Richard Sennett: el sociólogo a escala humana. Entrevista


Si la sociología apareció en el siglo XX como una de las ciencias sociales decididas a comprender las complejidades crecientes de la organización humana, las revoluciones tecnológicas, el capitalismo salvaje y la despersonalización en los vínculos la ponen, en el nuevo siglo, de cara a un desafío mayúsculo. En medio de ese torbellino, Richard Sennett es un hombre decidido a no ahogarse en el lenguaje académico para reivindicar la dimensión artesanal que nos permite (o debería permitirnos) sobrevivir en nuestra era. De paso por Buenos Aires, Radar lo entrevistó para hablar de sus herramientas literarias y su vocación humanista, pero también de su lectura de fenómenos actuales como la Primavera Arabe y la masacre en el estreno de Batman.

Detector de imágenes que sintetizan la vida social, creador de conceptos, gran observador del declive contemporáneo, Richard Sennett asume la crítica social como una forma de literatura, por esa combinación exacta en su enfoque y en su escritura de pragmatismo y filosofía crítica. Un hombre que ha hecho en sus libros una arqueología cultural del presente, mirando desde el pasado, yendo al momento en que el hombre moderno rompió amarras con la vida dogmática y se abandonó a un largo proceso que, aunque parezca contradictorio, combinó libertad y deshumanización.

Sennett conoció a Michel Foucault, el filósofo francés: fue su amigo, le debe las primeras aproximaciones y borradores de Carne y piedra, una obra bellísima de sociología sobre la historia de los cuerpos y las ciudades, que podría quedar en la biblioteca junto a Historia de la sexualidad, a la cual le agrega urbanismo, biografías del espacio público, ciudades y habitantes.

“Fuimos amigos durante mucho tiempo –dijo Richard Sennett a Radar esta semana, acerca de Foucault, durante una mañana fría de Buenos Aires, en un hotel céntrico–. ¿Se lee acá a Foucault? Una persona increíblemente creativa, asombrosa. Tendría que escribirles una novela entera sobre él para decirles todo lo que les querría decir. Fuimos amigos durante veinte años.” Autor prolífico y original, aunque se cuide de decir que muchas de las cosas que dice no son “suyas” sino que forman parte de corrientes de pensamiento más amplias. Es la primera vez que Sennett viene a la Argentina, invitado por la Universidad Nacional de San Martín, que le otorgó el miércoles el título de Doctor Honoris Causa. Entre sus libros se destacan también La corrosión del carácter, El declive del hombre público y El artesano, primer volumen de una trilogía destinada a repensar el vínculo entre práctica y pensamiento, en la capacidad que tienen los individuos de conocer, actuar y cambiar su mundo. Además, Sennett escribió tres novelas, entre las que se destaca Palais Royal. Nació a comienzos de 1943 en uno de los barrios más pobres de Chicago, y en su juventud se destacó como solista de violoncello. Estudió en las universidades de Chicago y Harvard, donde obtuvo su doctorado. Es director y fundador del Instituto de Humanidades de Nueva York (junto con Susan Sontag y Joseph Brodsky). Da clases en la New York University y en la London School of Economics.

Mientras estuvo en Buenos Aires ofreció dos conferencias públicas: “Homo Faber: la cultura y la política de la destreza” y “Mi oficio de sociólogo”. En el primer caso abordó los problemas del mundo del trabajo, no tanto en relación con la destrucción del empleo sino con la pérdida progresiva de habilidades para el trabajo, para lo cual rescata la figura del artesano como un individuo que pone en práctica saberes heredados, obtenidos en la vida cotidiana y en la interacción con los otros. En el segundo, expuso su relación con la investigación social y la escritura ensayística, un tema de permanente interrogación y empeño personal. Es más, en alguna entrevista ha declarado que quisiera ser recordado como un escritor acerca de las sociedades antes que como un sociólogo. Discípulo también de Hannah Arendt, dijo sobre ella: “Arendt fue mi profesora, siempre estoy en una relación freudiana de negación con ella”. Algo que le agrada mencionar y traslucir, como si dejara entrever deudas intelectuales no explicitadas. Como una suerte de pesimista optimista, algo que también podría ser una combinación inseparable entre razón y pasión, Sennett despliega en su obra una diversidad de objetos de análisis que, no obstante, podrían agruparse en una larga contienda entre las prácticas humanas y la represión social. Esto es, una historia de la resistencia del individuo en un mundo regido por límites brutales. La búsqueda del placer sexual, de la creatividad, la resistencia de los cuerpos que son sometidos a infinitas configuraciones del espacio urbano y tecnológico, la desigualdad como el desencuentro entre las habilidades, la ocupación y el goce.

En diálogo con Radar, Sennett expresó sus preferencias a la hora de hablar de la cocina de la investigación y la escritura, de la trastienda del método sociológico, de las disciplinas con las cuales dialoga, del problema del trabajo en el capitalismo actual.

En sus libros, usted condensa voces y testimonios, cambia referencias temporales, de lugares. Es un procedimiento que se parece bastante a los que usa la ficción. ¿Cuál es el límite? ¿En dónde empieza la ficción y en donde la crónica de la realidad?

–La diferencia es simple. Uno no puede inventar las palabras de otra persona, lo que uno sí puede hacer es unir dos voces como si fuera una. Lo que aprendí de los novelistas es que hay distintas formas de narración y entonces no es simplemente narrar hechos objetivos. Entonces lo que hice fue prestar atención a las formas de narración de las personas cuando cuentan sus historias. De alguna manera esto lleva a procesos que están incluidos dentro del cerebro humano y hay que prestarles atención para ver cómo se construyen. En este sentido, estamos involucrados en una actividad para la cual otras personas tienen mucha más libertad para manejarse. Lo que más me llama la atención es que estas narraciones se parecen mucho más a narraciones posmodernas que a las ficciones más tradicionales y esto lo sé después de veinte años de investigación en las narrativas acerca del trabajo.

¿Cómo es el plan de la obra que comienza con El artesano?

–Me interesa el homo faber, la persona que hace cosas, que mantiene relaciones con los otros y se vincula con el medio ambiente. Me concentro en la capacidad de las personas en estos tres planos y en si esa capacidad es potenciada o reprimida por la sociedad. Este proyecto se inscribe en una escuela que es el pragmatismo, centrada en la práctica. Se basa en la noción de que los seres humanos tienen habilidades en común tanto para lo físico como para las relaciones sociales y con su medio ambiente. Lo que trato de hacer es mostrar la práctica no como algo estático sino como algo en desarrollo. Si pensamos en una fuerza mínima, por ejemplo, eso es una habilidad. Con la habilidad artesanal, nosotros podemos explorar un objeto. Pero también hay una habilidad que necesitamos para manejarnos con otras personas para que un conflicto no se vuelva violento. Y esta cuestión de la fuerza mínima, también se da en cuanto al medio ambiente. Se trata de violentar o no, de no ser demasiado intruso con el otro. Un ejemplo muy trivial es el del tránsito y los esfuerzos que se realizan para minimizar el ruido de manera que no sea tan intrusivo para el otro. Para ponerlo de una manera muy cruda, es “hacer más que ser”. El hacer es un estado de desarrollo. Podría ser que si yo soy malo manejando, sea también malo en las relaciones sociales o incluso en el tratamiento de los objetos físicos. Si yo soy incapaz en un terreno de la fuerza mínima, ¿cómo podría manejarme en las otras dos áreas?

En sus últimos libros plantea el problema del capitalismo actual en relación con el trabajo, como una disminución de las capacidades y las habilidades del individuo.

–Mucho más que el tema del desempleo es la constitución del trabajo en sí mismo, esta cuestión de la pérdida de la habilidad. Lo que es interesante es que al mismo tiempo divide y se intersecciona con el problema de la inequidad. Siempre estamos focalizándonos con la inequidad del dinero, en lugar de prestar atención a una pérdida de capital humano.

¿Y cuando escribe? ¿Diferencia al escribir un libro de sociología y una novela?

–Yo no soy un gran novelista, cuando estoy escribiendo ficción soy como un artesano yendo a su taller. No soy un novelista, yo investigo. Cuando escribo sociología, lo que trato de hacer al escribir es recuperar una vieja forma literaria que es el ensayo. Lo que ha sucedido con mucha escritura de las ciencias sociales es que uno siente que escribe solamente para los colegas y cuando uno quiere escribir para el público en general, entonces uno se apena porque baja el nivel de lo que dice. Entonces yo lo que hago es tratar de burlar al lector ofreciéndole una escritura que tiene que ver con el típico ensayo que no baja de nivel. Por ejemplo, cuando uno lee a Rousseau, encuentra un ensayo de gran nivel que tiene que ver con un determinado lenguaje, un tipo de expresión y cómo interesar a la gente en estadística y cosas por el estilo, sin necesariamente bajar el nivel. No es una cuestión de tener colegas por un lado y público por el otro.

Por Carla del Cueto y Gabriel D. Lerma, visto en www.pagina12.com.ar

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Entrevista a Sebastián Kraemer: "Una perspectiva kleiniana-sistémica"


Por Claudio Des Champs

Desde la "Catedral" del psicoanálisis londinense, un renombrado consultor nos habla de su experiencia "sistémico-kleiniana" con familias. Sus originales y perturbadores puntos de vista fueron desarrollados en esta entrevista exclusiva concedida a Perspectivas Sistémicas por el Dr. Sebastián Kraemer de la Tavistock Clinic, durante su visita a Buenos Aires.

S. KRAEMER. —¿Querés que te hable primero de la Tavistock?

C. DES CHAMPS. —Sí, después te voy a hacer preguntas sobre tu trabajo específico.

S.K. —La Tavistock es la única clínica pública de Inglaterra dedicada al psicoanálisis, porque el psicoanálisis, vos sabés, es generalmente una práctica privada, pero la Tavistock es exclusivamente pública, el gobierno paga el salario de los psicólogos, psiquiatras, etc. Casi todo el trabajo es, o está relacionado, con la psicoterapia psicoanalítica… en los últimos veinte años se han desarrollado grupos sistémicos en el Departamento de Niños. Bueno, yo no estuve desde el principio, entonces era un estudiante de medicina, pero creo que una o dos personas de allí fueron a Nueva York y, por una razón u otra, ellos empezaron a entrenar a la gente en terapia familiar, y hubo grandes conflictos porque usaban videos y cámara Gesell, y la gente se preguntaba: "¿Cómo pueden ustedes hacer esto? Los pacientes tendrán fantasías sobre el video y la cámara". Bueno, lo hicieron, siguieron adelante, y actualmente tienen un gran prestigio en el entrenamiento en terapia familiar.

C.D.Ch. —¿Esto viene de Estados Unidos o …?

S.K. —Según veo yo, desde 1977 en que estoy con ellos haciendo terapia familiar tenemos distintas influencias: Virginia Satir, Harry Aponte, Salvador Minuchin, Luigi Boscolo y Gianfranco Ceccin de Milán, esa fue mi educación, de estructural a sistémico, La terapia familiar comienza a ser respetada en la Tavistock. En el Departamento de Niños donde yo soy psiquiatra, hay un gran grupo de terapia familiar, el grupo sistémico, y un gran grupo de psicoterapeutas psicoanalíticos.

C.D.Ch. —¿Ellos trabajan con familias también?

S.K. —No mucho, trabajan principalmente en forma individual. Trabajan también con familias pero no en forma estratégica, trabajan con la contratransferencia, etc. Creo que es muy interesante el grupo psicoanalítico en el Departamento de Niños porque ellos están entrenando psicoterapeutas de niños principalmente, hay varias disciplinas, asistentes sociales, psiquiatras, psicólogos, siguen a Melanie Klein.

C.D.Ch. —¿Melanie Klein?

S. K. —Sí, estas son las dos partes principales en que está dividido el Departamento de Niños: Klein por un lado y sistemas familiares por el otro. Lo que es interesante es que ambos trabajan en el "aquí y ahora", vos sabés, Klein no es historicista, eso es lo importante, y lo que veo como más interesante de mi experiencia es que estas dos tradiciones trabajan bien juntas, y tienen mucho que ofrecerse mutuamente, aunque los estilos son diferentes. El estilo kleiniano es serio, no hay muchas risas, pero es muy inmediato… no es una reconstrucción histórica. Tenemos un pequeño grupo de psicólogos, asistentes sociales, entrenados que trabajan de acuerdo a… bueno, realmente "¡hacé lo que puedas!", " ¡Sí, hacé lo que puedas!". Yo pienso que es una buena forma de trabajar si podés congeniar con los demás, de manera que no tenemos una escuela de pensamiento en este pequeño grupo. ¿Estuviste aquí a la mañana? (Se refiere a consultas que realizó el Dr. Kraemer durante su estadía en Buenos Aires, en el marco de sus demostraciones didácticas en el instituto GUIAS —Grupo Universitario de Intercambio, Interacción y Asistencia en Salud Mental—). Bueno, a la mañana y a la tarde los tres casos que mostré fueron terapias individuales. Al final, todos terminaron como terapias individuales, y para mi esto es perfectamente sistémico; para concluir, la terapia individual es lo correcto en estas casos y eso no es antisistémico, porque los sistemas incluyen a los individuos y el trabajo que vos hacés con ellos.

C.D.Ch. —Interesante, pero contame más sobre Melanie Klein y lo sistémico.

S.K. -Creo que la respuesta es que no lo hago al mismo tiempo. En el aquí y ahora sistémico estás mirando a la gente y cómo se relaciona entre sí; en el aquí y ahora kleiniano te estás mirando a vos mismo, obviamente la transferencia es el hecho más activo en el cuarto, y si vos sos el paciente y yo el terapeuta, yo estoy pensando todo el tiempo qué estarás pensando sobre mí, cuando trabajo de esta manera me siento incómodo, transpiro, porque el paciente está interesado en mí. Pero cuando hago terapia familiar ellos no están interesados en mí, están contentos de responder a mis preguntas, pero me aseguro que están interesados en ellos. Es diferente, pero siempre estamos hablando del presente, por supuesto, vos podés hacer preguntas sobre la historia, etc., pero la principal fuerza terapéutica es lo que la gente está pensando ahora, qué piensan sobre cada uno de ellos. Eso es otra cosa que conecta a Melanie Klein con… la terapia "melanosistémica" es el énfasis en el pensamiento de problemas y sentimientos. Yo creo que, desde W. Bion, que fue paciente de Klein, fue famoso por su trabajo con grupos, aunque lo dejó en 1948 y continuó haciendo psicoanálisis individual … y su contribución, como la veo desde afuera, es cómo la gente piensa, cómo piensa acerca de sus sentimientos, pero cómo piensa. En forma similar, si hablás a una familia acerca de cada uno de ellos, de una manera sistémica, yo prefiero preguntar "¿Qué piensan?" sobre papá y mamá, más "¿Que sienten?".

C.D.Ch. —¿Por qué?

S.K. —Porque los sentimientos son algo privado y la gente no sabe explicar qué es lo que sienten, ellos dicen "bueno", "malo", "frío", "caliente", pero si les preguntás qué piensan vas a conseguir sus opiniones, y esto es algo típico de los seres humanos, vos no podés preguntar a un animal qué es lo que está pensando, pero te podés imaginar preguntándole a un animal cómo se siente, un gato podría decir atemorizado, cómodo, pero no tiene sentido preguntarle qué piensa. Creo que la visión tradicional que se tiene de la terapia alrededor del mundo es que… bueno, vos tenés una persona, con determinado sentimiento, llora y eso es todo, llora por su madre y se pone mejor. Pienso que eso no es terapia, pienso que terapia es cuando vos pensás acerca de lo que sentís y cuando tenés una experiencia, lo terapéutico es un nuevo pensamiento, un pensamiento emocional, y pienso que esa es la base para un cambio en cualquier clase de terapia, una experiencia cognitiva.

C.D.Ch. —En la terapia sistémica se utiliza la redefinición, ¿qué opinás sobre esta técnica?

S.K. —Como yo lo entiendo, la redefinición es la base para todas las terapias. La redefinición tiene lugar tanto en psicoanálisis como en terapia familiar sistémica. Cuando alguien tiene una experiencia confusa, acerca de él mismo o de otra persona, el redefinir torna menos confuso lo nuevo. Quiero decir, puede ser más confuso, pero es nuevo. Pienso que para que sea terapéutico debe estar relacionado con fantasías inconscientes, es decir, no estoy de acuerdo con cualquier clase de redefinición, tiene que ver con la relación, y la redefinición correcta se aproxima a las fantasías de la misma forma tanto en psicoanálisis, terapia sistémica, estratégica, estructural, incluso aunque el terapeuta no lo sepa, desde mi punto de vista, todos somos psicoanalistas aunque no usamos la transferencia, ni otras técnicas psicoanalíticas, hacemos la misma… no estoy hablando del MRI, pienso que son terapeutas del comportamiento genuinos, no estoy seguro de entender su trabajo, pero pienso en otros terapeutas que conozco, Minuchin, Palazzoli, Haley, etc., representan una nueva comprensión de las relaciones, de manera que puedo combinar en mi comprensión el pensamiento psicoanalítico y sistémico.

C.D.Ch. —Cuando hablás de fantasías inconscientes, ¿significa que al trabajar buscás esas fantasías?

S.K. —No, esa es la diferencia, la técnica en psicoanálisis consiste en buscar esas fantasías inconscientes, lo que yo digo es que en la terapia familiar sistémica estas fantasías inconscientes se movilizan, pero no son buscadas, y este es el punto importante, hablamos de las experiencias pero no intentamos ubicarnos en el corazón de otra persona, decimos directamente: y por eso pienso que la terapia sistémica es una redefinición del psicoanálisis, porque tenés una nueva perspectiva de una vieja idea, y por supuesto el método es distinto, aunque creo que los principios de la terapia son los mismos. De manera que es una posición diferente, una actividad diferente, diferentes sentimientos, pero creo que el efecto es el mismo.

C.D.Ch. —Es interesante, porque pienso que Bateson o Milton Erickson no pensaron sobre ello.

S.K. —Pienso que no. Y la razón por la cual pienso que no lo hicieron es porque el psicoanálisis en los EE.UU. es bastante primitivo, conservador, caro, ellos no tienen psicoanálisis solventado por el Estado, la Tavistock siendo pública es más flexible, es una razón, pero también creo que la escuela inglesa es más creativa, tal vez porque tiene más mezcla entre Melanie Klein y Ana Freud y todos aquellos que las siguieron, Bion, Winnicott, Balint, etc. Muchos de ellos estuvieron en la Tavistock, por ejemplo Bion y Balint, Winnicott no. Por alguna razón la escuela inglesa es más creativa, más espontánea. Winnicott y Withacker tienen mucho en común, pero en general los terapeutas americanos no conocen demasiado sobre el psicoanálisis inglés; Haley, en particular, cuando habla sobre psicoanálisis está hablando de fantasías que él tiene, creo que no tiene demasiada idea de lo que es el psicoanálisis en su práctica moderna.

Por supuesto, a través de sus libros sobre psicoterapia uno se da cuenta de que comprende muy bien de lo que se trata.

C.D.Ch. —Cuando hablás de psicoanálisis moderno, ¿a qué te estás refiriendo?

S.K. -Bueno, hablo del psicoanálisis que conozco en Londres.

C.D.Ch. —¿Tavistock?

S.K. —Tavistock y…

C.D.Ch. —Psicoanálisis en el aquí y ahora…

S.K. —Sí, probablemente es una combinación de muchas cosas, psicoanálisis kleiniano que es aquí y ahora, el grupo medio, Winnicott, Balint, etc., que es más flexible, más jugado (en el sentido de juego NT), el psicoanálisis jungiano está bastante desarrollado en Londres, mi análisis fue jungiano, mi padre fue jungiano, de manera que encuentro natural tener distintas influencias en mi propio trabajo.

C.D.Ch. —Tenés una mente muy abierta.

S.K. —Sí, como un antropólogo. Pero acá también ves cómo los jungianos de Zurich son distintos a los de Londres, todo esto evoluciona en forma muy distinta de las ideas originales, Freud no reconocería lo que está pasando en Londres ahora, y Jung tampoco lo reconocería. El otro día estaba leyendo que Freud no se consideraba un buen terapeuta, pero Klein era brillante, dotada, natural. Creo que esa es una importante distinción, la tradición americana es freudiana, más rígida, intelectual, cautelosa y… ¡médica!, este es el tratamiento, vos lo tomás, y yo te voy a hablar sobre vos y tu pasado, lo que hacés ahora… bueno… la tradición kleiniana es más… sorpresiva, más shockeante, una buena intervención kleiniana es irresistible, es muy simple, no se puede evitar, es muy obvia.

C.D.Ch. —¿Cómo son las intervenciones?

S.K. —Bueno… sobre la envidia por ejemplo. Klein se preocupó mucho por la envidia, como una fuerza destructora. Si vos le decís a alguien que está hambriento por algo, que es un estado envidioso, es que está envidioso de vos. Si es verdad no se puede escapar de eso… es tan obvio estar envidioso. Aquí tenés algo bien directo, una redefinición que es bien inmediata.

C.D.Ch. —Entonces si decís que todos los terapeutas redefinen, no estás de acuerdo con la postura de algunos teóricos o terapeutas sobre una única verdad.

S. K. —Creo en el concepto de verdad, creo que cada mapa es más o menos verdadero, lo cual significa que también es más o menos falso. Lo que quiero decir es que una redefinición no puede ser cualquier redefinición, debe estar relacionada con alguna experiencia.

C.D.Ch. —Una experiencia del paciente.

S.K. —Sí, de hecho una experiencia del corazón, y por eso creo que la base psicoanalítica es importante, porque se refiere a lo que las personas experimentan en sus cuerpos. El año pasado estuve pensando que el psicoanálisis trata realmente sobre los agujeros en el cuerpo. Esto es algo chocante, pensar las experiencias intelectuales en términos de niños, porque creo que la última contribución de Freud fue reducir esos síntomas o ideas a experiencias infantiles, y, de alguna manera, toca esto, aunque desde otro ángulo, y no creo que lo ignoren, pero dudo que algún terapeuta familiar se permita reconocer su base psicoanalítica, pero recordá que Palazzoli y sus colegas se entrenaron en EE.UU. en psicoanálisis.

C.D.Ch. —¿Cuáles son las metas de la terapia desde tu perspectiva?

S.K. —Busco la tarea principal, que no es que la gente esté bien, sino averiguar qué es lo que yo tengo que hacer; y a veces lo que yo tengo que hacer es muy poco. Winnicott,

y estoy hablando de un psicoanalista, no de un sistémico, se preguntaba qué era lo mínimo que necesitaba hacer con los niños. De manera que pienso que la meta, no tanto de la terapia, como de la actividad clínica, es descubrir qué es lo que hay que hacer. Nunca tengo una meta, porque esto parece demasiado ambicioso, como querer hacer todo mejor. Simplemente tengo una tarea…

C.D.Ch. —¿Una pequeña tarea?

S.K. —Una pequeña tarea, por ejemplo, con un alcohólico, que deje de beber hoy, mañana es otro día, trabajo con lo que hay que hacer ahora, y al finalizar el "ahora" pregunto a quien consulta qué hacemos luego, y entonces nos encontramos mañana o en un mes.

Me gusta despedirme inmediatamente de la situación clínica, para forzarme a pensar por qué deberíamos vernos de nuevo, para evitar convertirme en un adicto a los pacientes. El trabajo clínico es adictivo, se vuelve a ver a los pacientes aunque uno no lo desee, ¿por qué?, siempre pregunto ¿por qué tienen que volverlos a ver? Eso es lo peligroso del psicoanálisis, genera encuentros repetitivos y adicción a la terapia. Una de las principales contribuciones de la terapia breve y sistémica es el rechazo a continuar indefinidamente.

C.D.Ch. —Es atractivo escuchar esto desde alguien que está en el psicoanálisis, va a causar mucha impresión en la Argentina.

S.K. —Bueno, recordá que yo no hago psicoanálisis, mi trabajo está basado en el psicoanálisis, no soy un psicoanalista. Respeto al psicoanálisis pero no tengo metas psicoanalíticas, no me involucro demasiado con mis pacientes, mientras mis colegas analistas sí lo hacen. Pero… por supuesto me preocupo por mis pacientes, y a veces me despierto en mitad de la noche.

C.D.Ch. —Encuentro lo de la pequeña tarea similar al modelo del MRI.

S.K. —Sí, creo que es así. Ellos ignoran las relaciones desde el punto de vista emocional, están interesados en los juegos, pero no en las familias… Me resisto al término terapia familiar, es una trampa, tal vez no necesites hacerla, prefiero pensar en los sistemas, como dije anteriormente, hago terapia familiar si me veo forzado, lo que trato de buscar es la conexión emocional entre portador del síntoma y la familia, lo que por supuesto en mi caso involucra a un niño y su familia.

C.D.Ch. —¿Te estás refiriendo a la función del síntoma?

S. K. —Absolutamente, lo pienso en términos de sacrificio, que tomé de Palazzoli, el chico se sacrifica trata de ayudar, salvar… y esta idea no es muy popular entre los terapeutas breves, a Steve De Shazer no le gusta para nada; creo que él es ingenuo, es brillante pero creo que es ingenuo, creo que ignora uno de los caminos más poderosos para el cambio, la devoción y lealtad de los chicos hacia los padres, creo que es una idea central en toda terapia: qué es lo que hacen los chicos por sus padres, es un secreto, una fantasía: "Yo puedo salvar a mis padres, pero no debo decírselos porque me dirán ¿quién te creés que sos?".

C.D.Ch. —En general, ¿buscás el sentido del síntoma?

S.K. —Exactamente, la idea freudiana es que el síntoma tiene un significado y creo que los terapeutas sistémicos han cambiado la palabra significado por "función". Creo que esta diferencia se hace para evitar pensar en alguna alianza con el psicoanálisis. Tengo esta idea irritante de que la terapia familiar está en lucha ética con el psicoanálisis, y tiene que probar que es más nueva, más poderosa y que no tiene nada que ver con Freud, pero no es así.

C.D.Ch. —¡Esto va a ser chocante para los terapeutas sistémicos! Bueno, creo que ambas opiniones, sobre el psicoanálisis y la terapia sistémica van a causar un gran impacto. Es difícil ver esto en la clínica, una orientación lineal, que busca etiología, y otra circular, que no lo hace…

S.K. —Pero el significado no es etiología, trabaja como un accesorio psicoanalítico activo, la transferencia no es lineal, es circular, entre vos y yo; qué pensás de mí, qué pienso yo de vos, qué es lo qué vos pensás que yo pienso de vos, etc.

C.D.Ch. —Si permanecés en el presente…

S.K. —Sí, pero también utilizamos la transferencia para recabar información sobre el pasado. Creo que la transferencia es un sistema, es un sistema presente, es lo que vos pensás que soy yo… Lo que quiero decir es que no necesariamente se pueden llevar a cabo ambas formas de trabajo juntas, porque tienen modos diferentes, pero intelectualmente no tengo problemas en acceder a ambas formas, e inclusive usarlas en diferentes momentos, pero en una determinada situación, tenés que definir dónde estás trabajando; por supuesto, es fácilmente aceptable que la contratransferencia está siempre actuando, cualquiera que reflexione sobre sí mismo puede aceptar que existen influencias de los demás. Pero yo distingo entre una interpretación desde la transferencia y una interpretación sistémica.

C.D.Ch. —¿Trabajás con lo que el consultante trae o buscás algo más?

S.K. —Bueno… pienso que esta distinción es una fantasía, que es una falsa polarización, porque el cliente pide algo, y se entabla una negociación con el "vendedor" y después de media hora el cliente está pidiendo algo más, y pienso que el trabajo en la consulta de terapia breve es realmente cambiar la naturaleza del problema, yo me siento bien en una consulta que demanda media hora, tres cuartos o una hora, al saber por qué el cliente está allí.

C.D.Ch. —¿Trabajás habitualmente en tres o cuatro sesiones?

S.K. —Bueno... sí, a veces trabajo con menos sesiones. Yo trabajo en un hospital también y allí trato de hacerlo lo más breve posible, y muchas veces con el intervalo más largo posible, dos meses, tres meses, no sé por qué, no quiero quedar involucrado, ellos deben quedar involucrados entre ellos.

C.D.Ch. —¿Trabajás con seguimientos?

S.K. —Sí, les envío un cuestionario seis meses o un año después del último encuentro, es un cuestionario muy simple, tienen que indicar si el problema está mucho mejor, mejor, sin cambios, peor o mucho peor.

C.D.Ch. —… el problema que definiste con ellos.

S.K. —No pregunto cuál es, sólo "el" problema, se lo mando a la familia y ellos deciden cuál es el problema, entonces yo pregunto: ¿han tenido algún problema? Les mando un sobre con la estampilla…

C.D.Ch. —¿Responden?

S.K. —Más de la mitad, no es válido estadísticamente pero satisface la curiosidad, si no contestan se les vuelve a mandar diciendo "perdón pero no nos llegó su respuesta, tal vez puedan mandarla otra vez", pera está dirigida a la clínica no al terapeuta, lo que es un punto importante, porque yo pienso que se sienten responsables por el terapeuta, de esta manera no se sienten obligados a decir que están bien.

C.D.Ch. —¿Qué es lo que más leés?

S.K. —Leo más psicoanálisis, después de hacerlo por más de diez años con la terapia sistémica, ahora creo que tengo los sistemas en la sangre y no corro riesgos de perderlos, entonces ahora puedo leer lo que quiera, historia de la Argentina. Mi esposa desea ser psicoanalista, va a análisis todos los días, de manera que tengo que leer psicoanálisis también en serio, esto me ayuda a pensar de nuevo en el psicoanálisis, de hecho continúo mi propio análisis, que había terminado cuatro años atrás.

C.D.Ch. —¿Creés que es muy importante para el terapeuta hacer análisis?

S.K. —Realmente creo que sí, creo que podés tener un contacto más rico con la gente…

C.D.Ch. —¿Deseás agregar algo?

S.K. —Estoy muy agradecido por haber tenido la posibilidad de expresar lo que pienso.

C.D.Ch. —Los agradecidos somos nosotros.

* El Dr. Sebastián Kraemer es consultor de la Tavistock Clinic de Londres. La entrevista fue realizada gracias a la gentileza de la Dra. Lucila Rodríguez de Agnese, directora de GUIAS, anfitriona del Dr. Kraemer durante su estadía en Buenos Aires. Traducción Marcelo Ekman.

Este artículo fue publicado en Perspectivas Sistémicas Nº 2, año 1, ago/sep. 1988

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“Lo que entra en juego no es el verbo, sino la emoción”. Entrevista a Louis-Ferdinand Céline

De Robert Sadoul

Gérard Valbert, director del servicio literario de la Radio Suiza Romanda (RSR), tuvo el gran mérito de descubrir lo indescubrible, un inédito de Céline que todo el mundo creía definitivamente perdido, la entrevista realizada en marzo de 1955 por Robert Sadoul para la Radio Suiza Romanda (RSR), y que nunca había sido reproducida.

Ese texto es ejemplar en varios aspectos, en primer lugar porque es la primera entrevista dada por Céline luego de su regreso de Dinamarca; porque lanza algunos disparos fulgurantes: “La gloria es para los muertos. Los vivos sólo llegan a la Academia”; y porque expone todas las ideas que retomará luego en el transcurso de sus entrevistas con los periodistas, de la invención del cuello postizo al “estilo emotivo”, pasando por “el crawl evidentemente ha destronado al pecho”, que a veces expresa de una manera diferente: “El jazz mató al vals lento”.

Esta primera entrevista de la posguerra coincide con la publicación deConversaciones con el profesor Y, admirable pastiche de una entrevista imaginaria dada por Céline, en la que decía que Gaston Gallimard lo había presionado para que saliera de su reserva y se hiciera valer, como todos los otros escritores, a fin de favorecer las ventas: “…es mecenas, Gaston, entendámonos, pero también es comerciante, Gaston; yo no quería ocasionarle molestias… en el acto, sin perder un minuto, me puse a buscar algunas habilidades para ‘seguir el juego’… imaginen, siendo científico como soy, ¡si no iba a prospectar los alcances de ese ‘seguir el juego’!… ¡Comprendí en un santiamén! ¡En primer lugar! que ‘seguir el juego’ era pasar a la radio… ¡antes que nada!… ¡ir y argumentar sobre cualquier cosa!… ¡pero deletrear el propio nombre cien veces!, ¡mil veces!… ser el ‘jabón de pompas grandes’ o la ‘navaja de afeitar sin hoja’… ¡o el ‘escritor genial’!… ¡la misma salsa, las mismas maneras! ¡Y no bien uno deja caer el micrófono se hace filmar! Filmar la propia infancia, la pubertad, la madurez, los pequeños percances…”.

Esta entrevista dada por Céline a Sadoul se inscribía, entonces, en el marco del lanzamiento de Conversaciones con el profesor Y, cuya publicación pasó completamente inadvertida. Habrá que esperar la salida de De un castillo al otro y la resonante entrevista dada por él a L’Express, para que Céline recupere su propio lugar, y que desde ese entonces no abandonó, en la primera fila de la escena literaria.

Es la primera vez que el escritor Louis-Ferdinand Céline habla para la radio. Louis-Ferdinand Céline, o doctor Destouches, como usted prefiera, me gustaría saber si comenzó a escribir antes de ejercer como médico.
En absoluto. Se podría decir eso si se toma en cuenta que yo escribí una tesis que se llama “La vida y la obra de Philippe Ignace Semmelweis”, y que, en definitiva, es un poco literaria. Podría considerarse como una primera novela. Una novela médica, estrictamente médica, y científica en una parte. Eso se remonta a 1924.


¿Y usted comenzó a trabajar de médico en qué año?
En el 24. Entré en la Société des Nations enseguida después de mi tesis, a la sección de epidemiología y de higiene en Ginebra, en 1924 exactamente, y permanecí allí cuatro años.


¿Pensaba usted realizar los dos oficios o ya había elegido su camino?
Yo tenía solamente la vocación médica, y lamento haberla descuidado un poco. Si me hubiera entregado totalmente a la medicina, no habría tenido tantos disgustos en mi vida, pero me entregué a la literatura, y lo pagué muy caro. Por otro lado, yo había empezado a escribir en 1927, al dejar la Société des Nations, para comprarme un departamento. Lo digo con toda franqueza… Porque en ese momento yo no tenía dinero, y me costaba mucho pagar el alquiler, entonces me dije: “Comprándote un departamento vas a tener una preocupación menos”. Entonces le pregunté a… fui a ver a Denoël… en realidad le dejé un manuscrito, me había puesto a escribir, era el manuscrito de Viaje al fin de la noche, y luego se lo dejé a Denoël, y se perdió, lo tenía otra mujer, hubo una confusión general, y luego finalmente lo encontraron… Me llamo Céline porque es el nombre de mi madre, ella se llamaba Céline, pensaba pasar desapercibido, porque me di cuenta enseguida de que es muy difícil practicar la medicina mientras se es escritor, ¿no? Lo miran a uno como un médico chistoso o un escritor de fantasía, eso vuelve la vida complicada. Ahora bien, al cabo de un tiempo atravesaron ese honesto anonimato, y luego, en efecto… se pusieron detrás de la pista… y me convertí en ese hombre llamado Céline, que es un nombre de mujer. Después continué escribiendo porque trabajaba en un dispensario municipal, y allí es visto con malos ojos cuando se practica la medicina y al mismo tiempo uno se da a conocer como escritor, no les gustaba la gente así, no les gustaba nada, la profesión de escritor les parecía ridícula, ese señor sentado a una mesa, detrás de una mesa, que se pone a pensar en cosas “sublimes”… ¿a asunto de qué? Pero yo lo hacía con un objetivo estrictamente alimenticio, comercial y necesario… y luego de golpe me informaron que el libro se vendía bien. Bien, me dije, tanto mejor, y luego la vida empezó a volverse muy complicada. Este asunto de escribir fue siempre para mí como una maldición… Bueno, ésa es toda la historia.


Sí, pero, Louis-Ferdinand Céline, me gustaría que me dijera cómo encontró no sólo el tema de Viaje al fin de la noche, sino también el estilo. Porque en su estilo hay algo que era, sobre todo en esa época, absolutamente revolucionario, ¿no? No se había visto un estilo semejante en la literatura.
Todavía no se ve, en el sentido de que los otros, los otros escritores, forzosamente, copian más o menos modelos, ¿no?, tienen un ideal, un entusiasmo: del griego “el dios que está en nosotros”. Entonces sienten un entusiasmo por… ¿quién?, ¿quién? Por Paul Bourget, por Miomandre, por Voltaire, por Anatole France... Y ese ideal les impide ser personales, porque, en el fondo, es muy poco lo que un hombre tiene de personal. Conocí a un profesor de canto en Ginebra, cuando estuve en Ginebra, que me decía: “Todos los hombres tienen una voz, no importa quien cante”. Entonces yo me decía: bien, sí, no importa quién. En efecto, yo creo que todo el mundo puede escribir un libro que sea suyo verdaderamente, es decir, que tenga un estilo propio, a condición de que tenga la humildad de restringirse y no intentar hacerse el gran escritor que diga: “ah, haré lo que hizo aquel otro”. Como me decían las mujeres: “Si tuviera su talento, ¡las cosas que escribiría!”. Todo eso es falso. Es muy poco lo que un hombre encuentra, la naturaleza le da muy pocas cosas para encontrar. Ya es muchísimo cuando simplemente hay algo para hacer. Es muy poco, una pequeña invención, no importa qué, el cuello postizo, o una cadena de bicicleta… esas fueron grandes invenciones, pero muy chiquitas también… y Lavoisier también es muy chiquito, contó los átomos, o las moléculas, pero eso es muy poco. Mientras que cuando se ve en grande y se quieren enviar mensajes al mundo, entonces se cae en una fantochada grotesca, como les pasa a casi todos los escritores, a todo el que se agita arriba de un escenario. Eso es simplemente hablar de uno mismo. Eso es paranoísmo, una enfermedad. Esta enfermedad que es soportable en una mujer que quiere actuar en escena, en un hombre político, en un abogado… es muy difícil de soportar en un hombre que tiene una técnica, porque ya no hay necesidad de hablar de uno. Como por ejemplo Rembrandt, que hacía diez veces su retrato. No creo que Rembrandt estuviera particularmente orgulloso de sí mismo, lejos de eso, simplemente trabajaba la cosa, se consideraba a sí mismo como una cosa.


Sí, precisamente, usted habla de técnica, es una cosa extremadamente importante para el literato. ¿Cómo fue que usted obtuvo esa técnica?, ¿la obtuvo enseguida o estuvo obligado a trabajarla durante mucho tiempo antes de, por ejemplo, hacer la puesta a punto para Viaje al fin de la noche?
Hay una cosa muy simple. Hablamos biológicamente, en el hombre. En todo hombre hay una manera de sentir y de hacer que no tiene nada que ver con la de su vecino. Por ejemplo, se sabe que no hay una hoja en el bosque que sea idéntica a otra. Pero los hombres son de tal manera que son la misma cosa, no se parecen forzosamente, eso no se puede, pero son intimidados por los otros a parecerse, y van detrás, son corderos… y los escritores también. Se imitan unos a otros sin saberlo; pero hay que decir que en el momento de nacer, si uno no ve los floreros al revés, no los verá jamás de ese modo. Es la historia de los pintores. La originalidad es poca cosa. Yo creo es más bien una pequeña técnica, una técnica nueva, por ejemplo como el estilo crawl en natación. El crawl en lugar del pecho… el crawl evidentemente destronó al pecho; batió todos los récords; del momento en que aparece una nueva técnica, los deportes progresan. En cuanto a esta historia de escribir, yo me dije humildemente, sin ningún tipo de pretensión… yo veía que lo que los otros escribían me exasperaba. Yo veía que ahí adentro había algo que me exasperaba. ¿Qué? No lo sé muy bien. Pero, en fin, era exasperante. Y ellos tienen el derecho de decir que yo los exaspero, no me opongo. Y esta exasperación venía de cierta forma que me parecía académica, lisa, chata, conformista, estilizada, engominada y, por ende, pedantesca… completamente… se vanagloriaban. Entonces, yo iba bastante a menudo –y esto lo explico en un libro que tal vez se encuentre en librerías (me recomiendo, recomiendo mis libros, soy verdaderamente muy indecente, pero recomiendo mis libros porque nadie los recomienda y me boicotean en todos lados; es algo evidente, todo el mundo lo sabe), se llama Conversaciones con el profesor Y. Se hace bien en recomendarlos, en comprarlos ahora, porque las tiradas no son muy grandes. Mi editor me sabotea, es un hecho.


Sí, pero yo tengo la impresión, ahora le hablo como amigo, que el Profesor Y, que es el entrevistador, ¿no?… está dirigido por el escritor de forma muy marcada.
¡Pero eso es necesario! Y le voy a decir por qué. Porque nunca se dirige de forma demasiado marcada la oposición técnica. Las personas no cuentan… ¡Las ideas! ¡Tiene ideas! ¡Envían mensajes! Pero de mensajes están llenas las bibliotecas, nada es más común y vulgar que las ideas, las ideas son innobles, los filósofos están llenos de ideas… Hay una técnica, hablemos de la aguja de Reverdin, lo digo siempre, ése es un invento admirable. La pequeña técnica, la pequeña cosa. Y el hombre no tiene mucho tiempo para encontrar algo extraordinario, la vida es demasiado breve, no tiene fuerza suficiente para eso, la naturaleza sólo le da muy poco tiempo para el hallazgo. Y si ha hecho un hallazgo, el tipo que inventó el cuello postizo, yo diría que era un genio. Es un poco mi caso…


Me gustaría que me hablara del Viaje al fin de la noche, y cómo encontró el tema del Viaje al fin de la noche. Usted me dice: en la base hay una cuestión alimenticia. De acuerdo, pero ¿las grandes ideas surgen de cuestiones alimenticias?
Sí, sí. Claro que sí. Claro que sí. Es así que…


Cuando Napoleón, por ejemplo, quería hacer la unificación de Europa, ¿se trataba de una cuestión alimenticia? Porque como usted tiene una debilidad por Napoleón, lo ataco en su propio terreno.
Napoleón manejaba a los hombres. Tenía ideas generales, sabía un montón de cosas… Él era filósofo, y yo no lo soy en absoluto. Era filósofo, lo que hace la cosa un poco diferente. Hablo de un problema técnico…technik, como dicen los alemanes, un problema technik… Y a la technik yo no le quito nunca los ojos de encima. Me pongo contento cuando me dicen –esto nos sucede a menudo en la medicina, durante treinta y cinco años yo practiqué de una manera empírica–: “¡Este niño tiene fiebre, doctor”, y es un trastorno, ¿no?, la palabra “fiebre” ya trastorna. Y uno no tiene otra manera de salvarlo, de salir de esa situación, que agarrando un termómetro, mirar, meter el termómetro donde ya sabemos y confirmar si verdaderamente tiene fiebre o no. Porque se ha comprobado en miles de casos que se puede tener calor, una irritación, una ebullición… y que no haya fiebre. Entonces uno está obligado a decirle: “Lo siento, señora, el chico no tiene fiebre”. Y generalmente en esos casos llaman a otro médico, que le encontrará la fiebre, porque la madre decidió que tiene fiebre. Y entonces le decía, me había hecho una idea de ese Viaje al fin de la noche… pero tener ideas, ideas hay en todos lados, eso no quiere decir nada, la calle está llena de ideas…


Sí, pero ésa usted no la encontró en la calle.
Pero no es nada, nada. Uno se detiene un segundo y después dice: “¡Ah! ¡Tengo una idea!”… En un salón hay miles de idea. Diez personas se encuentran en un salón y una dice: “Oh, si Virginie se pusiera a escribir… tiene una manera tan fina de escribirle a su tía; podría escribir novelas”.


Pero ella no sabe explotarlas...
No, no explotarlas, sino meterlas en el papel, que es otro asunto. Luego, que ellas se sostengan en la página, y además, las ideas no tienen nada que ver con eso. Es una manera, una especie de coincidencia, de conjunción de acontecimientos que vienen al caso. Le cuento algo al respecto. En una época, esto lo cuento en el Profesor Y, debía ir a menudo a la orilla izquierda del Sena. Yo iba de la orilla derecha, de la place Clichy, o de la place Pigalle. Y me dije: hay varias maneras de ir, o bien voy a pie, o en el metro, o en bicicleta, o en autobús. Utilicé todos los medios, y comprobé que ir a pie, en bicicleta o en autobús era muy complicado: lo detenían a uno en todas las esquinas, lo chocaban, no se llegaba nunca, uno tenía que estar siempre alerta… En esa época yo era joven, iba mirando las lindas damas, frescas y fogosas, que atraían mi mirada, y después me chocaba con policías, con perros… siempre reculando, en fin, mil problemas. Mientras que cuando uno va en el metro, y llegaba a Issy-les-Moulineaux, que era mi destino, enseguida, al cabo de algunas estaciones, lo único que había que hacer era sentarse, y luego uno llegaba. Entonces me dije: esto es una cuestión práctica. Habría que escribir de la misma manera que el metro. Entonces, el metro es la materia primera. ¿Cómo hacer? Lo que entra en juego no es el verbo, sino la emoción. En las Escrituras se dice: “En el comienzo era el verbo”. No, eso no fue así. En el comienzo era la emoción. Tenemos a un profesor de biología, Savy, un hombre eminente, que lo dijo muy bien: “En el comienzo era la emoción”. Al principio todo es emoción. Así, una ameba, un protozoario, cualquier animal primitivo, reacciona cuando se lo toca, se conmueve; un fagocito… vivimos gracias a la emoción de los fagocitos, que se abalanzan sobre los microbios. El verbo está para reemplazar a la emoción, ésa es la verdad.


Ya todo se acabó.
Ya todo se acabó… Un affaire ocurre en silencio. Desde el momento en que no hay silencio, no hay nada. Entonces usted me dirá: ¿cómo va a hacer? La clave está en deformar… deformar el estilo, de modo de captar la emoción. Esa emoción, ¿de dónde viene? Viene de su naturaleza personal, todo el mundo tiene emociones, no hay que ser cultivado… Un demagogo, un logógrafo no es emotivo, un charlatán no emociona. Pero a las emociones hay que buscarlas, hay que captarlas. ¿Captarlas cómo? ¡Ahí está la gran dificultad! Por ejemplo, supongamos que mañana matan al presidente de la República, al presidente de la Corte de Justicia o que hay una violación que sale en todos lados. En ese momento usted va a un café, a un almacén, a una plaza, ve a todas las personas reunidas, algunos discurren, hacen frases. ¿Qué buscan? Buscan el tono emotivo. El tono emotivo de la situación que se presenta, buscan el tono. Y una vez que encontraron el tono, se ponen contentos. Es el tono del acontecimiento, el tono emotivo del acontecimiento, lo que se busca en las conversaciones particulares. La terraza de un café, con todas esas personas agobiadas que beben alcohol, que se emborrachan… Buscan la emoción, ¿no? Hay que encontrar la emoción, el tono emotivo y luego mantenerse ahí. Entonces, una vez que uno encontró el tono emotivo que buscaba, uno agarra el estilo y lo retuerce… de cierta manera, o lo tensa… ésa es la gran dificultad, la enorme dificultad. Entonces uno tiene un estilo, si se puede decir así… la famosa historia de “el estilo es el hombre” era para una época, y entonces, por ejemplo, es imposible tener en este momento el mismo estilo que en 1900. ¿Por qué? Porque pasaron un montón de cosas, muchas invenciones atravesaron el estilo, lo hicieron papilla. El estilo Paul Bourget, el estilo Anatole France, todo eso es imposible, o es posible cuando hacemos arqueología, cuando nos inclinamos con nostalgia sobre el pasado. Evidentemente, comprendo muy bien el placer que uno puede sentir al escribir así. Pero no es actual. Y el mensaje tampoco es actual, ni el mensaje ni nada de eso. El estilo emotivo es lo único que le queda al hombre, porque la mecánica lo abarca todo. Tomemos la descripción… Los impresionistas salieron del atelier. Estaban los retratos, los cuadros… ya nadie quiere hacer un Le Radeau de la Méduse. Evidentemente, con la novela, ahora, una excelente novela, excelentes novelas, están escritas con luz de atelier… están escritas como se hacía la pintura en la época de Jean-Paul Laurens. Maria Chapdelaine, por ejemplo, que es… una cosita muy linda pero que no es emotiva, es una descripción, la insistencia en las situaciones. Pero para eso uno tiene un montón de trucos, uno tiene la medicina, que ha hecho muchísimos progresos, las investigaciones, que se han multiplicado, que informan sobre todo eso… uno no tiene necesidad de ir a buscarlo a los libros. Mientras que la emoción, nos queda la emoción. Porque, por ejemplo, hay que decirlo, los actos esenciales de la vida reposan sobre la emoción, y no insisto más… porque no quiero asustar.


Tengo más bien la impresión de que es una lógica rigurosa, incluso demasiado rigurosa, la que preside ahora casi todos los destinos sociales y humanos, y que esta lógica es la que mata cada vez más a la emoción.
No la mata del todo, ya que ella aparece en este momento, se la ve, en todos los terrenos. Por ejemplo, somos cuarenta mil médicos en Francia, reconocidos, los médicos que han hecho la carrera, y tenemos cuarenta mil curanderos, que proceden únicamente por la emoción. Tenemos la religión, consagrada únicamente a la emoción; tenemos la pintura que sólo vive por la emoción, por el sueño que desencadena. Mirar una pintura es emocionarse.


Al comienzo de esta entrevista usted me dijo que había comenzado a escribir por una necesidad alimenticia, ¿no?
¡Únicamente!


O para comprarse un departamento…
Que, por otro lado, no me compré.


Está bien, eso no importa. ¿Piensa usted que un escritor, usted o cualquier otro, o un pintor que quisiera trabajar sólo por el deseo de hacerlo, pueda tener una emoción por encargo? Porque hay un gesto emotivo que usted lleva a cabo, pero por encargo.
Ah, no, si no está hecho para eso, puede ser un ensayista, puede ser un muy buen periodista, puede ser un magnífico descriptor, pero no se es un escritor por necesidad. La necesidad de la época… todo lo que hacen los escritores, en mi opinión, son guiones que ganarían mucho si se llevaran al cine, sólo les falta un cineasta.


En el fondo, usted fue, en cierto sentido, un innovador en este género, sobre todo literario, que es el humor negro.
Yo no diría que es negro… Algunos artistas de nuestra época, algunos escritores me parecen que han rozado esta manera de expresarse. En el extranjero no veo a ninguno. Entre los ingleses no veo a nadie. Entre los alemanes, tampoco. Hay que ser muy civilizado, es nuestro caso, hay que estar muy avanzado en la emotividad, si se puede decir así. Y la emotividad de los ingleses, por ejemplo, la emotividad shakespeariana… esa manera de mandar estrellas al cielo a puñados, es magnífica. Incontestablemente el poeta más grande de su época, de todas las épocas tal vez, pero no es especialmente emotivo. La emotividad es una cosa totalmente distinta. La emotividad estaría más bien cerca de la lengua francesa, pero la lengua francesa no está trabajada… los escritores franceses en particular parecen ya no sentir eso, ya no sienten la necesidad. En cambio, uno encuentra por ejemplo en Villon, que sin embargo es antiguo, ese sentimiento. Él lo siente, lo quiere, y lo alcanza a través de sus versos. Alcanza esa emotividad. Pero eso no lo veo mucho en los escritores extranjeros. Y eso que conozco bien el inglés, conozco bien el alemán. En Heine tal vez, muy poco… En Francia somos víctimas del academicismo, de lo que se enseña en la universidad, cada uno tiene sus modelos, y lo que llaman originalidad no son más que refritos, siempre la misma fórmula, refritos de refritos, de Voltaire, de Bourget… Hay admirables periodistas… yo no veo que haya emotividad en un periodista y además no tiene necesidad de ser emotivo. Pero en lo que concierne al escaso, al pequeño segmento que les dejan a los escritores, luego de la formidable irrupción del cine, de la televisión, de la radio, todas esas bellas invenciones, es evidente que lo único que le queda al escritor es la emoción. Y los franceses, que tenemos esa lengua real que es el francés, esa lengua imperial de la que todos los pueblos dependen, salvo cuando uno llega a los eslavos o a los chinos, a los orientales… Pero Alemania, Inglaterra, América, dependen claramente del francés, o del latín, que es más o menos lo mismo… No hay una palabra nueva en inglés americano que no venga del latín. Nosotros somos tributarios de esta descendencia, que es una felicidad, porque estaba muy bien fabricada. Ningún pueblo tiene una Biblioteca Pléiade ni gramáticos como los que tenemos nosotros. Se ha dicho: el francés es académico; esos son cuentos. Es académico porque está trabajado por gente monótona, que no trabaja mucho el tema, que nunca se esfuerza, que no tiene la humildad de tirar todo abajo y después decirse: eso no es lo que buscaba. Frecuenté los asilos, como interno, los asilos de locos… ¿Y qué se les pregunta a los locos? ¿Cuál es el interrogatorio que se le hace primero a un loco? Se le pregunta dónde está, quién es y qué hora es… Es el ABC del interrogatorio del loco, de ese señor que ya no sabe dónde está ni quién es. Y bien, no puedo decir que los escritores de hoy en día se den cuenta de eso. Hay una locura en esta placidez del escritor actual frente al mundo moderno, hay una especie de locura que consiste en negar. En suma, en no saber dónde se está, quién se es y qué hora es. Es la hora del cine, se está en Francia con su lenguaje, y uno es uno. Pero no pueden analizar la situación.


Hay un gran reproche que se le formula a usted en relación con sus libros, y es el empleo de palabras muy ordinarias, no diría las más vulgares, ni las más groseras, pero a menudo se dice: “Céline es un escritor que goza utilizando las palabras más bajas, y que elige en general para expresarse el lenguaje más común”. Entonces, me gustaría que nos diera una explicación, porque yo sé que usted es un defensor de la lengua francesa.
Un día le dije a Marie Bell justamente eso: “eres una basura”, y ella me dijo: “no, en absoluto, porque para hacer basura hay que haber salido de ella, hay que estar muy desapegado”. Bueno, ése es mi caso. Yo soy esencialmente refinado y esencialmente puritano. Bebo agua, como fideos… Y no fumo, no tengo ningún vicio, ninguno.


Por otro lado, los más virtuosos son los más peligrosos.
Sí, exacto. Es lo que le reprocharon a Robespierre, y con justeza, y que terminó tan mal. Y entonces, la historia de esta basura que usted dice que yo manejo… Me reprochan…


¿Cómo si fueron médicos?
Le reprochan a un pintor el utilizar el color caca en el fondo de un cuadro; el color caca es un bello color para un fondo, el fondo de muchos cuadros es de color caca, pero es la combinación de tintas la que hace a la cosa. Los franceses tienen una lengua magnífica, pero no son muy artistas. Es lo que le reprochaban a Lanson. Lanson, el barbudo, el terrible Lanson, académico si los hubo, y él lo decía bien: “evidentemente, los franceses no son muy artistas”. Y no lo son porque tienen una lengua que ha sido muy pulida, quizá les tienen demasiado respeto a las formas, después está el diploma de estudios, el título universitario, el bachillerato, el doctorado, están los discursos académicos, están los periódicos, que tienen un lenguaje fundamentalmente objetivo, que no son subjetivos… Todo esto les impide soñar, al ensueño hay que constreñirlo. Podría dar el ejemplo de Villon, en Villon hay ensueño, pero está constreñido, está terriblemente frenado, encajonado.


Se dice que usted es uno de los primeros en haber utilizado el argot.
Para nada. Es una vieja historia. El argot fue utilizado mucho antes que yo, por todo el mundo. Hay admirables canciones, de la banda de Mandrin, que son absolutamente formidables. Y en el argot de su época, Villon también lo hacía… De una forma más floja, Bruant, que no sabía cómo utilizarlo, que no lo metía en la novela, tenía miedo, y hacía esas novelas de estilo académico. Era muy divertido, Bruant.


Pero yo creo que en Bruant hay un falso argot…
El hombre tenía inspiración, pero era tímido. Porque hace falta mucha desfachatez para lanzarse a escribir en esta querida lengua francesa, tan defendida por el cuerpo constituido, por un pasado, un historismo famoso, como decían los alemanes. Hace falta mucho coraje para cortarla en pedazos y después decir: no, no es así. Ahí está el cuello postizo, el crawl. Lo que quiero decir es que ahora se nada en crawl. Pero antes todos nadaban pecho. Ahora bien, durante mucho tiempo, evidentemente, todas las personas que nadan pecho continúan nadando pecho… Es así. Pero sin embargo, perciben que hay otra cosa, le echan el ojo al crawl, luego copian, pero sin reconocer que copian. Pura banalidad… El argot hay que utilizarlo, es un lenguaje muy importante. El mismo Malherbe lo recomendaba. Pero es necesario que permanezca en el vehículo, que no se desborde, que no detenga al vagón, que no lo frene, que no lo desvíe a izquierda, a derecha, y que finalmente no llegue a ninguna parte. Para eso es necesario tener una meta.


Louis-Ferdinand Céline: ¿no pensó alguna vez en expresarse por otro medio que no sea la literatura? Por el cine, por ejemplo… o la radio…
En absoluto. No tengo talento para hacer eso. No tengo talento para nada, creo, salvo para esta pequeña manera de hacer, de encontrar la emoción del lenguaje hablado a través de lo escrito. Lo que es bastante difícil, demanda mucho trabajo. No voy a hablar de esto porque no es conveniente hablarles del trabajo que uno hace a las personas que lo escuchan, y en realidad, a nadie.


¿Pero el lenguaje cinematográfico es un lenguaje que usted podría utilizar como medio de expresión?
Soy un hombre que hace trucos para personas que están en sus casas y que quieren leer… Y yo hago el trabajo, es decir, ellos tienen que sentir, cuando me leen en voz baja, que alguien les habla adentro suyo. En su interior. Ésa es toda la cuestión. Y que les habla a ellos, a sus nervios, directamente. Y no a su oreja, que la química se haga en sus cabezas, directamente. No hay necesidad de leer en voz alta. A menudo la gente me dice: usted debería leer sus cosas en voz alta. Eso sería grotesco. Los míos no son libros para leer en voz alta. Soy un hombre de la intimidad. Esto parece curioso, para la intimidad. En efecto, el lector se ofusca un poco con la lectura, es un poco maltratado. Pero eso es premeditado. Es víctima de una violación premeditada. Ésa es la cuestión. Se dice que la música es un mensaje directo al sistema nervioso, y reconozco que me inclinaría a la música, evidentemente, si pudiera elegir. Si me hubiera preguntado qué carrera artística quería hacer, habría pedido ser músico, evidentemente. O poeta, poeta…


Porque usted piensa que el lenguaje musical es mucho más importante que el lenguaje…
Más emotivo. Lo que me interesa en este punto es la emoción, no el verbo. Al comienzo era el verbo. El verbo es el blabla… el verbo es un desecho, es la intelectualidad… es un desecho de la emoción. Cuando no tenemos nada que hacer, cuando ya no tenemos nada, cuando ya no sentimos nada… hablamos. Mientras que los grandes sentimientos son mudos. La emoción se calla.


Para terminar, me gustaría que hablara un poco de sus dos últimos libros: Fantasía para otra ocasión y Normance.
Fantasía para otra ocasión y Normance son desagradables, ofensivos, porque cuando el lector lee Viaje al fin de la noche, todavía está un poco en la literatura costumbrista, mientras que aquí se sale realmente de eso y se está claramente en un lenguaje puramente emotivo. Ese lenguaje que, sin embargo, me traerá la victoria cuando yo haya muerto. Hay que morir… La gloria es sólo para los muertos. Los vivos sólo llegan a la Academia.


Se pone emotivo…
No, no me pongo emotivo. Pero es evidente que estoy destinado a ser escupido, vilipendiado, ensuciado, mortificado, y, de ser posible, fusilado hasta el fin de mis días. Sócrates ya lo había previsto. Pero yendo aFantasía para otra ocasión y Normance… evidentemente ubican, ponen, meten al lector delante de una manera de escribir que lo indigna, porque el lector se dice: este tipo no tiene título secundario, no aprendió nada en la escuela, no aprendió nada leyendo el diario, ese tipo se expresa de una manera innoble, no sabe terminar las frases…


¿Y por qué no quiere terminarlas?
¿Por qué un poeta escribe en versos? ¿Por qué no escribe en prosa? Prudhomme escribía en versos, naturalmente. Bueno, yo escribo en prosa, naturalmente.


¿Y busca usted indignar al lector?
En absoluto. Yo solo me ocupo de la técnica. El lector me da lo mismo, me es indiferente en la medida de lo posible.


¿No se ocupa del lector en lo más mínimo?
No, en absoluto, no me importa lo que piense. Me interesa mucho que compre mis libros, porque eso me permite comer.


¿Va a haber una continuación de Normance?
Eso es un hecho. Pero demanda mucho trabajo…


Justamente, hay una pregunta que me gustaría hacerle… ¿trabaja fácilmente o difícilmente?
Trabajo fácilmente y difícilmente, es decir, que el trabajo que yo hago es muy difícil, nadie puede hacerlo, la prueba es que nadie lo hace, y demanda mucho trabajo. Porque esta facilidad, borrar el trabajo para que no se lo vea, demanda mucho trabajo. Pero no le voy a dar muchos detalles al lector eventual porque no tiene necesidad de saber esas cosas. Es suficiente con que abra el libro y que se sienta cautivado. Habiendo pagado primero. Entonces dice: “Ah, este Ferdinand, este Destouches es un cerdo”, en fin, todo lo que él quiera, eso es la emoción, es evidente.


Y vuelve al libro…
Y vuelve. Y cuando lee a los otros. Cuando lee a los otros, los otros lo asquean… Ésa es mi guerra: volver a los otros ilegibles.


¿Los otros son muy suaves?
Demasiado suaves, demasiado académicos…


¿Recibe muchas cartas de injurias de sus lectores?
Recibo de todo, todo tipo injurias, de amenazas… Pero eso no me molesta. ¡La técnica ante todo!


¿Tuvo lectores que al principio se horripilaron con sus textos, con su estilo, y que luego se volvieron admiradores?
De eso no me ocupo. No me interesa que se horripilen, que se horroricen, que se espeluznen… Me da igual. El hombre me resulta indiferente.


Verdaderamente… usted es un ser bastante horripilante para el lector.
Sí, pero me da igual, yo no busco serlo. Llevo el desprecio hasta el punto de ni siquiera preguntar si soy horripilante. Me da igual. Todo me da igual. Menos la técnica. La técnica… ¿Funciona mi cuchillo, mi cuello postizo, o no funciona?


Y bien… por ahora parece funcionar.
Todo está ahí.


…creo que ha demostrado tener una excelente técnica…

¡Todo está ahí! ¡Todo está ahí!

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Jean Michel Vappereau, paciente de Lacan: “El análisis es aprender a leer en la confusión”

–¿En qué momento conoció a Lacan?

–Encontré a Lacan gracias a un profesor de filosofía, también matemático, que se llama Desanti, en el Departamento de Etnología en la Universidad de París VII. Pasando por los pasillos para tomar el ascensor vi, en un afiche, que Desanti daba un curso, y fui durante cinco años a su Seminario todas las semanas. El estaba muy contento de ver matemáticos porque él era filósofo y alumno de Gaston Bachelard. Había hecho una tesis que se llamaba “Las idealidades matemáticas”. Lacan asistió al sostenimiento de la tesis. Yo tenía 21 años y hacía estudios de matemáticas. Trabajé muy bien en el Seminario de Desanti, hice exposiciones, me interesaba en la física, pero mi profesor me dijo que para hacer física debía hacer estudios de matemáticas.

–También le gustaba la música.

–Tocaba jazz, me gustaba mucho en esa época grabar los conciertos de jazz, me gustaba la música concreta, la música electrónica. Era muy estudioso y estaba preocupado por muchas cuestiones y aún no sabía la importancia de las matemáticas. Tenía idea pero había cosas que no comprendía, muchas, y que comprendí mas tarde. Por eso fui al seminario de Desanti, porque él había hecho su tesis y la historia de una teoría matemática. Había dejado el Partido Comunista y se había interesado por la dialéctica histórica. Fue un personaje muy importante de la Resistencia y del Partido. Era alguien formidable y después de dos años él estaba sorprendido de que yo continuara asistiendo al seminario. Sabía dirigir a estudiantes de filosofía, él había hecho su tesis muy tarde, a los 55 años, como Althusser, que la hizo un poco después. Su mujer, Dominique Desanti, es una mujer famosa, es escritora, habían organizado el Seminario en Etnología.

–¿Qué estudia la etnología?

–Estudia a los pueblos en un grado cero de la historia. Que no tienen escritura propia pero que practican los mitos como forma de recuerdo, eso es lo que demostró Lévi-Strauss y me convertí en un gran lector de Lévi-Strauss y otros autores y otros etnólogos que estudian siempre la lengua.

–Se iba acercando a un pensamiento abstracto.

–No es abstracto, es un material de palabra y de escritura. Buscaba comprender qué eran las matemáticas, por qué son importantes en nuestra civilización, cómo funcionan. Al cabo de dos años no sabía muy bien qué hacer conmigo, entonces quiso la suerte que Lacan iba todos los días por las mañanas a la casa de Desanti y le tocaba la puerta para hacerle preguntas sobre su tesis. Un día me dijo: “Mire, yo tengo todos los días al Dr. Lacan que asedia mi casa” y como yo había empezado a leerlo gracias a los alumnos de la Universidad de Nanterre, mi novia de esa época me había dado un libro de Wilhelm Reich donde dice que Freud se equivoca: “No hay instinto de muerte”, y como yo era un joven obsesivo, curioso, me planteaba la pregunta sobre la muerte, el suicidio, sobre qué era eso. Entonces leí el libro de Freud Más allá del principio de placer y estaba sorprendido porque consideraba al psicoanálisis como una fantasía, como algo extravagante. Leí cómo Freud hacía un razonamiento coherente. El decía que el sueño es la realización de un deseo, pero hay sueños de angustia que se llaman pesadillas, Freud va a refutar su propia teoría, es un muy buen lógico, y Lacan es el más grande lógico del siglo XX. Hablo de estos temas con mis amigos y ellos me dicen que eso que leí de la refutación de la teoría de los sueños y el descubrimiento de Freud de la repetición es lo que Lacan comenzó a estudiar desde el inicio de sus seminarios. Entonces empecé a leer a Lacan y no entendía nada. Lo leía y sabía que ahí se encontraban las cosas que me interesaban y me importaban.

–¿A pesar de su hermetismo?

–Sabía que estaban ahí, pero era necesario un desvío hasta lograr comprender. Tenía cosas que aprender.

–¿No pensaba dedicarse al psicoanálisis?

–A veces en el seminario de Desanti hablaba de mis lecturas de Lacan. En esa época estudié a Chomsky, el lingüista, con una amiga. Yo le enseñaba lógica y ella lingüística. Todo eso era muy cercano a Lacan pero aún yo no lo conocía entonces. Desanti de golpe me dice que Lacan iba todos los días a su casa y le planteaba un montón de preguntas y como en esa época yo tenía una buena cultura general en matemáticas Desanti me dijo: “Usted podría contestar perfectamente a las preguntas de Lacan. ¿Me permite que yo le dé su número de teléfono?”. El esperaba liberarse de Lacan. Yo estaba maravillado. Sobre todo porque mi novia, la que me había hecho leer a Reich, me había dejado. Estaba en estado de descomposición física, económica y social completa. Quería responder a algunas preguntas fundamentales y estaba muy mal, mi abuelo se murió, me instalé en la casa de mi abuela porque el departamento estaba casi vacío y en ese momento Lacan me llamó por teléfono. Mi abuela me dice: “Es la secretaria de un señor Lacan, dice que te quiere hablar”. Yo estaba muy contento, mi abuela no entendía nada. Agarro el teléfono y Lacan empieza a hablarme con esa voz muy dulce, muy suave, baja y me dice: “¿Usted puede venir a verme?” Me da su dirección y me explica que tengo que tocar el timbre en la calle, luego entrar al patio, que en el fondo hay una escalera... se detiene y empieza a pensar porque no logra explicarme dónde estaba su departamento, buscaba una palabra, usted tome la primera... y luego un silencio y tome la primera vuelta de la escalera. A mí me encantó eso porque me encanta buscar la palabra más justa cuando tengo una intuición. Hay varias palabras que se proponen, en fin, es como cuando uno traduce, uno sabe que hay una manera de decirlo mejor, uno busca eso. Así fue como fui por primera vez a la casa de Lacan en la calle Lille.

–¿Cómo fue el encuentro?

–Antes quisiera decirle cómo oí por primera vez el nombre de Lacan. Un día, en un auto, una amiga me habla de un cierto psiquiatra que debe ser loco que se llama Roland Barthes, ella quería hablar de Lacan pero lo confundió con Barthes, lo cual es muy frecuente, y el hecho de decir que Lacan es un poco loco, un poco extravagante, y la paradoja del psiquiatra loco gusta mucho. Pero la persona que me habló de Lacan llamándolo por su nombre y que lo conocía bien es Roland Dumas, que era el abogado de Lacan, y luego fue ministro de Mitterrand. Era a fines de los años ’60, teníamos amigos en común y fuimos con Dumas de vacaciones a escuchar música contemporánea y jazz. Me quería mucho porque hacía matemáticas y me gustaba la música. Dumas me habló muy bien de Lacan. Me contó que Lacan lo llamaba en el ‘68 para caminar juntos por la calle en medio de las manifestaciones. Lacan quería estar en París cuando había disturbios, problemas. La primera vez que lo vi la secretaria me abre la puerta, me hace pasar a la sala de espera donde había dos personas. Una estaba muy nerviosa, se paraba y se sentaba todo el tiempo. Esperé y al cabo de un momento noto que la puerta se abre un poco y aparece de golpe la cabeza de Lacan para mirar. Luego la retira y se va. Luego viene a buscarme a la sala de espera y me dice: “Vamos a almorzar”. Nos sentamos enfrente de su consultorio y comenzó a hacerme preguntas, me hizo pasar un examen. Me preguntó qué es un cuerpo arquimediano, que es el cuerpo de los números reales, y como yo era bastante joven e impertinente y había una disputa en París en 1971 entre epistemología genética y el estructuralismo, le pregunté a Lacan: “¿Qué piensa usted de la epistemología genética?”. Que era Piaget y toda la gente que escribía en contra del estructuralismo. Lacan se endereza, pone su mano en la cadera y me dice: “No es mi tipo la epistemología genética”. Eso es todo. Era divertido. Había chicas que publicitaban cigarrillos americanos. Yo fumaba una pipa, Lacan fumaba cigarros, pero era muy amable con las chicas, muy sonriente, muy seductor. Así empecé a ver a Lacan una o dos veces por mes y pasábamos horas a la mañana o a la noche en su consultorio o en el comedor, había una mesa que estaba contra la ventana.

–¿Por qué el interés de Lacan por las matemáticas, por la búsqueda de esa palabra?

–Las matemáticas son algo importante en el mundo científico desde Galileo, la ciencia es matemáticas, el gran libro del mundo se escribe con triángulos, rectas y círculos. Desde Newton y después Descartes. Lacan se interesó en las matemáticas porque todos los profesores que conocí de Letras, de Filosofía, o de Historia, los intelectuales, se interesan tanto en la literatura como en las matemáticas. Las matemáticas van a interesarse en Lacan porque fue en Lacan donde leí el enunciado más esclarecedor sobre las matemáticas. Había empezado a tener esta idea con Frege, que es un lógico alemán que quería hacer una ideografía, un sistema de escritura para acompañar el razonamiento aritmético, y Frege dice: “No se descubre la demostración de un teorema de la misma manera que después se presenta la demostración del teorema”. Es decir, cuando uno quiere explicar, demostrar un teorema, no tiene nada que ver con contar cómo uno lo descubrió. Descubrir es una aventura y cuando uno lo encontró hay que cambiar la presentación. Gracias a Frege pude comprender qué eran los números complejos, los números imaginarios. Qué es lo que Lacan dice en un seminario que es el Libro dos que trata sobre el “yo” en la teoría de Freud. Al comienzo de una lección Lacan dice esta cosa extraordinaria: “Las matemáticas no son una cuestión de potencia del pensamiento, se trata solamente de introducir una buena letra, bien construida, en el buen lugar y es así como progresan las matemáticas”.

–¿De eso se trata el psicoanálisis?

–El analizante no es un matemático, pero debe ser el mismo tipo de actividad con las palabras así como con las letras. Entonces se busca una palabra, se busca una letra mejor, entonces es eso el análisis, el analizante está más cerca del matemático que busca resolver un teorema, para demostrarlo, pero no es una cuestión de gran cabeza, es mejor tener una gran cultura, ser curioso de todos los dominios, por eso yo no comprendo a la gente que dice que no hay que hacer matemáticas en el psicoanálisis, que el psicoanálisis es una psicología me indigna. Al año siguiente, en julio del ’72, empecé mi análisis con Lacan.

–¿Le pidió entrar en análisis?

–Sí y en menos de un año estaba en una transferencia que estaba pegado al techo. La transferencia es lo que define al psicoanálisis. ¿Por qué se le dice a un paciente que hable? Freud no era para nada libertario ni anarquista ni lo era Lacan, no se exige en el psicoanálisis ningún reglamento, ninguna vigilancia, ninguna evaluación, porque se quiere una libertad de palabra absoluta sin coerciones. ¿Por qué? Porque el sujeto va a chocar con una situación en que no puede hablar y es eso lo que se espera. La transferencia es el hecho de que no se puede decir todo, cuando deviene urgente decir algo y uno no lo dice, uno empieza a hacer un montón de cosas excéntricas, se hacen cosas en lugar de las palabras. Se le pide que hable para esperar a cuando él se calle. En el psicoanálisis lo más importante es el silencio, lo que no se puede decir. No es como dicen los curas o los psicólogos, que la palabra tendría una sustancia mágica que a uno le permitiría liberarse o aliviarse como si uno estuviera constipado. Allí donde hay silencio uno sabe que hay granos que moler. El análisis es aprender a leer en la confusión. Yo estaba en esa situación, después de la separación de mi novia más la muerte de mi abuelo más el encuentro con Lacan. Yo hablaba con Lacan de matemáticas pero yo quería hablarle de otras cosas y no me daba cuenta. Y alguien me dijo: “Vos estás en plena transferencia”: Le hablé por teléfono a fines de julio de 1972, lo fui a ver y me recibió en su casa, en su dormitorio, y ahí le dije que yo quería hacer con él un análisis y él estaba tan contento y emocionado que se le rompieron los anteojos. Me dijo que volviera en septiembre y me pasé los días de julio y todo agosto en una especie de esquizografía, llené todos unos portafolios con papeles escritos. Estaba apasionado por el trabajo con Lacan.

–¿Qué recuerda de ese vínculo con Lacan?

–Le hablé de las cosas que me preocupaban, pero Lacan se interesaba más que nada en las cosas escritas. Había pasado de una clínica de la palabra a una clínica de lo escrito. Se interesaba en lo que la gente escribía, lo que él podía leer en los papeles.

–¿Así analizaba?

–Leía y cuando en septiembre le dije que tenía unos portafolios con escritos él me dijo: “Tráigamelos en seguida”. En los años que siguieron cada vez que le decía que había escrito algo sobre la memoria, sobre el olvido, sobre el recuerdo, él me decía: “Tráigamelo”. Estaba todo el tiempo muy preocupado por las palabras, en su consultorio parecía aburrirse tanto con tanta gente que iba a verlo que pasaba el tiempo haciendo bromas o chistes privados, como el primer día que fui, que asomó la cabeza para mirarme. Era un pícaro magnífico, celestial. El caminaba con los mocasines sobre la alfombra sin hacer ruido y empujaba la puerta, pasaba su cabeza y su brazo, y toda la gente en la sala de espera se sobresaltaba.

–No era un hombre serio...

–No se tomaba en serio y no estaba loco. En lugar de creerse Lacan él era alguien lúcido, estaba muy al tanto de las cosas cotidianas, leía el diario, había mucha gente alrededor de él, tenía familia. A mí me hacía las preguntas, cómo vivía, dónde vivía, cómo ganaba el dinero para vivir. En ese entonces había dejado la casa de mi abuela y vivía en una casa ocupada y vivía gracias a clases de matemáticas. Era alguien extremadamente atento, generoso y muy preocupado por el psicoanálisis y su práctica. El es el psicoanálisis, Lacan y Freud son analizantes.

–¿Buscaba dónde la persona sufre?

–Lacan sabía que él jugaba un papel para los otros y que alguien se analiza con un analista, es una función. En Kant hay objetos que llegan a la intuición por la sensibilidad, son objetos fenomenológicos, y qué es lo que hace el entendimiento con esos objetos, siempre según la filosofía clásica, el entendimiento va a conceptualizar los objetos, en Kant es la silogística de Aristóteles lo que hace a la conceptualización y la clasificación. Hay algo que Kant olvidó y es que mi sensibilidad me provee también objetos que están acá, letras que forman palabras, uno no conceptualiza, uno lee y ¿qué es leer? Nadie sabe qué es. Freud abrió el camino sobre qué es escribir, qué es hablar. Todo lo que sabemos es que el que quiere escribir o quiere hablar va a encontrar tensiones enormes. Quiero comenzar a trabajar, comienzo, trabajo, voy a terminar, termino, todo eso se llama el aspecto del verbo.

–La acción.

–Es la posición del sujeto en el tiempo de la acción y es mucho más difícil hablar o escribir y leer que manejar el control remoto para encender la televisión. Lo que uno no puede decir puede comenzar a escribirlo. Podemos encontrar lugares donde uno no puede escribir. A eso Lacan llama “lo real”.

–¿Cuál era vínculo entre Lacan y la literatura?

–Freud ya era un gran lector, Lacan comentó mucho el teatro, fue un gran lector de la Poética de Aristóteles, la comedia y la tragedia. Era alguien muy lúcido. Einstein creyó que el psicoanálisis tenía que ver con la responsabilidad del científico y ese es otro ejemplo que permite comprender a Lacan. En la actualidad el psicoanálisis devino en una psicoterapia sectaria y mística, Lacan luchó contra eso. Explica hasta dónde la palabra llega con el psicoanálisis, hay una implicación del cuerpo en el lenguaje y la palabra, es un lugar donde hay intuición. Allí el psicoanálisis se detiene y comienza la poesía. Lacan estudió una obra de Joyce que es autobiográfica, Retrato de un artista adolescente, pero no analiza a Joyce, no mezcla las zonas de trabajo. Lacan no quiso hacer un seminario sobre el padre porque él dice que no le quiere dar su doctrina sobre el padre a los psicoanalistas actuales. Pero en la obra de Lacan hay todas las indicaciones para poder leer sobre lo que Lacan quiso decir sobre el nombre del padre. A las cosas hay que ir a buscarlas y eso va a depender de varias generaciones.

–Lacan, en una muestra de gratitud hacia usted, le obsequia sus dibujos. ¿Cómo fue que ocurrió?

–En su último año del seminario Lacan tomó todos los dibujos y los papeles de cálculo que tenía en su casa, había cosas que le habían dado y cosas que escribía, iba a su casa de campo, agarraba los papeles que estaban en el piso en su consultorio, los ponía en su portafolios y se iba en auto con sus documentos y después que me hizo hablar en su seminario me dijo: “¿Cuándo puedo ir a su casa?”. Yo estaba sorprendido. Esto fue un viernes y el lunes vino con su jardinero, que se llamaba Jesús, un hombre de familia española. Si había un problema en la casa se decía: “Hay que preguntarle a Jesús, porque Jesús se ocupaba de todo” (risas). Lacan entró con una valija miró el living, fue hasta la cocina, volvió, abrió la valija y la vació en el piso sobre la alfombra en el medio del living. Pasé varios días clasificando esos papeles, los seleccioné, compré carpetas de cartón en función de los temas, guardé todo muy bien y lo sigo teniendo. Después fui a verlo para decirle qué había encontrado en esa masa de papeles.

–¿Cómo vio Lacan el Mayo francés?

–Quería hacerse una Reforma en la Universidad. Existe el mercado del trabajo desde el ascenso del capitalismo, quiere hacerse una universidad americana paga y Lacan dice que no hay que hacer un mercado del saber. Porque el trabajo y el saber producen plusvalía pero el saber es gratuito, llega al cuerpo. El saber no es penoso y los universitarios están listos a precipitarse a ese mercado del saber. Incluso en la época medieval era así.

–¿Piensa que hubo un reconocimiento académico a Lacan o Francia quedó en deuda con él?

–Lacan no quiso el reconocimiento, le habían propuesto que hiciera los trámites para poder entrar a la Academia Francesa de Letras y él rehusó. Francia es incrédula y trata a Lacan como si fuera sospechoso. No hay una deuda respecto de Lacan, hay una duda, no se comprende el interés por Lacan.

Por Sergio Kisielewsky

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Claude Lanzmann: "Vivimos un mundo que no sabe dónde va"

Hace un cuarto de siglo que apareció Shoah y su director, Claude Lanzmann (París, 1925) no ve grandes diferencias en la recepción del mayor testimonio sobre el Holocausto filmado hasta la fecha. "Es una película que no envejece. Cada vez que se proyecta, crea su propia actualidad", dice Lanzmann, mientras hace un rápido repaso de las numerosas revistas que dan cuenta de una próxima emisión en Arte, la cadena de televisión francoalemana, el próximo miércoles en horario de máxima audiencia. No ha sido fácil encontrar las publicaciones: en el luminoso estudio de una calle de París no lejos del Barrio Latino, se amontonan libros, archivos y, también, fotografías que recorren un largo periodo de su historia personal, superpuesto a la de Francia. Apoyadas contra los libros en los estantes, se suceden imágenes de Malraux, Sartre y los redactores de Les temps modernes, Lanzmann junto a Simone de Beauvoir acodados en la mesa de un café.

La extraordinaria duración de Shoah, más de nueve horas, ha llevado a que, en esta ocasión, se emita en dos partes. Pero hubo otra hace tres años en que se hizo sin interrupciones, tan sólo 20 minutos de pausa a medianoche para las noticias. Personas que la vieron le escribieron a Lanzmann contándole la impresión de contemplar el amanecer coincidiendo con el final de Shoah. "Hay algo inmortal en esta película. Y se confirma generación tras generación de espectadores". El mismo empleo del término Shoah remite a la película. En palabras de Lanzmann, fue un "acto radical de denominación: sólo a partir de mi película se empezó a llamar así al Holocausto". Lanzmann estará el jueves en Madrid, en Casa Sefarad, en el Día de la Memoria del Holocausto y a inaugurar una retrospectiva sobre su obra.

Pregunta. Lo que sí parece haber cambiado es que el Holocausto, la Shoah, se ha convertido en tema de otras películas.

Respuesta. Vi La lista de Schindler, de Spielberg, cuando apareció, y no he cambiado de opinión desde entonces. Le tengo mucho respeto como director, es un magnífico cineasta. Pero creo que, aunque pueda parecer extraño decirlo, Spielberg no reflexionó suficientemente sobre el cine ni sobre la Shoah. Se limitó a reflejar un caso particular. Tampoco apruebo algunas escenas como la de la ducha de las mujeres en la que acaba saliendo agua, no gas. Para la mayoría de los judíos fue al contrario, salió gas por donde esperaban que saliera agua. Spielberg no tenía derecho a hacerlo, es un truco cinematográfico que induce a error. Además, en la película da a entender que hay una relación necesaria entre la Shoah y la creación del Estado de Israel; a mi juicio, fue un factor más, pero no se puede ofrecer una explicación tan lineal como la de Spielberg.

P. También el Nobel húngaro, Imre Kertész, le hizo reproches. Sin embargo, defendía La vida es bella, de Roberto Benigni.

R. Kertész se equivoca, y se lo he dicho. Cuando hizo las declaraciones sobre la película de Benigni no había visto Shoah. La vida no era bella en los campos de exterminio. El propio Kertész incluye una frase sorprendente en su novela más conocida, Sin destino. De vuelta en Budapest después del campo, su personaje dice echarlo de menos. Por fortuna para Kertész, su experiencia como deportado no se refiere tanto a Auschwitz como a Buchenwald, que era un campo de concentración, no de exterminio. Y hay que diferenciar unos campos de otros.

P. ¿Cómo se diferencian en Shoah?

R. Quise que fuera una película sin cadáveres, porque en los campos de exterminio no los había. En un primer periodo los enterraban, pero inmediatamente comenzaron a incinerarlos. Los nazis intentaron que el Holocausto fuera un crimen perfecto, y es en ese intento de borrar las huellas donde han querido apoyarse los negacionistas.

P. Lo que plantea Benigni, y apoya Kertész, es la conversión del Holocausto en tema cinematográfico como medio para conservar el recuerdo, la memoria.

R. Muchos artistas y cineastas lo han intentado después de Shoah. La película del rumano Radu Mihaileanu, El tren de la vida, es muy distinta de la de Benigni, y está bien. Cada director ha hecho su aportación de acuerdo con sus propias posibilidades, pero creo que nunca habrá otra película parecida a Shoah. No habrá ese algo inmortal que refleja y del que hablaba hace un instante.

P. La última película de Andrej Wajda, Katyn, extiende la mirada hacia el horror soviético.

R. No me parece que la película de Wajda sea formidable. Últimamente se comparan con frecuencia los campos soviéticos a los campos de exterminio. Los soviéticos eran, sin duda, el horror absoluto, en esos campos se cometieron crímenes atroces por parte de Stalin. Pero el Gulag y los campos de exterminio son cosas distintas. Y el proyecto fundamental que había detrás, también. Al principio, el comunismo pretendía la emancipación humana, y el nazismo, la superioridad de unos seres humanos sobre otros. No se trata de defender nada, sino de constatar la diferencia y de conservar la especificidad de los hechos históricos.

P. También en Alemania han empezado a aparecer películas que muestran la oposición de algunos alemanes a Hitler, como Sophie Schöll.

R. En mis memorias, La liebre de Patagonia, hablo del movimiento de la Rosa Blanca, al que pertenecía Sophie Schöll. Fueron héroes que salvaron el honor de Alemania y el honor de la humanidad. Por otra parte, es cierto que los alemanes durante la guerra y en los años que siguieron advirtieron la gravedad inaudita del crimen cometido, y optaron por no hablar de ellos mismos. Ni de los opositores a Hitler ni de sus propios sufrimientos, como los bombardeos o el maltrato al que se sometió a los soldados prisioneros después de la guerra, y que es una verdad absoluta. De alguna manera, Shoah tuvo un efecto liberador para los alemanes, y ahora empiezan a hablar.

P. ¿No le llama la atención que en todas partes se siga mirando hacia atrás?

R. Vivimos en un mundo que no sabe adónde va. El futuro es sombrío y, por eso, en el inicio del siglo XXI pasamos el tiempo ocupándonos del XX. No hacemos otra cosa.

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Entrevista a Claude Lelouch

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Pascal Bruckner: “Europa tiene que aprender a ensuciarse las manos”


Los intelectuales franceses de derecha existen. Bruckner (París, 1948) es uno de ellos. Así es catalogado en medios franceses: ex intelectual de izquierda tentado por la derecha. Él mismo anunció sus simpatías por Sarkozy; se decepcionó de la socialista Ségolène Royal cuando escuchó a su compañero sentimental y secretario nacional del P.S., François Hollande, decir que odiaba a los ricos. "No me gusta la hipocresía de los socialistas que se enriquecieron bajo el gobierno de Mitterand". Esta entrevista se hizo en el Barrio Latino al publicarse su reciente libro: La tiranía de la penitencia, ensayo sobre el masoquismo occidental. Bruckner ganó en 1995 el Premio Medicis de ensayo con La tentación de la inocencia, y dos años después su novela Los ladrones de la belleza ganó el Renaudot. Ha sido profesor de la New York University.

- Europa es tan consumista, hedonista e individualista como otras sociedades occidentales. ¿Por qué dice que los europeos padecen un profundo sentimiento de culpa?

- Ambos movimientos van juntos. La ideología oficial es el hedonismo: la liberalización de los sentidos y el goce como fin supremo. Pero esto es una mera fachada. En el fondo, la tradición judeocristiana inspira culpa, vergüenza y malestar. Lo que hacen los que se dicen “profetas del goce” es, en realidad, prolongar ciertos postulados del cristianismo.

- ¿La importancia de las víctimas en las sociedades occidentales modernas es para usted una herencia positiva o negativa del cristianismo?

- Es un progreso, pero subrayo los efectos nocivos de esa herencia. Después de los mensajes cristiano y democrático, tuvo lugar el genocidio de los judíos y los gitanos en la II Guerra Mundial. Eso se ha convertido en el modelo de la víctima absoluta, el segundo Gólgota que evocó Juan Pablo II. El problema es que hoy todo el mundo quiere ocupar el puesto de la víctima: “Jesus soy yo, yo soy el nuevo sacrificado”.

- ¿Ya no se siente Europa mejor que el resto de la humanidad?

- Europa vive macerando la vergüenza de sí misma, encerrada en una especie de visión humilde de sí misma. No se da cuenta –o quizá lo sabe muy bien– que es un continente privilegiado donde no hay guerra desde hace sesenta años. A pesar de las desigualdades, vivimos una gran prosperidad y gozamos de una libertad de conciencia y de expresión extraordinarias. La otra cara es que Europa se ha retirado de la historia.

- ¿Irak marca una ruptura entre Europa y EE.UU.?

- Europa mantiene una relación adolescente con EE.UU. En apariencia, las elites europeas están contra del modo de vida americano por su brutalidad y arrogancia. Pero en el fondo los dirigentes europeos saben que el último recurso en caso de problema es EE.UU. La seguridad europea todavía depende del paraguas norteamericano. La cultura occidental es hoy la suma de dos debilidades: la congénita europea y la coyuntural norteamericana.

- ¿Por qué dice que Europa tiene el monopolio de la culpa en Occidente?

- Europa es al tiempo mil años de Ilustración y de progreso, pero también de crueldad y barbarie incalificables. La historia de Francia, Alemania, Italia, España está plagada de episodios espantosos, exterminios y genocidios. La crueldad de la Iglesia, el fanatismo, las guerras civiles, la de religiones, todo eso fue hace tres siglos, pero sigue muy presente. En Europa ocurrieron además dos acontecimientos que no vivió EE.UU.: Verdún y Auschwitz.

- Pero en la historia de EE.UU. también hay crímenes horribles.

- Sí, el exterminio de los indígenas y la segregación, entre otros. Pero nunca han sido un país ocupado. Francia ha sido ocupada tres veces en un siglo por Alemania. Por eso, EE.UU. no tiene la conciencia trágica de la historia que tenemos nosotros.

- ¿Tiene Europa todavía alguna lección para el mundo?

- Claro que sí, porque ha logrado derrotar a sus propios monstruos. Su aventura no tiene precedentes y puede ser un modelo para todos los pueblos que se están matando hoy. Los europeos han demostrado que es posible reconciliarse con sus peores enemigos.

- Comparado con las grandes potencias emergentes como India, Brasil y Sudáfrica, ¿qué le falta a Europa?

- Una cualidad esencial de las naciones jóvenes: confianza en sí misma, voluntad de construir el futuro. Los europeos estamos aquí solamente para resguardarnos.

- Los disturbios de noviembre del 2005 en Francia, cuando fueron incendiados más de 10 mil autos y 2 centenares de edificios públicos, son considerados los peores desde 1945.

- Fueron unos disturbios extraños porque no tenían ninguna reivindicación. Los vándalos actuaban de manera espontánea y su único interés era incendiar autos y matar policías. Es un movimiento complejo porque, de un lado, es la expresión de un verdadero malestar en ciertos barrios periféricos completamente abandonados por el Estado hace 40 años. En la banlieu se han desarrollado pandillas de jóvenes que aterrorizan a la población. Pero también constituye una revuelta lúdica y consumista. El gran placer de esos jóvenes es salir en los noticieros de la tele, ser vistos mientras queman un auto. Hay competencia entre los barrios en torno a esa notoriedad. Cuando se les dio la palabra, los jóvenes reclamaron coches deportivos y chicas bonitas, es decir, participar en la fiesta consumista. No tienen la más mínima voluntad de transformar el orden establecido.

- ¿Llegó la hora de la ruptura y las grandes reformas para Francia?

- Somos un viejo país muy conservador y por eso las reformas deben hacerse de manera muy lenta. Al mismo tiempo, los franceses están maduros para el cambio. Hay una especie de hartazgo de un pasado fijo. O las cosas se mueven y Francia irá mejor, o sigue la crisis y la elite se instalará en Londres, Bruselas, Nueva York, Toronto, Montreal, Bombay, Shangai. Francia corre el riesgo de perder a sus elites y convertirse en un país-museo, una especie de Disneylandia para el resto de Europa.

- Usted señala que un dirigente europeo nunca hubiera dividido el mundo entre 'buenos y malos', como lo hizo Bush tras los atentados del 11-S. Los europeos hablan más bien en términos de regímenes 'preferibles' y 'detestables'. ¿No es en el fondo lo mismo?

- Es una sutileza, pero es muy importante. Los europeos no nos atrevemos a decir que somos buenos porque hemos cometido en nuestra historia las peores atrocidades. Sabemos que los sistemas que hemos establecido hoy permiten mejorar el espíritu gracias a la educación y las instituciones democráticas. Por eso, la democracia es, al final de cuentas, preferible a la autocracia y el totalitarismo. Lo que nosotros le quitamos a la expresión 'bien y mal' es la connotación religiosa. Sabemos que hemos ido progresivamente de lo malo a lo mejor, pero también somos conscientes de que podemos caer de nuevo, en cualquier momento, en lo malo.

- ¿Cuál es hoy la misión de los europeos?

- El mercado. Convertirse en un gran mercado donde cada uno pueda realizarse y vivir bien. Europa ha reducido finalmente al ciudadano al papel de consumidor. Los europeos ya no están dispuestos a morir por nada, inclusive sus propios valores. En otras palabras, no hay nada por encima de nuestro destino individual. El único horizonte de mi vida es mi vida, eventualmente la vida de mis hijos.

- La Unión Europea suscita admiración en el extranjero, pero algunos pueblos son escépticos, como los franceses y los holandeses, que rechazaron el proyecto de Constitución europea. ¿Qué piensa del proyecto europeo?

- Europa no existe como Estado ni como ejército. Es una noción. Por el momento, es un bello museo. Usted puede ir a Praga, Varsovia, Madrid: en todas partes hay cosas muy bellas. Pero a todo eso le hace falta una dimensión trascendente. Ya no hay trascendencia en Europa. Hemos perdido la agresividad, lo cual es algo bueno, pero al mismo tiempo hemos perdido una especie de mística. El gran interrogante es si una gran nación puede sobrevivir sin una mística. Me refiero a una mística laica y secularizada. Es por eso que en todos los frentes de batalla Europa va para atrás, retrocede una y otra vez. Europa abdica.

- ¿No existe, a pesar de todo, una cierta complementariedad entre el nuevo y el viejo mundo: EE.UU. el palo, Europa la zanahoria?

- Así debería ser. Pero el problema es que el big stick estadounidense está quebrado. EE.UU. es débil, no es nada sin Europa y Europa no es nada sin EE.UU. Es un movimiento doble.

- ¿Qué debe hacer Europa para sobrevivir en este mundo globalizado? - Debe volverse responsable y acceder a la madurez. Eso implica ensuciarse las manos. Uno no puede estar en la historia y quedarse con las manos blancas y la conciencia pura. Cuando EE.UU. va a Irak comete errores enormes, tortura, pero como es una democracia el gobierno es sancionado. Si Francia, Inglaterra, España e Italia se comprometen mañana en una acción militar contra Irán, hay que ser conscientes de que las cosas pueden salir muy mal. Pero no podemos seguir resguardándonos detrás de una actitud moralizadora que consiste en que para nosotros la historia está acabada y que desde ahora somos ángeles. Entrar en la historia implica forzosamente perder la inocencia.

(Ásbel López realizó esta entrevista originalmente para el diario El Tiempo de Bogotá, Colombia).

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Dosmil y pico libros
Literatura erótica y otros

Calibre
Un programa gratuito e imprescindible para gestionar y cambiar el formato digital de los ebooks y poder cargarlos en tu lector de libros electrónicos. Imprescindible para hacer más práctico el Kindle y no depender sólo de la tienda de Amazon.

Librosparakindle
Como su nombre indica, pequeño blog con enlaces a 300 libros ya convertidos a mobi, el formato de Kindle. Colecciones casi completas de Agatha Christie, Arthur C. Clarke, Brian W. Aldiss, Carl Sagan, Reverte

Manual de desobediencia a la Ley Sinde

“Aprende a cambiar tus DNS, a configurar un proxy, a configurar y utilizar Tor para navegar anónimamente, a entender para qué sirve una red privada virtual (VPN), “… todo lo necesario para ejerder tus derechos de copia privada y una Ley tan inútil como injusta. Desarrollado por Hacktivistas y editado por ‘Traficantes de Sueños’ y el periódico Diagonal.

Librosenepub
3.000 enlaces a libros de todo tipo en formato epub. Incómodo de buscar pero buena compilación.

Open Library
Un buscador, iniciativa de Internet Archive, que indexa desde las grandes bases de datos de internet para acumular 1.000.000 de libros gratis. Sí ¡un millón! La mayoría en inglés pero también tienes 11.000 en Español. Ofrece un potente buscador para texto incluido en las obras. Ideal para investigar fuentes y amantes de la literatura clásica

Epubgratis.me
Más de 2000 ebooks recientes en formato ePub. Muy buena interface. Sin publicidad. Una joya altruista.

24symbols
Proyecto enteramente español. El “Spotify de los libros”. Ofrece un catálogo contemporáneo de obras gratuitas, financiándose con publicidad y cuentas premium. Muy buena idea aunque los libros deberás leerlos directamente ‘online’ en la web o en la aplicación para iPad. Para descargártelos o leer ‘offline’ necesitas la cuenta premium.(9€ mes)

Bookcamping
Un catálogo-biblioteca abierto y colaborativo con temática social y surgida a raíz del movimiento 15M. Sólo son descargables los que tienen una marca blanca en la ficha.

1libro1euro
30 libros gratis de autores contemporáneos a cambio de una donación voluntaria por una buena causa.

Issuu, Scribd Calaméo
Tres formas de publicar y leer todo tipo de revistas, libros y documentos.

Pordescargadirecta
Foro de Prensa diaria, revistas y magazines. Sin publicidad

Quioscovagos
Foro con enlaces a toda la prensa y revistas que se edita en España

Premiomag
1.300 enlaces a revistas de 5 paises. Desde el National Geographic al New Yorker. No hay editadas en España.

Papyrefb2
Más de 2500 libros en formato papyre. Buena clasificación. Sin publicidad.

Liberateca books
Oferta limitada pero con una ‘interface’ muy intuitiva, moderna y clara. Sin publicidad.

Manybooks
Libros de dominio público en 40 idiomas. También en español.

Feedbooks.com
Gran colección en inglés de obras contemporáneas de dominio público

Lamansion
Comunidad de cómics editados en español. Marvel, DC, Chaos, clásicos

Liquidcomics
Es una editorial internacional de cómics gratuitos que se pueden leer online. Patrocinada por Sir Richard Branson ofrece obras del director John Woo, Guy Ritchie o del mismísimo Wes Craven

Marvel
La gigantesca editorial de cómics americana puso en su día a disposición de todo el mundo, 250 cómics gratuitos para promocionar su tienda online,

Digital Comics Unlimited
Claro que la mejor manera de promoción es tener acceso a la colección completa de cómics de la editorial. Desde el año 1960 hasta el 2010. Para luego elegir cuáles comprar.
Puedes descargarte aquí los enlaces torrents.

Novaro
Un pequeño blog donde poder encontrar enlaces de descarga a cómics antiguos de la editorial Novaro 1949-1984 (Fantomas, Batman, Archie, La pequeña Lulú, etc.)

Libroscompartidos.com
Curiosa iniciativa para intercambiar con otros lectores aquellos libros en papel que ya has leído y solo hacen ‘biblioteca’. Muy interesante

Orsai
Quizás el mejor proyecto para explicar el cambio del modelo industrial que urge con la llegada de la tecnología digital. Paradójicamente es una revista en papel, sin publicidad, sin intermediarios, que paga justamente a sus colaboradores y que al final se regala en soporte digital. Funciona y muy bien. El admirado Hernán Casciari lo explica estupendamente en esta TED

Edgar Morin
Descarga gratis de un libro cada 12 horas

Filecrop
Variados

Free-ebooks
Variados

issue
Variados leer online

Recursos para pensar
Filosofía

joryx
Variados

lecturasinegoismo
Variados

e-prints Complutense
Artículos, documentos...

E-Books de la Fundación Wallemberg
Libros sobre Wallemberg, holocausto, judaísmo y otros

Descarga de guiones de cine fantástico
2001 Odisea del espacio, Blade Runner y otros

Asuntos sociales



Telemadre
Modelo social de intercambio entre madres desempleadas y personas que no pueden cocinar

El Observatorio
Responsabilidad social

Expact-Blog
Blog de expatriados

Surt
Interesante web de ayuda a la mujer. Perspectiva construccionista y por competencias

Empleo, asuntos sociales e igualdad de oportunidades, Comisión Europea
Portal de la UE para asuntos sociales

Inserción Social
De Caja Madrid. Apoyo a la inserción social y laboral

Iniciativa ciudadana de la Comisión Europea
Documentos sobre iniciativa ciudadana en la UE

Link Social
Links diversos de interés social (infancia, maltrato, violencia, guerra...)

ciberacciones
Recogida de firmas para distintas causas

Canal Solidario
Voluntariado, ONGs, solidaridad, sostenibilidad

Comercio Justo
Noticias, propuestas, información

Negligencias Médicas
Denuncias

Denuncia pública
Denuncias a Salud Mental, Asistencia Social...

Maltrato y violencia
Blog del Instituto Europeo Campus Stellae. Cursos. Enlaces

Expact.Clic
Expatriación en femenino. Sitio para compartir la experiencia de la expatriación. Foros, artículos, experiencias, talleres. Testimonios. Galería. Links. Varios idiomas


Biblioteca Virtual Ser Indígena
Enlaces. Archivo digital, animaciones, bancos de imágenes, música, libros, monografías, infografías. Diccionarios lenguas indígenas. Weblogs indígenas


Acoso moral desde la óptica social
Página de María Parés. Artículos por ámbitos y por temas. Noticias. Enlaces

Actuable
Peticiones que puedes hacer a los a gobiernos y empresas para que actúen para cambiar el mundo

ATTAC
Justicia económica global

InspirAction
Movimiento global cuyo objetivo es ser el portavoz de los olvidados

Avaaz
Activistas

tupatrocinio
Búsqueda de patrocinadores para tus proyectos

No cruces el río con botas
Blog y radio sobre asuntos sociales


Europa para los ciudadanos y no para los mercados

ACSUR
Iniciativas solidarias. Publicaciones, información, enlaces

Discapnet
Todo para el discapacitado

Asociación Federal Derecho a Morir Dignamente
Suicidio asistido

Capenoa
En defensa de los pueblos indígenas

La ciudad viva
Web de información y participación ciudadana de la Consejería de Obras Públicas y Vivienda que se inscribe dentro de un proyecto político de mejora de la habitabilidad urbana y territorial, a través del diseño social, sostenible y productivo de los espacios públicos y domésticos de nuestras ciudades


Asociación Federal Derecho a Morir Dignamente
Testamento vital, cuidados paliativos, videoteca, etc.

SID Servicio de Información sobre Discapacidad
Artículos, agenda, legislatura

Solidaridad Digital
Discapacidad

Memoria Abierta
Documentación sobre los años de dictadura en la Argentina

Jiri Sliva




Más información en: www.toonpool.com y www.gallery.cz

Jessie Hartland


Jessie Hartland has illustrated numerous picture books for children, including two she wrote. Her fine artwork has been exhibited in New York, Venice, Tokyo, and elsewhere. She lives and works in New York City.

Jutta Bauer



Leer más en Los cuatro azules

Joan Brossa

Más información: Fundación Joan Brossa

Hernández Pijoan

Leer más en Anuaris cat

Matadero Madrid

FontShop

Angie Arscott

Robert Doisneau

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Centre Pompidou

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