúa desafiante: "Porque es divertido".

¿Lo son? Debo confesar que ni en un millón de años se me hubiera ocurrido pensar que los Redgraves pueden ser divertidos. Siempre me los he imaginado llorando o enfurecidos o discutiendo y haciéndose señas, pero Vanessa en carne y hueso parece de alguna manera más cálida y menos estirada de lo que esperaba, aunque siga estando muy lejos de mi idea de la diversión.

Sigo intentando hacerla sonreír porque parece agradable cuando sonríe, pero no es un trabajo fácil: parece pensar que es su deber estar seria. El único momento en el que de hecho consigo hacerla reír es cuando está rumiando sobre los idiotas que ven programas como Gran Hermano y le digo: "Estás hablando con uno de ellos". Entonces echa su cabeza hacia atrás y se ríe con un goce genuino. De otra forma, la cadencia de su risa parece un estentóreo rebuzno que poco tiene que ver con el humor.

El problema es que se toma las entrevistas demasiado en serio. Tiene un gran desconfianza hacia los periodistas (probablemente merecida) y busca las trampas de cada pregunta antes de contestarlas de un modo tediosamente lento y cauteloso. Parece como empujada a poner el acento más grave en cada cuestión. Cuando le pregunto si disfrutó haciendo Nip/Tuck con su hija Joely, me da una conferencia sobre cómo hay dos lados de la cirugía estética, y cómo la cirugía plástica puede hacer un gran trabajo de restauración en horribles desfiguraciones. Me cuenta esto como si fuera algo completamente nuevo para mí. Sólo después de cinco minutos mareando la perdiz consigo la respuesta a mi pregunta: "Sí, disfuté haciendo Nip/Tuck y lo haría otra vez si me ofrecieran".

Incluso la pregunta más anodina puede irritarla. Le digo que seguro que prefiere hacer teatro a películas (porque en algunas entrevistas se acotan declaraciones suyas diciendo eso mismo), pero responde indignada: "¡No, no es verdad! Nunca he dicho algo así en mi vida. Me gustan los dos y son muy distintos entre sí. No prefiero hacer teatro. ¡No! ¡No! Quiero decir, podría hablarme de mi padre, que tenía un concepto bastante snob sobre el tema de hacer películas al principio de su carrera, pero luego tuvo la suerte de trabajar con Hitchcock y otros grandes directores como David Lean o Karol Reisz, y se dio cuenta de que estaba equivocado. Así que cuando has trabajado con los maestros [extrañamente, pronuncia esto como my-estros] empiezas a aprender lo que es extraordinario, y yo he tenido la suerte de trabajar con algunos grandes my-estros... Karel Reisz, Antonioni, Zinnemann, Tony Richardson… así que sé la diferencia y amo la diferencia. Sé lo que el cine puede ofrecer".

Aún hay más, mucho más, en este discurso. Está determinada a establecer que ama el cine. Sospecho que, como muchos actores, aprovecha las entrevistas para publicitar sus necesidades profesionales y que en estos tiempos, con su cadera mala, probablemente tiene la esperanza de hacer más películas y menos trabajo en escena. Su última intervención teatral, como Hecuba con la Royal Shakespeare Company el año pasado, le proporcionó críticas totalmente adversas: una la describió interpretando la gran tragedia de Eurípides como si fiera "una triste enfermera de distrito". En todo caso he prometido "hacer constar claramente" en mi artículo que ama el cine tanto como ama el teatro. Que paren las rotativas.

Casi todos los retratos escritos sobre Vanessa Redgrave la describen como una mujer temeraria. Me pregunto si ella diría eso de sí misma. "No, no lo haría. ¿Y tú? No creo que exista una sola persona que pueda decir de sí misma que es temeraria. Me asustan muchas cosas, que las catástrofes caigan sobre personas que quiero, o incluso sobre personas que no conozco, y siento miedo por los terribles errores que los gobiernos cometen porque puedo ver claramente las consecuencias que traerán. Me asustan extremadamente los gobiernos que pasan por encima de las Naciones Unidas, de ver cómo las convenciones internacionales que han sido la inspiración de mi vida, y de mi generación, el sueño que hemos pisado, están siendo destruidas. Eso me asusta por las enormes implicaciones que tiene. Soy embajadora de UNICEF y lo considero el máximo honor que pueda tener. Pero me doy cuenta de que Financial Times la ha tomado con las celebridades que juegan este papel y pienso, vale, ¿cuál es el propósito detrás de todo esto? ¿Por qué un gran periódico como el Financial Times ataca embajadores como Angeline Jolie? Debe haber alguna otra razón".

Puede ser, pienso silenciosamente, que el Financial Times encuentre intrínsicamente risible toda esta idea de los embajadores famosos, como yo misma. Pero no tiene sentido tratar de explicarle esto a ella porque carece de sentido del humor. En todo caso, es una repuesta típica de Vanessa. Primero, por sus movimientos de cabeza, segundo, por su ligero tamiz de paranoia (¿el Financial Times pone en marcha una trama capitalista para desprestigiar a Angelina Jolie?), pero sobre todo porque, como siempre hace, ha partido de lo personal para hablar de lo político. Me hace echar de menos aquellos días en los que sus entrevistas tenían que versar sobre "política" o sobre "trabajo", porque haría casi cualquier cosa por no tener que escucharla hablar de política. Pero la política parece ser su conversación por defecto, puedes preguntarle algo sobre cualquier asunto que pronto empezará a desentrañar las claves del conflicto chechenio, bosnio, iraquí... tantas personas y tantos conflictos que pierdo el hilo, y me pregunto si ella también.

Es como si se encontrara más a salvo hablando de política que hablando de sí misma. Le explico mi teoría bien llevada (debo reconocer que empiezo a aburrirme de ella, en todo caso) de que preocuparse sobre los acontecimientos universales es realmente una forma de desviar la actividad que produce preocuparse de uno mismo. Me abofetea verbalmente con firmeza: "Bueno, Lynn, eso aparece con frecuencia en los periódicos. Pero está en la mano de cada ciudadano hacer lo que puedan para construir una sociedad mejor. Yo fui criada durante la Segunda Guerra Mundial, así que naturalmente ese es mi punto de vista".

Le digo: "Sé que es muy frívolo y malvado por mi parte, pero...", y exclama: "¡Adelante, sé frívola y malvada si quieres!". "Pero", continúo, "tienes que darte cuenta de que hay gente egoísta como yo a las que simplemente no les importa el resto del mundo". Se ha quedado estupefacta: "Tú no eres uno de ellos. ¿Eres uno de ellos? No me lo creo". "Sí lo soy", insisto. "No me importa lo que pasa en Kosovo, de verdad que no. Me preocupa mucho lo que pasa con mi familia y mis amigos, así que no soy del todo egoísta. Pero a veces pienso que es más fácil preocuparse sobre gente en el otro lado del mundo que preocuparse por la gente que conoces". Obviamente esto le ha herido, y dice, casi en lágrimas: "Bueno, es lo que piensas. A mí no me parece fácil ninguna de las dos cosas". Parece tan afectada que me disculpo, pero se apresura a decir: "No pasa nada. Todo está bien. No te preocupes", incluso cuando se frota los ojos.

Ahora es cuando cito un párrafo de su autobiografía en el que Natasha, con seis años de edad, le suplica que se quede en casa y pase más tiempo con ella. (Su autobiografía casi podría llevar por subtítulo: "El desesperado abandono de una madre de sus hijos"). Ella escribe: "Traté de explicarle que nuestra lucha política era para su futuro y para los niños de su generación. Me miró con una mirada dulce, seria. 'Pero te necesito ahora. No te necesitaré tanto entonces'".

Mi simpatía era toda hacia Natasha. Vanessa me sorprende diciendo: "Estoy completamente de acuerdo contigo". ¿Entonces admite que estaba equivocada? "Sí, pero hice lo que pensé que era lo correcto en aquellos tiempos. Acabé dándome cuenta de que fue un gran error, que ambas luchas están totalmente interconectadas y que si las separas, escoges entre una y otra, estarás cometiendo un grave error con tus hijos y con los hijos de otras personas".

Esto nos lleva a la gran pregunta: ¿por qué se inmiscuyó tanto en política, incluso en detrimento de sus hijos, su marido, su carrera? Le gusta decir que es porque creció durante la Segunda Guerra Mundial y que "escuchábamos las noticias todas las noches y eran noticias mundiales, no eran sobre las ballenas en el Támesis, ¿entiendes?". Esto suena bastante plausible, hasta que pienso en mis padres y en todos sus amigos que tienen recuerdos bastante claros de la guerra, pero que nunca han mostrado la más ligera inclinación por unirse al Partido Revolucionario de los Trabajadores. Creo que una explicación más realista sería el comentario de Lynn Redgrave de que "Vanessa siempre se ha visto a sí misma como Juana de Arco. Con un toque de mártir". Y quizá su actividad política fue una forma de impresionar a su padre. él era socialista en su juventud, pero se quemó los dedos durante la guerra al unirse al frente comunista y fue censurado por la BBC. Después de aquello guardó silencio político por el bien de su carrera.

Vanessa siempre ha estado en la izquierda, pero el momento en el que desapareció en la extrema izquierda fue cuando se sumó al partido Partido Revolucionario de los Trabajadores de Gerry Healy. Corin se había unido dos años antes, pero resistió hasta que una ola de coches-bomba en Londres la convencieron de que "la dictadura militar británica" estaba realizando actos de provocación. Estaba aturdida (admite en su autobiografía que entonces bebía mucho, "abriendo una botella de vino barato cada mañana para olfatear el aroma destructivo del alcohol"). Recuerda su decisión de ingresar en el partido en los mismos términos que una conversión religiosa: "Me di cuenta en ese momento de que no tenía otra forma de vivir más que en una lucha política con un partido que sabía que era necesario un estudio serio de la historia para ganar comprensión y prevenir la represión. Llamé a Corin y le dije que viniera a mi casa. Le dije que quería solicitar inmediatamente mi ingreso como miembro trotskista de la Liga Socialista del Trabajo".

Conoció a Gerry Healy (un hombre como un sapo) y viajó con él a mítines: "Los días siguientes fueron los más excitantes de mi vida. Tenía la sensación de haber aprendido más en ese corto periodo de tiempo que en el resto de mi existencia previa". Healy estaba encantado con su nueva conversa y consiguió que comprar una casa en Peak District para convertido en un "colegio de marxismo". Según algunos desertores, la Casa Roja era dirigida casi como una prisión. Había vigilantes patrullando por los perímetros y a los estudiantes no se les permitía entrar en contacto con sus familias o el mundo exterior por miedo a una infiltración del MI5. Naturalmente, la prensa sospechaba y en 1978 una redada policial asaltó el colegio cuando "The Observer" publicó que ocultaban un almacén de armas. No se encontró ningún arma y Vanessa y Corin demandaron a "The Observer" por libelo pero perdieron y tuvieron que pagar una enorme cantidad de dinero. Luego, en 1985, los tabloides denunciaron abiertamente a Gerry Healy basándose en testimonios de desertores. Había abusado sexualmente de docenas de mujeres y robado de las donaciones al partido. Casi todos los miembros del partido abandonaron, excepto los Redgraves, que permanecieron fiel a Healy hasta su muerte en 1989.

Escribe con orgullo en su autobiografía de 1999: "Puedo decir honestamente que sigo absolutamente convencida de la necesidad del marxismo y que ni un sólo día mi convencimiento se ha debilitado. Por el contrario, se ha hecho más sólido con la experiencia y el paso del tiempo. Y esto es así no para darle lógica a mi resolución y determinación (aunque creo que puedo dar muestra de estas cualidades cuando la ocasión lo pida), sino debido al entrenamiento y la educación que recibí del partido al que pertenecía, y del hombre que lo lideró durante casi todos aquellos años, Gerry Healy".

Y no. No piensa que la lavara el cerebro. Es muy firme en este sentido, pero mucho menos firme cuando le pregunto si se arrepiente de haberse involucrado con él: "Hmmm. ¿Estás hurgando en todos lados, eh? Nunca jamás me he arrepentido de lo que he aprendido, y he aprendido cosas de mucha gente. Con Gerry Healy he adquirido unos conocimientos históricos de tal profundidad y precisión que no los hubiera encontrado de ninguna otra forma. ¿Pero no cree, en retrospectiva, que creyó demasiado en Gerry Healy? "No hablaré más sobre este tema", dice con enfado. "Precisamente porque he tenido un caso judicial con 'The Observer' y eso también me ha enseñado mucho". ¿Sobre qué? "¡Mucho! ¡Mucho, Lynn!".

En todo caso, continúa, ya no está envuelta en asuntos políticos. "Hace mucho tiempo que ningún partido político es mi primera preocupación, sobre todo desde que me he convertido en una embajadora de Unicef". Pero esto no es totalmente cierto: ella y Corin fundaron el Partido de la Paz y el Progreso el año pasado para luchar por tres escaños en las pasadas elecciones. Presumiblemente perdieron todo lo invertido. Por toda su denodada lucha política a lo largo de los años, el único resultado tangible que parece haber logrado Vanessa es haber detenido la construcción de un supermercado Tesco en Hammersmith hace dos años.

Su carrera en la interpretación, en todo caso (supongo que esto tendría que haberlo dicho antes), rebosa de grandes triunfos. Su madre siguió actuando hasta más allá de los noventa años, ¿hará ella lo mismo?
"No. Preferiría no tener que hacerlo, pero sospecho que no tendré más remedio".
¿Por qué preferirías no hacerlo?
"No estoy segura por qué, Lynn. Hay un conflicto respecto a mi edad y me gustaría pasar más tiempo con mis nietos y creo que sería realmente maravilloso si en algún momento de mi vida tengo la capacidad de elegir. Pero no tengo otra elección porque, aparte de tener que trabajar para pagar la hipoteca, creo realmente que el buen teatro es esencial para salvaguardar el humanismo y la salud de la sociedad. Me di cuenta de ello en Sarajevo, de que las artes son fundamentales para la existencia y la resistencia humanas y para conservar la humanidad y salvar a los niños".

Oh, Dios, lo está haciendo otra vez. Estamos hablando de si piensa retirarse o no y al minuto siguiente estamos en Sarajevo. Es como si no pudiera permitirse a sí misma decir: "Hago esto porque me gusta, porque soy buena haciéndolo". Todo tiene que ser para el bien de la humanidad. Es irritante pero, supongo, a estas alturas incurable. Lo extraño es que cuando nos despedimos, me mira con sus bonitos ojos y dice, con sorpresa, "Me gustas", y yo me sorprendo a mí misma diciendo. "Tú también me gustas". Pero luego ella añade: "Y no me creo del todo que no te importen los campesinos de Kosovo". Se ha vuelto a equivocar. Está equivocado respecto a casi todo. Pero quizá eso forma parte de su encanto.

Lynn BARBER
(Guardian Newspapers Limited 2006)

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Más información en: www.toonpool.com y www.gallery.cz

Jessie Hartland


Jessie Hartland has illustrated numerous picture books for children, including two she wrote. Her fine artwork has been exhibited in New York, Venice, Tokyo, and elsewhere. She lives and works in New York City.

Jutta Bauer



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Más información: Fundación Joan Brossa

Hernández Pijoan

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Matadero Madrid

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